Nunca pensé que llegaría a echarte tanto de menos. Siento un vacío extremadamente grande aquí, en un gran rincón de mi corazón. No sabes el dolor que siento al verte cada día y no poder gritarte lo que siento. Duele tener que saludarte con un simple "hola" cuando en realidad lo que quiero es abrazarte y no soltarte nunca más. Tal vez no te lo demuestre, ni te lo haya demostrado nunca, pero eres alguien imprescindible para mí. Eres muy grande, no sé qué haría sin ti.
Siempre estuviste ahí para todo, me hiciste sonreír incluso cuando las lágrimas me invadían, viniste a mi lado cuando nadie lo supo hacer, te acercaste a intentar consolarme cuando nadie lo hizo. Me arrepiento de no haber sabido capaz de demostrar todo lo que significaste y significas en mí. Me hubiese gustado demostrarte las palabras que un día te dediqué, porque nunca fui capaz de decirte a la cara que eres una grandísima persona, un gran amigo del que he aprendido bastante. Gracias por haberme enseñado tanto, gracias por estar siempre dispuesto a ayudar, por haberme enseñado a aprender de mis errores.
Muchas personas me dijeron que me tenías un cariño especial, que se notaba algo especial entre tú y yo, que yo era tu niña bonita... Existe una gran diferencia entre lo que hubo y lo que inventaron que había, pero fuese lo que fuese, sé que te quería. Y lo sigo haciendo. Lo que digo, lo cumplo. Te prometí no olvidar ningún momento que viví a tu lado, prometí no olvidarte a ti, y no lo he hecho; ni pienses que lo haré.
Sé que todo ha cambiado, ya nada es como antes y es eso lo que más me duele. Ver que ya no nos detenemos para hablar, únicamente nos saludamos cuando nos cruzamos, ver que un día fuiste la única persona que logró sacarme una sonrisa en los peores momentos y hoy no estás aquí para hacerlo, duele. Sé que cuento contigo, pero no sé si tú quieres contar conmigo, o si quieres que cuente contigo.
Esto es una locura. Te quiero más de lo que debería, te extraño más de lo que imaginé, te necesito más de lo que te imaginas. Adoro tu sonrisa, y tu manera de hacer sonreír. Y esos ojos que tanto me hacen sentir, y a la vez no me hacen sentir nada. Tu voz, el sonido de tu risa a carcajadas, el delicioso olor de tu perfume... Te extraño.
"No me gusta nada cuando pierdes la sonrisa, aunque sé que a veces hay que llorar". Esas palabras salieron de ti, esa es la frase que me ayuda a no llorar cada vez que quiero hacerlo. Nadie se había preocupado por mi sonrisa, ni por mis lágrimas. A nadie le importaba si reía, o lloraba. Nadie estuvo ahí haciendo payasadas para sacarme una sonrisa. Tú eres nadie. Tú eres todo lo que puedo pedir. No sabes la gran falta que me haces.
Cuando te veo se detiene el tiempo. A medida que te veo acercarte, los latidos de mi corazón aumentan; mi corazón se descontrola, mi cuerpo comienza a temblar... Eres increíble, increíblemente grande. Y es cierto que me has hecho daño, pero no porque has querido; sino porque no te diste ni te has dado cuenta de todo esto. Me duelen muchos detalles que he visto y no me gustan nada, pero no pretendo que los cambies. Tampoco pretendo que cambies tú, o tu forma de actuar.
Mil gracias por todo, tanto por lo que me diste como por lo que no. Gracias ser quien eres, por haberme aguantado durante todo este tiempo, por haber resuelto todas mis dudas, por haber corregido mis errores... POR TODO. Creo que ya sabes lo que hay, aunque aún no has descubierto la parte más importante de todo esto. Y es que no sé vivir sin ti, lo creas o no, no sé vivir sin ti.
Todos esos momentos que viví a tu lado no los cambiaré por nada, jamás. No los olvidaré, no te olvidaré. El tiempo pasa demasiado rápido y, a medida que transcurre, convierte todo en puros recuerdos. Esto es lo que hemos formado: recuerdos. Esto es lo que hemos acabado siendo: recuerdos. Son esos recuerdos los que tanto añoro, los que tanto ansío convertir de nuevo en presente y no en pasado.
Te mereces lo mejor, te lo he dicho varias veces. Me importas, me importas mucho. Y me duele no poder demostrártelo. Siento miedo, demasiado miedo de lo que pueda suceder. Me dan miedo los "tal vez", me da miedo la distancia, me da miedo imaginar que partirás. Eres grande, muy grande. No lo olvides. No te olvidaré. Gran amigo, gran persona, gran... Eres lo más grande.
Posdata: te quiero.
sábado, 9 de febrero de 2013
viernes, 18 de enero de 2013
K, a, r, i, n, a. Karina.
K ilómetros es aquello que recorro mientras vivo,
a la hora de vivir, tropiezo por el camino,
realista siempre he sido, o al menos eso he creído,
improviso mi destino,
nunca me quedaré a mitad de este camino,
algo que tengo muy claro es que llegaré al final de este recorrido habiéndome caído, pero sin nunca haberme rendido.
jueves, 10 de enero de 2013
Puro añoro
Echo de menos aquellos momentos en los que no podía parar de reír a carcajadas, en los que sentaba a todas mis muñecas a mi lado y hablaba, reía y jugaba con ellas. Extraño aquellos tiempos en los que la solución para mis problemas eran mamá y papá.
Ojalá pudiera retroceder el tiempo y quedarme para siempre en una etapa de la vida que he dejado atrás, la etapa en la que lo principal era jugar, en la que los únicos problemas eran los de matemáticas y mis únicas heridas eran las que me había hecho corriendo en el parque. Etapa en la que llorar servía de algo, servía para que todos vinieran hacia a mí a abrazarme, consolarme, y comerme a besos.
He dejado mucho atrás, mi pasado no ha sido del todo bueno. El destino me ha separado de amigos que jamás pensé perder. Mis amigos de la infancia, amigos que, pase el tiempo que pase, no consigo olvidar. Tal vez, ellos a mí ni siquiera me recuerden. Pero yo sigo recordando todo lo que viví junto a ellos, y a cada uno de ellos. Me siento como una extraña entre tanta gente. Les echo de menos, demasiado de menos.
El tiempo ya ha pasado, ya hace siete años desde que dejé toda una vida atrás para comenzar otra. He perdido demasiado, he ganado más de lo que esperaba; pero nada de lo que gane podrá sustituir todo lo que un día perdí. Es imposible reemplazar a los amigos que compartieron conmigo mi primer lápiz cuando estaba aprendiendo a escribir, mi primera sílaba cuando estaba aprendiendo a leer, mi primer juguete cuando estaba aprendiendo a jugar. Vivo de recuerdos, no logro olvidar el pasado y se me está olvidando vivir el presente.
Se me cae el mundo encima cada vez que me doy cuenta de que yo ya soy una extraña entre los amigos que un día fueron mitad de mi vida. Ya ni siquiera me dirigen la palabra, cambian de acera o agachan la cabeza cuando me encuentran por la calle.
¿Dónde quedaron guardados los recuerdos, los momentos, y todo lo que compartimos? ¿Será que ya lo habrán olvidado? ¿Será que ya me han olvidado a mí? ¿Será que ya no les importo, que sobro entre ellos? No fue mi culpa, fue culpa del destino. La distancia nunca ha sido frontera para mantener una amistad.
Creo que, si de verdad fui alguien importante para todos ellos, nada habría cambiado. ¿Dónde quedaron las promesas de "nada va a cambiar"? La vida me ha hecho ver que nada es para siempre, que las amistades de toda la vida desaparecen de un momento a otro, que el destino siempre va a estar pendiente de revolverlo todo en el peor momento.
Nada volverá a ser como antes y es eso lo que más me duele, lo que más añoro. Mis amigos, mis mejores amigos, mis amigos de la infancia, amigos que jamás podré reemplazar. Es cierto que, en la actualidad, cuento con muchísimas amistades, pero ninguna es como las que dejé atrás y al mismo tiempo siguen adelante conmigo. El tiempo las dejó atrás, pero en mi corazón siguen todas adelante, aquí, aquí conmigo, siempre. Son tantos los recuerdos... ♥
Ojalá pudiera retroceder el tiempo y quedarme para siempre en una etapa de la vida que he dejado atrás, la etapa en la que lo principal era jugar, en la que los únicos problemas eran los de matemáticas y mis únicas heridas eran las que me había hecho corriendo en el parque. Etapa en la que llorar servía de algo, servía para que todos vinieran hacia a mí a abrazarme, consolarme, y comerme a besos.
He dejado mucho atrás, mi pasado no ha sido del todo bueno. El destino me ha separado de amigos que jamás pensé perder. Mis amigos de la infancia, amigos que, pase el tiempo que pase, no consigo olvidar. Tal vez, ellos a mí ni siquiera me recuerden. Pero yo sigo recordando todo lo que viví junto a ellos, y a cada uno de ellos. Me siento como una extraña entre tanta gente. Les echo de menos, demasiado de menos.
El tiempo ya ha pasado, ya hace siete años desde que dejé toda una vida atrás para comenzar otra. He perdido demasiado, he ganado más de lo que esperaba; pero nada de lo que gane podrá sustituir todo lo que un día perdí. Es imposible reemplazar a los amigos que compartieron conmigo mi primer lápiz cuando estaba aprendiendo a escribir, mi primera sílaba cuando estaba aprendiendo a leer, mi primer juguete cuando estaba aprendiendo a jugar. Vivo de recuerdos, no logro olvidar el pasado y se me está olvidando vivir el presente.
Se me cae el mundo encima cada vez que me doy cuenta de que yo ya soy una extraña entre los amigos que un día fueron mitad de mi vida. Ya ni siquiera me dirigen la palabra, cambian de acera o agachan la cabeza cuando me encuentran por la calle.
¿Dónde quedaron guardados los recuerdos, los momentos, y todo lo que compartimos? ¿Será que ya lo habrán olvidado? ¿Será que ya me han olvidado a mí? ¿Será que ya no les importo, que sobro entre ellos? No fue mi culpa, fue culpa del destino. La distancia nunca ha sido frontera para mantener una amistad.
Creo que, si de verdad fui alguien importante para todos ellos, nada habría cambiado. ¿Dónde quedaron las promesas de "nada va a cambiar"? La vida me ha hecho ver que nada es para siempre, que las amistades de toda la vida desaparecen de un momento a otro, que el destino siempre va a estar pendiente de revolverlo todo en el peor momento.
Nada volverá a ser como antes y es eso lo que más me duele, lo que más añoro. Mis amigos, mis mejores amigos, mis amigos de la infancia, amigos que jamás podré reemplazar. Es cierto que, en la actualidad, cuento con muchísimas amistades, pero ninguna es como las que dejé atrás y al mismo tiempo siguen adelante conmigo. El tiempo las dejó atrás, pero en mi corazón siguen todas adelante, aquí, aquí conmigo, siempre. Son tantos los recuerdos... ♥
miércoles, 9 de enero de 2013
¿Nunca has sentido ganas de explorar dentro de ti, e intentar conocerte del todo bien?
Sé que mi nombre es Karina, pero saber mi nombre no implica conocerme. Siempre he sabido que la escritura me gusta, pero últimamente me gusta más que nunca. No me importa pasarme una tarde entera escribiendo historias, ya sean reales o inventadas. Me obsesiono demasiado con las tildes y no soporto ver una palabra mal acentuada. Comienzo a escribir sin rumbo y siempre acabo encontrando un destino. Cada vez que tengo tiempo libre me pongo a escribir como estoy haciendo ahora. No sé por qué, pero la escritura me hace viajar a un lugar en el que no puedo pensar en nada malo, en el que puedo relajarme, aclarar mis ideas, olvidarme del mundo y pensar únicamente en construir una historia con sentido y sentimiento. Día a día intento mejorar mi expresión e intentar escribir de la manera más ordenada posible. Muchas personas me han dicho que sirvo para escribir, sin embargo yo no estoy tan convencida. Me gusta la idea de ser escritora y cada vez que leo un libro me pregunto: "¿Podré escribir yo uno de estos algún día?". Nunca he obtenido la respuesta exacta, ya que a veces pienso que sí podré y otras pienso que no. Ya conozco un poquito más de mí, ya sé que me encanta escribir. Ahora, intentaré conocer otra parte de mí...
Soy una adolescente, así que obviamente estoy en la etapa de la adolescencia. Sé que para muchas personas esta es la etapa de "la bobería", pero no, yo no soy de esas que, por ejemplo, dejan de estudiar para sentirse más importantes, o comienzan a fumar para sentirse más grandes, o también comienzan a emborracharse para luego sentir orgullo de ello. No, yo no soy así, yo tengo un poco más de conocimiento. Siempre me he considerado como una persona sencilla, con los pies en la tierra, amiga de mis amigos, cariñosa con las personas que merecen mi cariño y también con las que no. Pienso mucho en mi futuro y tal vez por ello me preocupo muchísimo por mis estudios. Me derrumbo cada vez que obtengo una mala calificación en algún examen, porque lo que más me fastidia es esforzarme y estar ahí, estudiando, estudiando y estudiando, para que luego llegue el examen y suspenda. Siempre he sabido que lo importante es intentarlo, no rendirme y decir "yo puedo y podré"; pero a veces cuesta convencerme de que podré y ni siquiera me molesto en intentarlo, aunque luego me arrepienta de no haberlo hecho.
He oído que la vida son dos días, así que sonreiré hoy por si acaso mañana me toque llorar. Me encanta reír y no hay día en el que no sonría. La risa es mi mejor medicina, es la que me ayuda a mirarlo todo de una manera más positiva. Siempre busco cualquier excusa para reír. Adoro esa sensación en la que suelto todo el aire en una carcajada y después, respiro. Llorar, ¡claro que he llorado!, pero siempre me seco las lágrimas con un trapo de sonrisas, trapo que siempre me hace pensar: "No merece la pena llorar, sonríe y verás que todo cambiará a mejor", entonces es ahí cuando recupero de nuevo mi sonrisa.
Soy pesimista y optimista a la vez, también soy realista y sé lo que va a salir mal y lo que va a salir o puede que salga bien. Siempre que digo "todo saldrá bien", no me suelo equivocar. Cada vez que digo "todo saldrá mal", me equivoco. Creo que soy más optimista, que pesimista. Me gusta mirar a la vida de una manera positiva, no me gusta lo negativo y siempre intento que las personas de mi alrededor piensen en positivo. No merece la pena comerte la cabeza pensando que todo va a salir mal y luego la vida te sorprenda con lo contrario. Aunque también sé que se siente mucho dolor cada vez que parece que todo va a salir bien y todo se queda en eso, en una apariencia equivocada.
Puedo llegar a ser la persona más simpática del mundo y también la más antipática. Todo depende del momento y de la persona. Intento esquivar a los problemas y a las personas que pueden darme problemas. Me gusta llevarme bien con todo el mundo, aunque no todo el mundo me cae bien. Unas personas me caen mejores que otras, lógico, aunque a todas las intento respetar por igual. No me gusta tener enemigos, creo que de momento no tengo, ni he tenido y espero no tener ninguno.
Muchas veces creo conocer a una persona del todo bien, pero luego, zas, todo era un disfraz de carnaval. La vida me ha hecho ver que ningún amigo es para siempre, ni siquiera la vida es para siempre; nada es para siempre. Todo cambia y tarde o temprano me doy cuenta de las personas que son mis amigas de verdad y de las que me buscan únicamente cuando me necesitan. Odio la falsedad.
Es cierto que no me siento grande, pero tampoco pequeña. Intento ser lo más madura posible, aunque rara vez me comporte de una manera infantil. Mi objetivo es madurar cada día más y tener cada vez más claro todo lo que quiero que sea de mi vida. Yo no tiraré mi futuro por la borda. Yo quiero sentirme orgullosa de lo que he vivido, de lo que he conseguido gracias a una larga lucha. Nunca me quedaré sentada en el sofá, esperando a que el tiempo decida por mí. No dejaré que nada cambie mis planes para el futuro, ni siquiera Rajoy con sus asquerosos recortes, etc. Nada me detendrá, seguiré luchando para ser lo que yo quiera ser, no lo que los demás quieren que sea; saltaré las barreras que intenten frenarme, me levantaré cada vez que tropiece; no importa que mis pasos avancen por caminos pedregosos. Siempre que caiga, me levantaré. Siempre.
Nunca me he escondido de las tormentas. He aprendido a bailar bajo la lluvia y a dejar que cada gota de la misma se deslice sobre mí. No le temo a nada, excepto a la vida, porque sé que haga lo que haga no voy a salir viva de ella. Aunque sienta miedo siempre intento aplastar la cobardía que me invade por momentos. Pienso que el miedo sólo sirve para dejar escapar oportunidades.
No creo en ese famoso tren que sólo se ve pasar una vez en la vida. Tampoco creo en ese Dios al que tanto se le habla, pero él nunca responde. Yo creo en lo que veo y si no lo veo, no lo creo. Eso sí, respeto totalmente a los creyentes. Cada persona tiene sus propias creencias, ¿no?. Nunca he leído la bibilia, la verdad es que tampoco me entusiasma mucho esa historia. Prefiero leer un diccionario, incluso lo he hecho. Sí, me he leído un diccionario y ha sido muy interesante; descrubrí palabras las cuales ni siquiera sabía de su existencia.
Nadie me conoce, ni siquiera la persona más cercana a mí. Nunca he sido capaz de actuar como realmente soy, tal vez por timidez. Y soy como he intentado explicar en todo esto... Soy alguien que si siente dolor se calla y sonríe. Me cuesta pedir ayuda. Intento resolver todo sola. He convertido varias veces la leche en mantequilla para poder salir de ese charco que intentaba hundirme y acabé deslizándome por él y saliendo por mi propio pie. Resolver todo sola me hace más fuerte. No dejarme llevar por nadie me hace más inteligente para ordenar mis propias ideas.
Me encanta la música, no puedo sobrevivir ni un día sin ella. Adoro el rock. También me gusta el pop. Odio el reggaeton. Detesto el merengue. Siempre escucho varias veces la misma canción, hasta que acabo cansándome de ella. Me gustan las canciones en las que me veo reflejada detrás de cada letra. Pienso que la música me hace ver la realidad, hace que me dé cuenta de muchas cosas, me inspira, me hace recordar, reír, llorar, reflexionar... ¡No puedo vivir sin música!
Respecto a la vida... ¿Qué puedo opinar sobre ella? En la vida se pasa por distintos momentos; unos mejores que otros, pero todos inolvidables. Vivo cada día ignorando lo que puedan pensar sobre mí. No le doy importacia al "qué dirán". Soy como quiero ser y quien me quiere querer, me acepta tal como soy. Nunca cambiaré por alguien y si cambio será a mejor. Tengo defectos y virtudes, no soy perfecta; nadie lo es. Siempre me he preguntado cómo habré llegado aquí y hacia dónde iré después de aquí. Nunca sabré lo que habrá después de la vida. Nunca sabré si voy al cielo, o simplemente me quedaré dormida en un profundo sueño eterno.
Detesto el tiempo y esas dos agujas que no paran de moverse produciendo un molestoso "tic-tac". Suelo llegar tarde a todos lados. Soy un poco desastre a la hora de organizarme. Me gusta hacer cosas sin sentido. Siempre lo dejo todo desordenado, porque cada vez que ordeno pierdo algo. No me importa el desorden, mientras sepa dónde lo tengo todo.
Ha aprendido que el arriesga no pierde nada, y que perdiendo también se gana. Así que arriesgaré y no me importará perder. Cada derrota me hace más fuerte para levantarme y continuar hacia una nueva victoria. Nunca me he sentido derrotada, aunque he perdido en varias ocasiones. Pero a pesar de haber perdido, me he quedado con la cabeza bien alta, sonriendo y siguiendo siempre hacia delante. Camino sin espejos, para no mirar atrás. No vivo de recuerdos, pero recuerdo siempre lo que he vivido.
No quiero ser una princesa, sé que las princesas sólo aparecen en los cuentos que leí en la infancia. Prefiero ser una simple persona. No busco la fama. Tampoco pretendo que todo el mundo me quiera. Intento ser buena persona y querer a los míos, a los que están siempre ahí. Adoro a cada persona que me ayuda sin esperar nada a cambio, a cada persona que me enseña, me hace sonreír en los buenos y malos momenotos y a la que está cuando la necesito y cuando no también.
No me puedo quejar de todo lo que tengo. Sé apreciar todo lo que me rodea y no deseo con exceso lo que no puedo tener a mi alcance. Es imposible tenerlo todo. No quiero pedir más, ¿por qué? Pues simple y llanamente porque me conformo con mi familia y mis amigos, ya que son estas personas las que día a día me hacen feliz; son las que están siempre aquí, aquí conmigo.
El único amor eterno en el que creo es en el de mi familia, dado que me he dado cuenta de que nunca existirán personas que me quieran tanto; nunca encontraré a mejores personas que ellas; siempre estarán a mi lado, nunca me fallarán.
He tenido varias amistades que me han prometido un "para siempre". Solamente me lo prometieron, pero nunca lo cumplieron. La vida me ha quitado amigos, aunque también me ha regalado muchos otros. La distancia suele llevarse entre sus brazos cualquier cosa, hasta las amistades más fuertes.
He perdido, he ganado, he luchado, he reído, he llorado, he corrido, he bailado, he querido, he odiado, me he equivocado... He vivido. Soy yo, simplemente yo. Acepto mis críticas, tanto las malas como las buenas. Las críticas me hacen más fuerte. No me importa lo que quieran pensar de mí. Siempre oiré distintas opiniones acerca de mi persona y la mayoría de ellas no serán verdad. El mundo suele inventarse muchas cosas que nunca fueron verdad; el mundo inventa sus propias mentiras y lo peor es que se las cree. Yo no lloro por aquellos que intentan hacerme daño; yo sonrío y demuestro que sólo lo intenta, pero no lo consigue. Mi fuerza nace de de mis caídas. Mis victorias son fruto de mis derrotas. No sé quién estuvo antes de mí, ni sé quién estará después de mí; sólo sé que yo estoy aquí y soy feliz con lo que tengo. La vida es un instante, lo aprovecharé para sonreír.
Sin título.
En la vida, muchas personas vienen y muchas otras se van. A veces, no sé apreciar a las que vienen, hasta que las veo marchar. En ocasiones, no me comporto como debería con las personas que siempre han estado a mi lado. Uno de mis defectos es que, sin darme cuenta, le doy más importancia a las personas que nunca están cuando las necesito, e ignoro a las que siempre han estado aquí, aquí conmigo.
Hoy, echo de menos a muchas personas que ayer no supe apreciar; echo de menos a personas que un día eché de más. Me he dado cuenta de que no todas las amigas son amigas. Muchas utilizan máscaras las cuales me pintan todo bonito, me ciegan e intentan alejarme de las que de verdad son amigas. Puede que sea tarde, o tal vez aún es temprano, lo único que sé es que ha llegado la hora de aprender a diferenciar entre una amistad y una falsa amistad. Los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano, y aún así me siguen sobrando dedos.
Hoy, echo de menos a muchas personas que ayer no supe apreciar; echo de menos a personas que un día eché de más. Me he dado cuenta de que no todas las amigas son amigas. Muchas utilizan máscaras las cuales me pintan todo bonito, me ciegan e intentan alejarme de las que de verdad son amigas. Puede que sea tarde, o tal vez aún es temprano, lo único que sé es que ha llegado la hora de aprender a diferenciar entre una amistad y una falsa amistad. Los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una mano, y aún así me siguen sobrando dedos.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Distancia
He oído que la distancia hace el olvido, que por mucho que lo intente evitar la distancia destrozará lo que el tiempo unió; pero sé que nada es así. Si quiero de verdad a alguien, nunca le olvido y si lo hago simplemente es porque no le quería de verdad. A mí no me importa la distancia, soy más fuerte que ella. ¿Acaso unos malditos kilómetros lograrán que olvide a alguien? No, nunca.
Conozco a tantas amistades que un día me dijeron "te quiero mucho" y lo peor no fue que no lo demostraron, sino que yo me lo creí. Es cierto que en la distancia se hace más difícil convivir con alguien... Sin poder mirarle, abrazarle, besarle, respirar ese aroma el cual no tiene nadie más, sonreírle y decirle que es lo más grande. Sí, es cierto que la distancia puede separar sentimientos, amistades, momentos, cariño... Pero solo tengo que aprender a no olvidar aquello que un día me hizo feliz.
Yo no voy por ahí dedicándole un "te quiero" a la primera persona que se plante a mi lado, siempre espero a que el tiempo me haga conocerla del todo bien; espero a que me demuestre que sabe estar ahí en los buenos y malos momentos, que sabe hacerme sonreír y secarme las lágrimas, que sabe ser mi amiga y me deja ser amiga de los demás. Nunca olvido a aquella persona la cual un día le dije "te quiero", a pesar de la distancia yo no olvido a las personas que un día formaron, forman y formarán una gran parte de mi vida. Nunca he sustituido a nadie por alguien. He aprendido a querer cada día a más personas, sin olvidar a las que ayer quise, quiero y querré.
No, no me importa la distancia; ella separa cuerpos, pero no corazones. No dejaré que sea ella quien destroce lo que tanto me costó formar. No me gusta que una vieja amistad me diga "¡Ya ni te acuerdas de mí!", porque sé que no es verdad. Puede que la distancia me impida un poco más hablar con alguien, pero eso no significa que ya lo haya olvidado; eso significa que le sigo teniendo el mismo cariño de siempre, aunque ya no lo exprese con palabras y lo guarde todo dentro de mí. De verdad, nunca olvido a quien un día estuvo en mi vida, nunca. En mi vida, las personas van y vienen. En mi corazón, se quedan para siempre.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Los errores no están para arrepentirnos de haberlos cometido, sino para aprender de ellos.
La vida no es fácil vivirla. Cometemos muchos errores a lo largo de ella, errores de los cuales nos arrepentimos, lloramos cada vez que algo nos sale mal; pensamos que todo acaba en ese momento en el que nos equivocamos, pero siempre hay una voz en nuestra mente que nos dice "todo no acaba aquí, sigue adelante, no te rindas", entonces es ahí cuando sacamos la fuerza para continuar una vez más; para levantarnos y seguir adelante con una sonrisa.
Es cierto que es difícil levantar después de una caída, pero a mí tampoco me gusta la idea de quedarme en el suelo. Lo difícil no quiere decir que sea imposible, ¿no? He aprendido que no importa las veces que caiga, sino las que me levante. Nunca me han llegado a conocer del todo y cada persona tiene distintas opiniones sobre mí. Creo que la única que me conoce bien soy yo misma y a veces ni siquiera sé quien soy exactamente. Lo único que tengo claro, es que siempre que caiga me levantaré. Y no importa que el mundo entero caiga sobre mí y yo me quede por debajo de él, nunca me daré por vencida. Sé muy bien que la vida acabará derrotándome, ya que es lo que ha hecho desde siempre con todas las personas. He oído que el que arriesga no pierde nada y que perdiendo también se gana, así que me arriesgaré a enfrentarme a la vida y lo haré con una sonrisa. Nunca me he arrepentido de mis errores, yo prefiero aprender de ellos y evitar cometerlos de nuevo.
La vida no viene con instrucciones, así que aprenderé a vivir cada día con una sonrisa. Viviré cometiendo miles, millones de errores, pero siempre aprendiendo de cada uno de ellos y siguiendo adelante con todo lo aprendido. Día a día aprenderé más y más. Y moriré, ¡claro que moriré! Pero nunca lo haré arrepintiéndome de haber vivido, dado que los errores forman parte de mi vida y si me arrepiento de ellos también estaré arrepintiéndome de lo que he vivido. No, yo no me arrepiento. Yo prefiero sonreír y demostrarle a la vida que por mucho que intente hacerme daño, no lo conseguirá. Al fin y al cabo, los errores son los únicos que me ayudan a crecer, a madurar y aprender cada vez más.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Perdón si no supe decir que lo eras todo para mí.
Y ahora que te veo marchar, sé que no te voy a olvidar.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Que paren el mundo, que yo me bajo.
Y sentir que ya no puedo más, que necesito rendirme, mientras una voz en la cabeza me recuerda que debo seguir. Pero, ¿cómo seguir, si ya no sé de donde sacar la fuerza para ello? Odio llegar al momento en el que me siento una mierda, una imbécil que no le importa a nadie, una inútil... Siento que estoy sola una vez más, aunque parece que siempre lo he estado; siento que he vuelto a caer en un profundo desánimo.
Todo se está haciendo más difícil de lo que esperaba, incluso pienso que estoy en el punto de lo imposible; el punto en el que se encuentra una gran barrera diciendo "no te dejaré pasar", una gran barrera por la que lloro cada día, por la que me siento cada vez más agobiada, en la que agoto mi fuerza y aún así sigo sin poder derrumbarla.
Pensaba que nada tenía un límite exacto, pero me he dado cuenta de que sí existen los límites y yo siento que he alcanzado el mío. Me siento sin fuerza para dar más de mí, para luchar contra todo lo que juegue contra mí...
Siento ganas de mandarlo todo a la mierda, de huir de todo lo que me rodea; pero tengo que seguir aquí, aguantando siempre lo mismo. Soy una pompa de jabón, pero yo no subo con la ayuda del viento; yo tengo que subir con mi propia fuerza, haciendo todo lo posible para no explotar y caer de nuevo al principio de este recorrido tan duro, difícil, pedregoso y agobiante; haciendo todo lo posible para no chocar contra algo que me destroce.
Aprendí que el que arriesga no pierde nada y que perdiendo también se gana. ¿Me arriesgo a seguir,o me quedo aquí?
Todo se está haciendo más difícil de lo que esperaba, incluso pienso que estoy en el punto de lo imposible; el punto en el que se encuentra una gran barrera diciendo "no te dejaré pasar", una gran barrera por la que lloro cada día, por la que me siento cada vez más agobiada, en la que agoto mi fuerza y aún así sigo sin poder derrumbarla.
Pensaba que nada tenía un límite exacto, pero me he dado cuenta de que sí existen los límites y yo siento que he alcanzado el mío. Me siento sin fuerza para dar más de mí, para luchar contra todo lo que juegue contra mí...
Siento ganas de mandarlo todo a la mierda, de huir de todo lo que me rodea; pero tengo que seguir aquí, aguantando siempre lo mismo. Soy una pompa de jabón, pero yo no subo con la ayuda del viento; yo tengo que subir con mi propia fuerza, haciendo todo lo posible para no explotar y caer de nuevo al principio de este recorrido tan duro, difícil, pedregoso y agobiante; haciendo todo lo posible para no chocar contra algo que me destroce.
Aprendí que el que arriesga no pierde nada y que perdiendo también se gana. ¿Me arriesgo a seguir,o me quedo aquí?
Y es que a veces siento que no puedo avanzar más, pero siempre hay algo que me dice "tú puedes" y es ese algo el que me da un poco más de fuerza para continuar, aunque esa continuidad luego me haga caer; y si caigo, la verdad es que no me importa, no siento miedo de caerme; sé que no llegaré a chocar contra el suelo, así que no me haré daño. Intentaré escalar sobre la vida hasta llegar a la cima, que será la felicidad.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Simples palabras, grandes recuerdos, gran añoro.
A veces, siento más aprecio hacia las personas que se encuentran más lejos de mí e ignoro a las que veo todos los días. He aprendido que la distancia no es frontera para el cariño. Cada día intento sacar de mi mente a esa persona que sigue a mi lado, pero cada vez a más distancia. Me estoy haciendo daño...
Extraño tanto a la persona que tanto me enseñaba, la que me hizo sonreír cuando nadie lo logró hacer, la que sabía cuando estaba bien y cuando necesitaba un hombro para llorar, la única que se acercaba a mí cuando veía que mi sonrisa había desaparecido. Echo tanto de menos a la persona más grande que ha pasado por mi vida y ahora, de un momento a otro, ha desparecido.
Sé que la distancia acabará con la amistad que prometimos no descuidar nunca, pero recuerda que siempre estarás aquí, aquí conmigo. Te quiero.
Extraño tanto a la persona que tanto me enseñaba, la que me hizo sonreír cuando nadie lo logró hacer, la que sabía cuando estaba bien y cuando necesitaba un hombro para llorar, la única que se acercaba a mí cuando veía que mi sonrisa había desaparecido. Echo tanto de menos a la persona más grande que ha pasado por mi vida y ahora, de un momento a otro, ha desparecido.
Sé que la distancia acabará con la amistad que prometimos no descuidar nunca, pero recuerda que siempre estarás aquí, aquí conmigo. Te quiero.
martes, 30 de octubre de 2012
Sentimientos escondidos tras el miedo.
Despierto en esta fría noche de octubre y vuelvo a recordar esta ausencia tan grande, tan dura, tan honda. Sé que no te has ido, ya que te veo todos los días; pero ya nada es lo mismo. Ya no comparto ningún gran momento a tu lado, ya no sonreímos juntos, ya no me enseñas, ya no aprendo de ti. Antes, te veía todos los días, mientras que ahora verte se convierte en algo al azar.
Ni te imaginas el dolor que siento cada vez que te veo. Siento un dolor aquí, en un rinconcito de mi corazón; un dolor que expresa el daño que me hace amarte en silencio y cada vez con más fuerza. Me equivoqué, siempre estuve equivocada con todo esto. No supe darme cuenta a tiempo de lo que comenzaba a sentir. Comencé a regalarte sin esperar nada a cambio. Hacía tonterías para verte sonreír. Y tú, tú también tienes algo de culpa en todo esto, ya que las palabras y el trato que me dedicabas me hicieron pensar cosas que nunca fueron verdad. Mi corazón se inventó su propia película y mi mente estaba segura de que todo se iba a quedar ahí: en una película que nunca estaría basada en hechos reales.
Nunca olvido aquel día en el que nos encontramos tú y yo con una única compañía: la soledad. Tus manos temblaban y aún no entiendo muy bien por qué. No podíamos parar de sonreír, aunque estábamos haciendo un trabajo muy serio. Mi corazón aparentaba querer salir de mi pecho; latía sin parar y a medida que pasaba el tiempo a tu lado se aceleraba cada vez más. Reías sin motivo y yo reía también. Tu brazo rozaba el mío, mis suspiros absorbían el delicioso olor de tu perfume, nos encontrábamos a centímetros de distancia y aún así seguía estando lejos de ti.
No sé si llegué a ser tu niña bonita o no, pero me hiciste sentir alguien importante, especial. Sé que yo te importaba y mientras te importara a ti, me daba igual el resto del mundo. No puedes negar que me tratabas diferente; no con amor, pero sí con cariño. Te convertiste en un gran amigo para mí y en la actualidad lo sigues siendo, aunque ya nada sea lo mismo. Eres alguien tan grande para mí...
Cada vez estoy más lejos de ti y no sé por qué, pero este cariño sigue aumentando cada vez más hacia ti. Es increíble; cuánto más distancia tengo de ti, más te quiero. Siento que no supe aprovechar el tiempo a tu lado. Aprendí, sí es cierto que aprendí mucho. Pero, ¿y todo esto que ahora estoy escribiendo? ¿Por qué nunca te lo dije a la cara? ¿Por qué fui tan cobarde?
Un día te dije"te quiero mucho", pero te lo tomaste con la palabra "amigo" incluida. No, yo no te dije "te quiero mucho, amigo", te dije que te quería mucho; eso quiere decir que te amo, pero no me atrevo a decírtelo. Me respondiste con un "yo también te quiero mucho" y es cierto que esas palabras me sacaron una gran sonrisa; me hicieron sentir muy bien, pero hubiese preferido otra respuesta... No supiste entender todas las veces que intenté decirte lo que sentía hacia ti.
Solo me quedan los recuerdos. No me disgusta saber que nunca supiste todo esto que aún siento. En realidad, prefiero que nada cambie de sitio. Lo prefiero todo así, en silencio, ya que tengo miedo de lo que pueda ocurrir si todo esto sale a la luz. Me haces falta, te extraño, te necesito y por encima de todo te quiero. Ojalá pudieras estar cada día aquí, aquí conmigo...
miércoles, 17 de octubre de 2012
Una lucha infinita para lograr sobrevivir.
Hay días en los que todo sale bien, en los que sonrío pensando "por fin, he encontrado la felicidad", en los que pienso que todo irá cada vez mejor; pero siempre llega ese jodido momento en el que todo se derrumba; en el que el mundo vuelve a caer sobre mí, dejándome fuera de juego.
Puede que no sea la mejor persona del mundo, ni la más hermosa. No soy perfecta, nadie lo es. He cometido errores. No he sabido comportarme del todo bien. Tengo más de un millón de defectos. He sido cruel. He mentido. Pero tengo corazón, he luchado, he sido fuerte, he ayudado en todo lo que he podido, nunca me he rendido, he intentado sonreír sin ni siquiera tener motivos, me he caído y me he tenido que levantar sola, sin nadie a mi alrededor. Creo que me merezco un poco de felicidad.
Sé que en la vida nada es fácil. Sé que tengo que luchar por todo aquello que desee, pero esta lucha comienza a cansarme. Lucho, sí, lucho cada vez más y ¿para qué?, si los únicos resultados que obtengo son caídas, tropiezos, heridas... Es difícil seguir adelante sin tener nada que me motive a levantarme cada mañana. Es muy difícil aparentar ser feliz, cuando en realidad sé que no me siento así.
En fin... Ya no entiendo nada. Cada vez que me levanto, lo hago con más fuerza. Intento sonreír. Lucho. ¿Y para qué, si cada vez obtengo peores resultados? No sé qué hacer... Estoy perdida. Necesito el mapa de la vida y también las instrucciones de la misma. Seguiré, ¡claro que seguiré! Nunca me rendiré, aunque es cansino luchar sin obtener méritos; pero aquí estoy y estaré, luchando, siempre luchando para sobrevivir.
Puede que no sea la mejor persona del mundo, ni la más hermosa. No soy perfecta, nadie lo es. He cometido errores. No he sabido comportarme del todo bien. Tengo más de un millón de defectos. He sido cruel. He mentido. Pero tengo corazón, he luchado, he sido fuerte, he ayudado en todo lo que he podido, nunca me he rendido, he intentado sonreír sin ni siquiera tener motivos, me he caído y me he tenido que levantar sola, sin nadie a mi alrededor. Creo que me merezco un poco de felicidad.
Sé que en la vida nada es fácil. Sé que tengo que luchar por todo aquello que desee, pero esta lucha comienza a cansarme. Lucho, sí, lucho cada vez más y ¿para qué?, si los únicos resultados que obtengo son caídas, tropiezos, heridas... Es difícil seguir adelante sin tener nada que me motive a levantarme cada mañana. Es muy difícil aparentar ser feliz, cuando en realidad sé que no me siento así.
En fin... Ya no entiendo nada. Cada vez que me levanto, lo hago con más fuerza. Intento sonreír. Lucho. ¿Y para qué, si cada vez obtengo peores resultados? No sé qué hacer... Estoy perdida. Necesito el mapa de la vida y también las instrucciones de la misma. Seguiré, ¡claro que seguiré! Nunca me rendiré, aunque es cansino luchar sin obtener méritos; pero aquí estoy y estaré, luchando, siempre luchando para sobrevivir.
Siempre que se avecine una tormenta, yo aprenderé a bailar bajo la lluvia.
jueves, 11 de octubre de 2012
La danza.
La danza no es solo un deporte, ni una afición. La danza es un sentimiento, es la manera de expresar todo aquello que se siente en el interior, la manera de expresar en cada paso lo que las palabras no son capaces de explicar. El mundo de la danza no es fácil, al contrario, es muy duro. Siempre he oído varias opiniones acerca de este deporte. Algunas personas dicen que no tiene ningún futuro, piensan que es algo muy simple, lo ven como una tontería, creen que es imposible vivir del baile, están convencidas de que la danza no va más allá de una afición, no lo ven como un trabajo. ¿Simple? ¿Una tontería? ¿Imposible vivir del baile? ¿La danza no va más allá de una afición? ¿No puede ser un trabajo? ¡Vaya incoherencias! Sí, cada coreografía puede parecer muy simple, pero detrás de todas ellas hay un gran trabajo, unos duros ensayos, varias camisetas empapadas en un sudor que demuestra el esfuerzo, el interés, las ganas y la motivación para progresar cada vez más. Detrás de cada bonita actuación, hay un gran y duro esfuerzo. En este mundo, en el mundo de la danza, no todo sale siempre bien. Cada vez que no sale bien un paso, llegan las preocupaciones, el desánimo, la desesperación; pero siempre se sigue intentando, hasta que todos los pasos salgan bien. Para bailar, hay que saber caer y aprender a levantar. Nunca se cuentan las veces que se cae, ya que lo importante es levantarse e intentar seguir, esquivando aquello que provocó la caída. La danza no es simple, nada en este mundo lo es. Simple es todo aquello que implica facilidad. ¿Acaso la danza es fácil? Pues no, no lo es, aunque en muchas ocasiones lo parezca. No es fácil sacar tiempo para ensayar, para montar una coreografía y que los pasos de la misma concuerden con el ritmo de la música. No es fácil aprender los pasos, los saltos, los giros, las puntas de pie, la manera de colocar los brazos... No, no es fácil. Si se pone interés, ganas y trabajo, claro que se puede vivir del baile y si no se puede, lo importante es intentarlo. No todo es posible y lo que parece imposible sólo cuesta un poco más, por ello hay que luchar. La danza es un motivo para ser feliz; es una forma muy bonita de expresar emociones, sentimientos y/o todo aquello que las palabras han sido incapaces de expresar; la Danza es una forma de vida, es mi vida.
martes, 9 de octubre de 2012
Ayer, hoy, mañana.
No me gusta nada estar tanto tiempo alejada de aquí, de mi blog, del único lugar en el que puedo aclarar todas mis dudas. Hace varios días que no había tenido la oportunidad de escribir, ya que los estudios ocupan la mayor parte de mi tiempo. Casi no me queda tiempo para pensar en mí misma, para pensar en lo que he sido, en lo que soy y en lo que puede que sea.
He sido alguien fuerte. También me he comportado muchas veces como una niñata, pero la vida parece tener más sentido cuando no me doy cuenta de nada, cuando sólo veo lo maravilloso y lo malo lo dejo de lado; cuando no quiero darme cuenta de los problemas, del dolor. Sé que todo es mejor comportándome como una niña y tal vez por ello, siento miedo de crecer. El mundo era maravilloso cuando las únicas heridas que tenía eran las que me salían después de haberme caído en el parque.
Hoy, he crecido. Lo que antes me hacía llorar de la risa, ahora ni siquiera me inmuta. La madurez ha llegado. Ya no río tanto, pero mi sonrisa sigue acompañándome cada día. Me encanta hacer reír, por eso soy un poco payasa. También me gusta mucho reír, siempre me ha gustado hacerlo y es algo que nunca cambiaré. La sonrisa me ha acompañado durante todo este recorrido, así que no la abandonaré. Allí dónde la gente veía un problema, yo lo veía como un motivo para sonreír. Nunca quería aceptar los problemas. No sé si eso era una virtud o un defecto, pero me gustaba sonreír ante los problemas. Ya no puedo sonreír ante ellos, ya soy incapaz de hacerlo. Ahora, me preocupo por encontrar la solución y me desespero si no puedo encontrarla; lloro si veo que todo empeora. Y antes, antes me daba igual no encontrar una solución. Antes, antes sonreía en todo momento, pero ya no puedo. Antes, antes me daba igual luchar con una sola posibilidad entre mil. Todo eso ha acabado. El reloj anda sin rumbo y cada vez lo hace más rápido. Se aproxima la hora de crecer. Temo crecer, dado que tengo miedo de que se empiecen a acumular todos los problemas. Haría lo imposible para volver a nacer y detener el tiempo en ese mismo instante en el que mis ojos se abrieron por primera vez. Quiero detenerme allí, en el instante en el que fui un bebé.
Mi vida ha pasado por tantos momentos, que ya ni siquiera sé lo que puede que sea de mí. Antes, antes lo tenía todo muy claro, pero el tiempo lo revuelve todo y es ahí cuando surgen las dudas. Ya no sé si podré sonreír, mañana. Tal vez, mi sonrisa nunca desaparezca de mi boca, o tal vez sí. ¿Quién sabe? Espero que mañana pueda ser alguien fuerte, más fuerte que ahora. Mañana, quiero ver a la vida como la he visto hasta ahora, es decir, una locura. Puede que yo esté un poco loca. La vida también lo está. Y es que, ¡sin un poco de locura, no hay felicidad!
He sido alguien fuerte. También me he comportado muchas veces como una niñata, pero la vida parece tener más sentido cuando no me doy cuenta de nada, cuando sólo veo lo maravilloso y lo malo lo dejo de lado; cuando no quiero darme cuenta de los problemas, del dolor. Sé que todo es mejor comportándome como una niña y tal vez por ello, siento miedo de crecer. El mundo era maravilloso cuando las únicas heridas que tenía eran las que me salían después de haberme caído en el parque.
Hoy, he crecido. Lo que antes me hacía llorar de la risa, ahora ni siquiera me inmuta. La madurez ha llegado. Ya no río tanto, pero mi sonrisa sigue acompañándome cada día. Me encanta hacer reír, por eso soy un poco payasa. También me gusta mucho reír, siempre me ha gustado hacerlo y es algo que nunca cambiaré. La sonrisa me ha acompañado durante todo este recorrido, así que no la abandonaré. Allí dónde la gente veía un problema, yo lo veía como un motivo para sonreír. Nunca quería aceptar los problemas. No sé si eso era una virtud o un defecto, pero me gustaba sonreír ante los problemas. Ya no puedo sonreír ante ellos, ya soy incapaz de hacerlo. Ahora, me preocupo por encontrar la solución y me desespero si no puedo encontrarla; lloro si veo que todo empeora. Y antes, antes me daba igual no encontrar una solución. Antes, antes sonreía en todo momento, pero ya no puedo. Antes, antes me daba igual luchar con una sola posibilidad entre mil. Todo eso ha acabado. El reloj anda sin rumbo y cada vez lo hace más rápido. Se aproxima la hora de crecer. Temo crecer, dado que tengo miedo de que se empiecen a acumular todos los problemas. Haría lo imposible para volver a nacer y detener el tiempo en ese mismo instante en el que mis ojos se abrieron por primera vez. Quiero detenerme allí, en el instante en el que fui un bebé.
Mi vida ha pasado por tantos momentos, que ya ni siquiera sé lo que puede que sea de mí. Antes, antes lo tenía todo muy claro, pero el tiempo lo revuelve todo y es ahí cuando surgen las dudas. Ya no sé si podré sonreír, mañana. Tal vez, mi sonrisa nunca desaparezca de mi boca, o tal vez sí. ¿Quién sabe? Espero que mañana pueda ser alguien fuerte, más fuerte que ahora. Mañana, quiero ver a la vida como la he visto hasta ahora, es decir, una locura. Puede que yo esté un poco loca. La vida también lo está. Y es que, ¡sin un poco de locura, no hay felicidad!
No importa que mis pasos avancen por caminos pedregosos. Siempre que caiga, me levantaré.
lunes, 1 de octubre de 2012
Dentro de mí. Fuera del tiempo.
Sí, sé que he cometido errores. No soy la mejor persona del mundo. Tengo defectos y virtudes. Por cierto, también tengo sentimientos y no me gusta que jueguen con ellos. Me considero como alguien sonriente, pero no feliz. No pretendo decir que soy infeliz, lo único que quiero decir es que podría tener un poco más de felicidad en mi vida. Haga lo que haga, siempre me criticarán. Yo también he criticado alguna vez. Pienso que nadie se va de este mundo sin antes criticar sobre él o sobre los que pisan sobre él.
Siempre he aprendido de mis errores, sin embargo he llegado a cometer dos veces el mismo error. Me cuesta entender los problemas de matemáticas, pero sobretodo los de la vida. Sé que todo tiene por qué, pero no siempre lo encuentro. Siempre que no sé qué decir, sonrío. Cada vez que me siento mal, sonrío. Nunca he encontrado la manera de dejar de sonreír aunque sólo sea un momento. Mi sonrisa no refleja la ausencia de problemas, sino la habilidad de sonreír por encima de ellos.
Detesto que hablen de mí personas que no me conocen. Saber mi nombre no implica conocerme. Estoy muy segura de que nadie sabe como soy, ni siquiera las personas más cercanas. Nunca he sabido expresar la poca cosa que soy. No puedo evitar sentir miedo de actuar como realmente soy.
No sé expresar lo que siento. Bueno, sí sé, pero no lo hago. Soy muy sincera, tal vez demasiado. Me duele perder a personas que han compartido mucho junto a mí. Detesto ver que todo cambie a peor y no encontrar ninguna solución para mejorar. También detesto la distancia, sobretodo el tiempo. Tengo mucha paciencia, incluso creo que de eso me sobra. Suelo dejar todo lo que puedo hacer hoy, para mañana.
Adoro las tardes que paso sola en casa, con la música a tope, encerrada en mis pensamientos, en los recuerdos, empapada en lágrimas con una mezcla de emoción, alegría, añoro y tristeza. Sé que en estos momentos no me siento bien, pero siento que eso a nadie le importa. ¿Quién va a perder su tiempo consolándome? ¿A quién le importo yo, o mis problemas? He llegado a la conclusión de que nunca he podido, ni puedo, ni podré confiar en nadie. Ni siquiera en mi familia, ni en mis amigos. Mi familia únicamente escucha mis carcajadas, pero no mis lágrimas. Siempre me ha tomado como alguien feliz. Y mis amigos, ¿qué puedo decir de mis amigos, si ni si quiera sé exactamente quiénes son?
Mi vida quedó jodida en aquel momento en el que todo cambió, en el que tuve que empezar de cero. He intentado curar un millón de veces esta herida, pero quiera o no, siempre acaba sangrando de nuevo y es ahí cuando más me duele. Los recuerdos siempre permanecen ahí, en lo más profundo y no pasa un mísero día en el que no se presenten en mi mente. Siempre intento olvidar todo y pensar "venga, tengo que seguir, tengo que seguir, tengo que seguir", pero llega un determinado momento en el que me canso de pensar siempre en lo mismo y no poder seguir. Nadie me entiende. Soy una extraña entre un montón de gente. Me ven como alguien raro, pero no como alguien fuerte, capaz de luchar sin nadie alrededor, sonriendo simplemente para camuflar el dolor. Detrás de lo que soy, hay un pasado herido, muy herido. Detrás de esta niña sonriente, se encuentran unos ojos que no paran de llorar.
jueves, 27 de septiembre de 2012
17 de octubre. Día Internacional de la pobreza.
Detengámonos un instante en el tiempo, para reflexionar sobre este absurdo mundo que nos rodea. Nuestros pies pisan en un mismo suelo, nuestra vida consiste en mantenernos de pie sobre una bola azul la cual no sabemos exactamente de dónde demonios ha salido. Nacimos en un mismo lugar, sin embargo somos de distinta procedencia. Todos los que estamos en este mundo luchamos para obtener una vida en condiciones y la mayoría de los que estamos aquí hemos conseguido vivir de la manera deseada, pero ¿Qué pasa con aquellos que no lo consiguen, porque ni siquiera tienen fuerza para intentarlo?
Siempre luchamos para alcanzar nuestros sueños, aunque nunca nos esforzamos lo suficiente y desde que vemos un pequeño atisbo de dificultad nos damos por vencidos. No, nada de esto debería de ser así. Si por débiles nos caemos, por fuertes nos levantamos y lo volvemos a intentar. Antes de rendirnos, seamos capaces de pensar en aquellas personas que luchan incluso sabiendo que no tienen ninguna posibilidad para alcanzar sus sueños; aquellas personas que lo han perdido todo, excepto la esperanza.
En ocasiones, no sabemos apreciar todo lo que tenemos. No nos damos cuenta de que tal vez, tenemos más de lo que realmente merecemos. Pedimos sin necesidad de tener más. Nos da pena darnos cuenta de que existen personas que no tienen comida, ni ropa, ni dinero; sin embargo, a los cinco minutos estamos en el centro comercial comprándonos una camisa que ni siquiera nos hace falta y comiéndonos un helado no por tener hambre, sino por consentirnos un capricho.
Seguro que durante nuestra vida hemos pasado por algún mal momento en el que hemos dicho "estoy harto de todo", pero nunca nos hemos dado cuenta de que hay personas pasándolo mucho peor. ¿De qué vamos a estar hartos nosotros? ¿De tener tanta comida en la cocina? ¿De tener tanta ropa en el armario? ¿De engordar en Navidad? ¿De que nos sobren motivos para sonreír? ¿De que tengamos una casa? ¿De tener el cerdito lleno de dinero y tengamos que romperlo porque no podemos depositar más monedas dentro de él? ¿De dormir siempre en la misma cama y bajo el mismo techo? Seamos realistas y pensemos que no podemos estar hartos de todo, porque sabemos que no nos falta de nada.
Parémonos a pensar y preguntémonos si de verdad sabemos lo que es pasarlo mal en la vida. Un mal momento no significa quedarse sin pilas en el mando de la televisión y tener que levantarse del sofá para cambiar de canal; tampoco es llegar a casa y encontrar un plato de potaje de verduras sobre la mesa; no es tener que pasar las tardes enteras estudiando o trabajando. Los malos momentos son aquellos en los que fallece algún miembro cercano y querido, en los que no se sabe qué hacer porque todo sale mal, en los que se tiene más ganas de llorar que de reír, en los que falta el dinero, el trabajo e incluso la comida, pero sobretodo, los malos momentos son aquellos en los que nos encontramos sin nada; en los que nos cuesta levantarnos de la cama cada día, ya que no tenemos nada para soportar la carrera del sobrevivir; son aquellos en los que no tenemos ninguna esperanza de vida y seguimos luchando para vivir; en los que soñamos con la felicidad y nos convencemos de que nunca la vamos a poder alcanzar; en los que sonreímos sin ningún motivo, intentando camuflar el dolor; en los que haríamos lo imposible para tener algo de comida sobre la mesa. Todo esto tiene un nombre: pobreza. ¿Acaso alguno de nosotros hemos pasado por esta situación? Estoy segura de que la mayoría del mundo no sabe lo que significa esa palabra, porque si de verdad lo supiéramos haríamos lo imposible para intentar borrarla del diccionario.
Es muy triste saber que unas personas tienen tanto y otras tienen tan poco. ¿Por qué todo el mundo no puede ser feliz y expresar una sonrisa sincera, sin dolor escondido? Entristece ver a niños inocentes pidiendo a gritos un poco de felicidad, mientras muchos otros viven en una felicidad diaria. Saber que existen personas que sienten miedo de abrir los ojos cada mañana, duele. No soporto esta situación. Nadie se merece despertar cada día sintiendo un inmenso dolor. Nadie merece quedarse sin un plato de comida, sin una pieza de ropa, sin una casa, sin nada.
Mientras nosotros estamos en el mundo, sonriendo sin dificultad, otras muchas personas que se encuentran situadas en este mismo lugar desean poder sonreír. Siempre solemos sentir dolor con mucha facilidad. Lloramos cada vez que nos sentimos agobiados, cansados de todo lo que nos rodea, añorando todo lo que apreciábamos y ya no se encuentra a nuestro lado, hartos de luchar y encontrar cada vez más dificultad de por medio. ¿Por qué somos tan débiles, si hay personas capaces de luchar en peores situaciones y sin ninguna posibilidad? ¿Por qué nos rendimos tan rápido? ¿Por qué nos derrumbamos tan fácilmente? ¿Por qué no luchamos para alcanzar todo lo que nos proponemos, si sabemos que tenemos posibilidades para ello?
En mi opinión, la vida es un auténtico lío. Aburre tener que levantarme cada día para hacer lo mismo que hice ayer y volveré a hacer mañana, es decir, luchar para sobrevivir. Tengo casi quince años. Odio crecer. Sé que no soy verdaderamente grande, pero ya soy capaz de ver la realidad y en esta me doy cuenta de que cada vez existe más pobreza extendida por el mundo y eso me hace sentir dolor. Siempre he intentado comprender a la vida, pero nunca me ha hablado claro. Y es que, nunca he entendido por qué esta regala flores a unos, mientras a otros les clava puñales. No sé por qué a unas personas les regala demasiada felicidad y a otras ni siquiera les deja alcanzarla. Creo que la vida no es tan maravillosa como me habían hecho creer...
Cuando era una niña infantil e inocente todo era genial y pensaba que los únicos problemas del mundo eran los de matemáticas, pero ahora he crecido y he madurado, así que con esto me he dado cuenta de que vivo encerrada en un mundo demasiado injusto. Quiero cambiar todo, quiero saltarme las reglas y sobrepasar los límites. Seamos libres, seamos iguales. No quiero que exista la riqueza, ni tampoco la pobreza. Sólo pido un poco de felicidad para todos; pido que podamos vivir todos de una misma manera; que podamos levantarnos de la cama con ánimos para luchar, con una inmensa y sincera sonrisa en nuestro rostro. No importa la raza, ni la procedencia, ni el color. Todo el mundo se merece la felicidad y no me entra en la cabeza por qué no todos podemos alcanzarla.
¿Qué opinión puede haber respecto a estas fotografías? ¿Aún seguimos siendo capaces de quejarnos por tonterías, después de haber visto estas fotografías? Estoy harta, muy harta e indignada. Detesto escuchar quejarse a personas a las cuales no les falta de nada. Cuánto más tenemos, más queremos. Cuánto más felices somos, más nos quejamos. Nunca nos conformamos con lo que tenemos. Vivimos a la última moda y no nos damos cuenta de que todo es un maldito negocio. ¿Acaso no se puede vivir sin comprar un móvil, un ordenador, una televisión, una videoconsola y miles de objetos más que compramos sin necesidad?
Sinceramente, somos ignorantes. Vivimos en una competencia continua, compitiendo con las personas de nuestro alrededor y si estas se compraran el mundo entero, nosotros iríamos corriendo a hacer lo mismo. ¿Para qué? Para no sentirnos inferiores. La vida está para vivirla, no para comprarla, así que intentemos conformarnos con todo lo que tenemos. Si tenemos un móvil, no lo dejemos de utilizar para comprar otro más moderno. Y es que, debemos de pensar que hay personas que ni siquiera han tenido un mísero teléfono. Si tenemos ropa, no la tiremos para comprar otra más reciente. Sabemos que hay personas viviendo desnudas, sin abrigo para pasar el invierno. Dejemos de vivir preocupados por las críticas. Seamos lo que queramos ser, no lo que el mundo nos pide que seamos. Vivamos la vida cada uno a su manera. No perdamos más tiempo en luchar para conseguir esos zapatos nuevos que han salido a la venta, o esa camisa tan chula que está tanto a la moda. Luchemos para acabar con la pobreza y vivir en un mundo justo, donde todos seamos iguales, donde todos tengamos un techo, una cama, una sonrisa sincera, un plato de comida, un abrigo para calmar el frío, una familia, una compañía, un cariño, una vida feliz. Si aprendemos a no perder el tiempo, ganaremos segundos de vida.
Esta es mi opinión, esto es lo que pienso. Tal vez tenga razón, o tal vez no. Puede que ninguna de estas palabras que he escrito tengan sentido, pero ¿acaso el mundo lo tiene?
He leído en un periódico esta frase: El diecisiete de octubre se celebra el día Internacional de la pobreza. ¿Se celebra? ¿C-E-L-E-B-R-A-R? ¿Celebrar que miles de personas no tienen una vida en condiciones? ¿Celebrar que miles de personas viven en la calle, sin comida, sin una cama para dormir, sin un techo, sin un abrigo para calmar el frío? Somos una sociedad que nunca recuerda nada de la pobreza y de repente, zas, llega el diecisiete de octubre y nos da pena ver los documentales de todos los seres humanos que viven en la calle. Llega el diecisiete de octubre y todas las portadas hablan del mismo tema, es decir, de la pobreza. Luego, llega el dieciocho del mismo mes y nos volvemos a olvidar de lo que habíamos visto el día anterior. Nos sentimos muy apenados acerca de este tema, pero ¿por qué no somos capaces de mover un dedo para acabar con la pobreza? ¿Por qué sólo nos acordamos de los pobres una vez al año? ¿Hace falta un día señalado en el calendario para recordar que no todos somos felices y que no todos vivimos en unas buenas condiciones?
Hagamos de este día el comienzo de una lucha para destruirlo y borrarlo del calendario. No celebremos este día, ya que no es motivo de celebración. Acabemos con la pobreza. Marquemos un mismo destino sin caminos pedregosos. Luchemos para encaminar al mundo entero hacia la felicidad y encontrarnos allí, en un camino feliz; donde las lágrimas nunca valgan la pena, donde podamos expresar una sonrisa sincera.
En ocasiones, no sabemos apreciar todo lo que tenemos. No nos damos cuenta de que tal vez, tenemos más de lo que realmente merecemos. Pedimos sin necesidad de tener más. Nos da pena darnos cuenta de que existen personas que no tienen comida, ni ropa, ni dinero; sin embargo, a los cinco minutos estamos en el centro comercial comprándonos una camisa que ni siquiera nos hace falta y comiéndonos un helado no por tener hambre, sino por consentirnos un capricho.
Seguro que durante nuestra vida hemos pasado por algún mal momento en el que hemos dicho "estoy harto de todo", pero nunca nos hemos dado cuenta de que hay personas pasándolo mucho peor. ¿De qué vamos a estar hartos nosotros? ¿De tener tanta comida en la cocina? ¿De tener tanta ropa en el armario? ¿De engordar en Navidad? ¿De que nos sobren motivos para sonreír? ¿De que tengamos una casa? ¿De tener el cerdito lleno de dinero y tengamos que romperlo porque no podemos depositar más monedas dentro de él? ¿De dormir siempre en la misma cama y bajo el mismo techo? Seamos realistas y pensemos que no podemos estar hartos de todo, porque sabemos que no nos falta de nada.
Parémonos a pensar y preguntémonos si de verdad sabemos lo que es pasarlo mal en la vida. Un mal momento no significa quedarse sin pilas en el mando de la televisión y tener que levantarse del sofá para cambiar de canal; tampoco es llegar a casa y encontrar un plato de potaje de verduras sobre la mesa; no es tener que pasar las tardes enteras estudiando o trabajando. Los malos momentos son aquellos en los que fallece algún miembro cercano y querido, en los que no se sabe qué hacer porque todo sale mal, en los que se tiene más ganas de llorar que de reír, en los que falta el dinero, el trabajo e incluso la comida, pero sobretodo, los malos momentos son aquellos en los que nos encontramos sin nada; en los que nos cuesta levantarnos de la cama cada día, ya que no tenemos nada para soportar la carrera del sobrevivir; son aquellos en los que no tenemos ninguna esperanza de vida y seguimos luchando para vivir; en los que soñamos con la felicidad y nos convencemos de que nunca la vamos a poder alcanzar; en los que sonreímos sin ningún motivo, intentando camuflar el dolor; en los que haríamos lo imposible para tener algo de comida sobre la mesa. Todo esto tiene un nombre: pobreza. ¿Acaso alguno de nosotros hemos pasado por esta situación? Estoy segura de que la mayoría del mundo no sabe lo que significa esa palabra, porque si de verdad lo supiéramos haríamos lo imposible para intentar borrarla del diccionario.
Es muy triste saber que unas personas tienen tanto y otras tienen tan poco. ¿Por qué todo el mundo no puede ser feliz y expresar una sonrisa sincera, sin dolor escondido? Entristece ver a niños inocentes pidiendo a gritos un poco de felicidad, mientras muchos otros viven en una felicidad diaria. Saber que existen personas que sienten miedo de abrir los ojos cada mañana, duele. No soporto esta situación. Nadie se merece despertar cada día sintiendo un inmenso dolor. Nadie merece quedarse sin un plato de comida, sin una pieza de ropa, sin una casa, sin nada.
Mientras nosotros estamos en el mundo, sonriendo sin dificultad, otras muchas personas que se encuentran situadas en este mismo lugar desean poder sonreír. Siempre solemos sentir dolor con mucha facilidad. Lloramos cada vez que nos sentimos agobiados, cansados de todo lo que nos rodea, añorando todo lo que apreciábamos y ya no se encuentra a nuestro lado, hartos de luchar y encontrar cada vez más dificultad de por medio. ¿Por qué somos tan débiles, si hay personas capaces de luchar en peores situaciones y sin ninguna posibilidad? ¿Por qué nos rendimos tan rápido? ¿Por qué nos derrumbamos tan fácilmente? ¿Por qué no luchamos para alcanzar todo lo que nos proponemos, si sabemos que tenemos posibilidades para ello?
En mi opinión, la vida es un auténtico lío. Aburre tener que levantarme cada día para hacer lo mismo que hice ayer y volveré a hacer mañana, es decir, luchar para sobrevivir. Tengo casi quince años. Odio crecer. Sé que no soy verdaderamente grande, pero ya soy capaz de ver la realidad y en esta me doy cuenta de que cada vez existe más pobreza extendida por el mundo y eso me hace sentir dolor. Siempre he intentado comprender a la vida, pero nunca me ha hablado claro. Y es que, nunca he entendido por qué esta regala flores a unos, mientras a otros les clava puñales. No sé por qué a unas personas les regala demasiada felicidad y a otras ni siquiera les deja alcanzarla. Creo que la vida no es tan maravillosa como me habían hecho creer...
Cuando era una niña infantil e inocente todo era genial y pensaba que los únicos problemas del mundo eran los de matemáticas, pero ahora he crecido y he madurado, así que con esto me he dado cuenta de que vivo encerrada en un mundo demasiado injusto. Quiero cambiar todo, quiero saltarme las reglas y sobrepasar los límites. Seamos libres, seamos iguales. No quiero que exista la riqueza, ni tampoco la pobreza. Sólo pido un poco de felicidad para todos; pido que podamos vivir todos de una misma manera; que podamos levantarnos de la cama con ánimos para luchar, con una inmensa y sincera sonrisa en nuestro rostro. No importa la raza, ni la procedencia, ni el color. Todo el mundo se merece la felicidad y no me entra en la cabeza por qué no todos podemos alcanzarla.
- Esto es pasar por un mal momento.
- Atrevámonos a quejarnos cuando tengamos sobre la mesa comida que no nos gusta.
- Si alguna vez nos hemos sentido derrotados, intentemos contar las veces que este niño ha caído y aún así, se ha vuelto a levantar y cada vez lo ha hecho con más fuerza.
- Un ejemplo a seguir adelante.
- No todas las sonrisas expresan felicidad.
- No todos dormimos sobre una cama y bajo un techo.
¿Qué opinión puede haber respecto a estas fotografías? ¿Aún seguimos siendo capaces de quejarnos por tonterías, después de haber visto estas fotografías? Estoy harta, muy harta e indignada. Detesto escuchar quejarse a personas a las cuales no les falta de nada. Cuánto más tenemos, más queremos. Cuánto más felices somos, más nos quejamos. Nunca nos conformamos con lo que tenemos. Vivimos a la última moda y no nos damos cuenta de que todo es un maldito negocio. ¿Acaso no se puede vivir sin comprar un móvil, un ordenador, una televisión, una videoconsola y miles de objetos más que compramos sin necesidad?
Sinceramente, somos ignorantes. Vivimos en una competencia continua, compitiendo con las personas de nuestro alrededor y si estas se compraran el mundo entero, nosotros iríamos corriendo a hacer lo mismo. ¿Para qué? Para no sentirnos inferiores. La vida está para vivirla, no para comprarla, así que intentemos conformarnos con todo lo que tenemos. Si tenemos un móvil, no lo dejemos de utilizar para comprar otro más moderno. Y es que, debemos de pensar que hay personas que ni siquiera han tenido un mísero teléfono. Si tenemos ropa, no la tiremos para comprar otra más reciente. Sabemos que hay personas viviendo desnudas, sin abrigo para pasar el invierno. Dejemos de vivir preocupados por las críticas. Seamos lo que queramos ser, no lo que el mundo nos pide que seamos. Vivamos la vida cada uno a su manera. No perdamos más tiempo en luchar para conseguir esos zapatos nuevos que han salido a la venta, o esa camisa tan chula que está tanto a la moda. Luchemos para acabar con la pobreza y vivir en un mundo justo, donde todos seamos iguales, donde todos tengamos un techo, una cama, una sonrisa sincera, un plato de comida, un abrigo para calmar el frío, una familia, una compañía, un cariño, una vida feliz. Si aprendemos a no perder el tiempo, ganaremos segundos de vida.
Esta es mi opinión, esto es lo que pienso. Tal vez tenga razón, o tal vez no. Puede que ninguna de estas palabras que he escrito tengan sentido, pero ¿acaso el mundo lo tiene?
He leído en un periódico esta frase: El diecisiete de octubre se celebra el día Internacional de la pobreza. ¿Se celebra? ¿C-E-L-E-B-R-A-R? ¿Celebrar que miles de personas no tienen una vida en condiciones? ¿Celebrar que miles de personas viven en la calle, sin comida, sin una cama para dormir, sin un techo, sin un abrigo para calmar el frío? Somos una sociedad que nunca recuerda nada de la pobreza y de repente, zas, llega el diecisiete de octubre y nos da pena ver los documentales de todos los seres humanos que viven en la calle. Llega el diecisiete de octubre y todas las portadas hablan del mismo tema, es decir, de la pobreza. Luego, llega el dieciocho del mismo mes y nos volvemos a olvidar de lo que habíamos visto el día anterior. Nos sentimos muy apenados acerca de este tema, pero ¿por qué no somos capaces de mover un dedo para acabar con la pobreza? ¿Por qué sólo nos acordamos de los pobres una vez al año? ¿Hace falta un día señalado en el calendario para recordar que no todos somos felices y que no todos vivimos en unas buenas condiciones?
Hagamos de este día el comienzo de una lucha para destruirlo y borrarlo del calendario. No celebremos este día, ya que no es motivo de celebración. Acabemos con la pobreza. Marquemos un mismo destino sin caminos pedregosos. Luchemos para encaminar al mundo entero hacia la felicidad y encontrarnos allí, en un camino feliz; donde las lágrimas nunca valgan la pena, donde podamos expresar una sonrisa sincera.
jueves, 20 de septiembre de 2012
No merece la pena cambiar
Llega un determinado momento en la vida en el que todo se empieza a complicar cada vez más. A medida que pasa el tiempo, me voy dando cuenta de todo; de quiénes son las personas que me apoyan y quiénes son las que están a mi lado por interés; me voy dando cuenta de a quiénes debo creer y a quiénes no.
He creído en falsas promesas, en amistades que me prometieron un "para siempre" y de repente, se han ido. Últimamente, me siento como una imbécil. Soy la típica amiga que está siempre ahí para apoyar y ayudar, pero luego nadie está a mi lado. Lo he dado todo sin pedir nada a cambio. Me he ilusionado demasiado y todo se ha quedado en eso, en una mísera ilusión. Es cierto que el pasado me hizo daño y el presente me va dejando muchas heridas, pero sé que todo eso cicatrizará en el futuro. La vida es mi enemiga y por eso le sonrío, porque me gusta sonreír ante el enemigo.
Estoy convencida de que nadie sabe como soy. En ocasiones, tengo miedo de actuar de la manera que soy realmente. No me termino de aceptar y no entiendo por qué. No creo en mí. No me fío ni de mi sombra. Me cuesta pedir ayuda. Intento resolver mis problemas sola. Me sobra autonomía. No me gusta molestar a nadie para contarle mis penas, porque si de verdad el importo a alguien, ese alguien sabe cuando estoy bien y cuando necesito un hombro para llorar, así que prefiero que se acerquen a mí sin la necesidad de decir nada. Soy muy sonriente y siempre me han tomado como alguien feliz, pero no es así. Mi sonrisa nunca desaparecerá, pero eso no significa la ausencia de problemas, sino la habilidad de sonreír por encima de ellos. Soy perfectamente imperfecta. Puede que mis defectos sean también mis virtudes, o que mis virtudes sean mis defectos. Nadie es perfecto, ¿por qué lo iba a ser yo?
La vida tiene diferentes etapas. En la infancia, parece que todo funciona; el mundo es maravilloso; no existen los problemas. En la adolescencia, etapa en la que me encuentro, me he dado cuenta de que no todo es felicidad. Existen los problemas y ante ellos debo de mantener una actitud positiva, de lo contrario todo podría salir peor. Esta es la etapa en la que maduro. Sé que la vida no es fácil. El tiempo va complicándolo todo, pero nada puede ser imposible si sé la manera correcta de actuar. Lo difícil sólo cuesta un poco más. Me considero como ese tipo de persona que ha tenido las cosas bastante claras. Puede que haya madurado antes de tiempo, la verdad es que lo agradezco. No me gustaría la idea de ser igual que todos los adolescentes de mi edad. Soy incapaz de llevarme bien con una persona de mi edad, dado que pensamos de una manera totalmente diferente. Todas mis amistades son mucho mayores que yo. Aquellos de mi edad ya sólo son unos simples compañeros. He aguantado muchas malas críticas hacia mi persona, pero aquí sigo y seguiré, sin cambiar lo que soy. Hablando de todo, me tengo que ir a danza dentro de muy poco, así que será mejor que escriba breve y precisa. No me gusta la idea de vivir dependiendo de dos agujas que no paran de moverse. Detesto las horas, el reloj, el tiempo.
Para acabar, quiero señalar todo lo que nunca he sido y me gustaría ser. Primeramente, siempre he sido muy tímida y tal vez por ello he dejado escapar demasiadas oportunidades. También me gustaría ser más segura de mí misma. No me gusta encariñarme tan rápido con las personas, pero siempre acabo cogiéndole cariño a toda aquella persona que me muestra aprecio, aunque a veces todo se queda en una falsa mentira. Ayudo a todo el mundo y luego, zas, llega el puñal. Quiero actuar de una manera más dura. No me gusta ser tan débil, aunque sé cuando debo mantenerme fuerte. Si me equivoco, aprendo. Si me caigo, me levanto. Si lloro, sonrío a la vez. Si sufro, me callo. Me gustaría poder mostrar mi dolor. Sonrío todos los días y la mayoría de ellos no me siento bien. No sé si eso de sonreír es una virtud o un defecto. Todo depende del momento y la situación. Sólo sé que no voy a cambiar mi forma de ser. Quién no sepa aceptarme como soy, adiós. Quién me acepta, bienvenido.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
No sabemos apreciar lo que tenemos, hasta que lo perdemos.
A veces, ¿No has llegado ha echar de menos a aquella persona que un día echaste de más? ¿No has sentido que no supiste comportarte de la manera adecuada con esa persona que tanto extrañas? ¿No te pasas el día suplicando que vuelva esa persona o pensando en esa misma? Cuándo el mundo se te echa encima, ¿No extrañas a aquella persona que te hacía sonreír en los peores momentos? Cuándo pasas por un buen momento, ¿No sientes la necesidad de compartirlo con esa persona?
En ocasiones, nos comportamos como imbéciles. Cada vez que tenemos a una gran persona a nuestro lado nunca la sabemos apreciar, hasta que la perdemos y es ahí cuándo nos duele, cuándo lloramos deseando retroceder el tiempo y empezar todo de nuevo.
Después de haber visto marchar a la persona tan especial, es cuando sentimos que desaprovechamos el tiempo, porque estábamos convencidos de que ella siempre iba a estar a nuestro lado, pero lo que nunca llegábamos a imaginar es que la distancia llegaría y se la llevaría enredada entre sus brazos.
Buscamos consuelo por todas partes, buscamos motivos para sonreír incluso sabiendo que no tenemos cerca a la persona que nos sacaba esa sonrisa tonta todos los días. Sabemos que no nos sentimos bien, pero somos tan retorcidos de no querer demostrarlo. Vivimos cada día pendientes del tiempo, esperando a que este mismo nos devuelva lo que un día nos quitó. Nuestra mente piensa que no nos hace falta esa persona para vivir, pero nuestro corazón pide a gritos que regrese. Queremos olvidarnos de ella, pero no paramos de recordarla. Sonreímos al recordar los buenos momentos que pasamos junto a ella y lloramos al saber que todo se ha quedado en un pasado. Y es que, nunca hemos sabido apreciar lo que tenemos, hasta que lo perdemos.
martes, 11 de septiembre de 2012
Una herida incapaz de cicatrizar.
Ya hace varios días que no me he parado por aquí a escribir y no ha sido por falta de tiempo, ni por problemas con Internet, no, esta vez ha sido por falta de expresión. No sé como expresar este punto en el que me encuentro. No sé si estoy bien, o si se me cae el mundo encima.
Nada me sale bien y cuando pienso que todo comienza a funcionar, zas, se derrumba todo de nuevo. Me siento hundida bajo las sombras del pasado. Mi vida se ha vestido de negro, pero siempre sobresale ese vestido de colores que me hace sonreír por fuera, mientras las lágrimas me ahogan por dentro. No hay un día en el que la vida no me plante un motivo para llorar. Sigo sin entender nada de esta situación. ¿Qué puedo hacer, si todo me sale del revés?
Noto que todo ha cambiado. Ya no me rodean las mismas personas de siempre. Hay algo que se ha movido de lugar y no entiendo por qué. Me siento sola. No confío en nadie, porque sé que nadie sería capaz de entenderme. Me han traicionado tantas veces, que ya no soy capaz de arriesgar. Sé que el que no arriesga no gana, pero me he dado cuenta de que nunca podré ganar, ni siquiera arriesgando, así que prefiero quedarme encerrada entre los brazos del silencio.
No creo en palabras, creo en echos. A mí no me vale leer un "te quiero mucho", ni un "estaré aquí para todo", no, todo eso ya ha acabado. He creído demasiado en palabras que nunca he visto convertidas en echos, así que aquí acaba todo. He quemado en un rincón de mi corazón todas las palabras que nunca fueron demostradas.
Sí, digan lo que digan, sí estoy sola. Puede que en los buenos momentos tenga a miles de personas a mi lado, pero ¿quién está aquí cuándo necesito llorar? ¿quién está aquí para escucharme? ¿quién está aquí para calmar mi dolor? Me cuesta confiar en alguien y todo por culpa del pasado, ya que ha sido él quién me ha formado estas dudas, este miedo a seguir adelante.
En este mismo instante, estoy llorando. No sé exactamente lo que expresan mis lágrimas. Quizás sean de añoro, o quizás de emoción, o también pueden ser de dolor. No me entiendo ni yo. No soporto esta situación. Me siento desesperada. Siento impotencia y desilusión. Sinceramente, quiero desaparecer de este doloroso mundo. La vida juega en mi contra y siempre me toca perder. Estoy muy harta de pasar todos los días por la misma situación y nunca encontrar una solución. No seré la mejor persona del mundo, pero creo que no me merezco nada de esto tan cruel que la vida me está trayendo cada día...
Esta herida me la había echo el pasado y pensé que el presente había lograrlo curarla, pero veo que es incapaz de cicatrizar.
Nada me sale bien y cuando pienso que todo comienza a funcionar, zas, se derrumba todo de nuevo. Me siento hundida bajo las sombras del pasado. Mi vida se ha vestido de negro, pero siempre sobresale ese vestido de colores que me hace sonreír por fuera, mientras las lágrimas me ahogan por dentro. No hay un día en el que la vida no me plante un motivo para llorar. Sigo sin entender nada de esta situación. ¿Qué puedo hacer, si todo me sale del revés?
Noto que todo ha cambiado. Ya no me rodean las mismas personas de siempre. Hay algo que se ha movido de lugar y no entiendo por qué. Me siento sola. No confío en nadie, porque sé que nadie sería capaz de entenderme. Me han traicionado tantas veces, que ya no soy capaz de arriesgar. Sé que el que no arriesga no gana, pero me he dado cuenta de que nunca podré ganar, ni siquiera arriesgando, así que prefiero quedarme encerrada entre los brazos del silencio.
No creo en palabras, creo en echos. A mí no me vale leer un "te quiero mucho", ni un "estaré aquí para todo", no, todo eso ya ha acabado. He creído demasiado en palabras que nunca he visto convertidas en echos, así que aquí acaba todo. He quemado en un rincón de mi corazón todas las palabras que nunca fueron demostradas.
Sí, digan lo que digan, sí estoy sola. Puede que en los buenos momentos tenga a miles de personas a mi lado, pero ¿quién está aquí cuándo necesito llorar? ¿quién está aquí para escucharme? ¿quién está aquí para calmar mi dolor? Me cuesta confiar en alguien y todo por culpa del pasado, ya que ha sido él quién me ha formado estas dudas, este miedo a seguir adelante.
En este mismo instante, estoy llorando. No sé exactamente lo que expresan mis lágrimas. Quizás sean de añoro, o quizás de emoción, o también pueden ser de dolor. No me entiendo ni yo. No soporto esta situación. Me siento desesperada. Siento impotencia y desilusión. Sinceramente, quiero desaparecer de este doloroso mundo. La vida juega en mi contra y siempre me toca perder. Estoy muy harta de pasar todos los días por la misma situación y nunca encontrar una solución. No seré la mejor persona del mundo, pero creo que no me merezco nada de esto tan cruel que la vida me está trayendo cada día...
Esta herida me la había echo el pasado y pensé que el presente había lograrlo curarla, pero veo que es incapaz de cicatrizar.
jueves, 30 de agosto de 2012
Quiero escaparme de este eterno anochecer.
Ha llegado otra noche, ha pasado otro día. El brillo de la Luna me ha dicho que aún no estás aquí y yo sigo aquí, esperándote. Las estrellas no se cansan de brillar, aunque mi vida continua oscura.
La noche transcurre y yo sigo intentando aclarar mi alma. Mi corazón contradice todo lo que mi mente piensa, mi pecho siente un vacío difícil de llenar. Los soplidos del viento se cuelan por los mechones de mi pelo, igual que las lágrimas se han colado por mis ojos.
Pensamiento tras pensamiento, dejo la noche pasar. Suspiro sin descanso, expulsando el aire que me sobra por alguien que me falta. Mi mirada se pierde, se dirige hacia ningún lugar; intenta encontrar un destino al que llegar.
No sé a dónde voy, ni siquiera sé dónde me encuentro. Estoy dentro de otro mundo, fuera de este tan absurdo sobre el que pisan mis pies. El mundo es un escenario, la vida es una actuación y yo, en este mismo instante estoy situada detrás del telón. El telón, el lugar en el que me invaden los pensamientos y los recuerdos vividos en las actuaciones pasadas; en el que se me echan encima los errores que he cometido a la hora de actuar.
No amanece y la Luna no quiere darle paso al Sol. La noche parece eterna. Yo sigo aquí, detrás del telón; intentando averiguar la mejor forma de actuar. La realidad me confunde con el teatro, pues la vida aparenta ser una simple actuación improvisada.
En esta noche, echo de menos a personas que un día eché de más. Es en este mismo instante, en el que siento que no he sabido aprovechar el tiempo. La oscuridad de la noche me dice que volverás y entonces será ahí cuándo comience a amanecer. Sé que si no vuelves, no volveré a ver el Sol; no podré contemplar el azul del cielo; no podré ver el brillo de la Luna.
No estoy desvelada, sino que no quiero dormir. No quiero cerrar los ojos e imaginar que todo es perfecto, porque luego, al abrirlos, me daré cuenta de que todo se ha quedado en eso, en una imaginación, en un maldito sueño.
Detesto la noche, porque con su oscuridad me hace sentir que jamás podré hacer realidad mis sueños. Mis metas están marcadas, pero por la noche, cuando fundo mi cabeza sobre la almohada, siento que nunca podré alcanzarlas. Mi corazón detesta enamorarse, pero cuándo llega la noche se duerme pensando en una única persona y se despierta pensando en esa misma, entonces se da cuenta de que sí está enamorado, aunque duele.
Me paso las noches en vela, rompiéndome la cabeza. Me detengo unos minutos a observar la calle desde la ventana de mi dormitorio. Alcanzo a ver las estrellas, la Luna y el cielo oscuro de esta noche tan pesada. El cielo, eso es lo que encuentro en tu mirada. Cuándo te miro a los ojos veo un mundo totalmente distinto; un mundo en el que siempre es de día; en el que no existe la noche; en el que el cielo siempre luce un bonito vestido azul.
Ahora lo entiendo todo. Ahora sé por qué no amanece, por qué sigue todo tan oscuro y por qué el cielo está tan negro. Me hace falta tu mirada, para poder ver el cielo azul. Necesito tus ojos, para salir de este eterno anochecer. ¿Cuándo te volveré a ver?
Pensamiento tras pensamiento, dejo la noche pasar. Suspiro sin descanso, expulsando el aire que me sobra por alguien que me falta. Mi mirada se pierde, se dirige hacia ningún lugar; intenta encontrar un destino al que llegar.
No sé a dónde voy, ni siquiera sé dónde me encuentro. Estoy dentro de otro mundo, fuera de este tan absurdo sobre el que pisan mis pies. El mundo es un escenario, la vida es una actuación y yo, en este mismo instante estoy situada detrás del telón. El telón, el lugar en el que me invaden los pensamientos y los recuerdos vividos en las actuaciones pasadas; en el que se me echan encima los errores que he cometido a la hora de actuar.
No amanece y la Luna no quiere darle paso al Sol. La noche parece eterna. Yo sigo aquí, detrás del telón; intentando averiguar la mejor forma de actuar. La realidad me confunde con el teatro, pues la vida aparenta ser una simple actuación improvisada.
En esta noche, echo de menos a personas que un día eché de más. Es en este mismo instante, en el que siento que no he sabido aprovechar el tiempo. La oscuridad de la noche me dice que volverás y entonces será ahí cuándo comience a amanecer. Sé que si no vuelves, no volveré a ver el Sol; no podré contemplar el azul del cielo; no podré ver el brillo de la Luna.
No estoy desvelada, sino que no quiero dormir. No quiero cerrar los ojos e imaginar que todo es perfecto, porque luego, al abrirlos, me daré cuenta de que todo se ha quedado en eso, en una imaginación, en un maldito sueño.
Detesto la noche, porque con su oscuridad me hace sentir que jamás podré hacer realidad mis sueños. Mis metas están marcadas, pero por la noche, cuando fundo mi cabeza sobre la almohada, siento que nunca podré alcanzarlas. Mi corazón detesta enamorarse, pero cuándo llega la noche se duerme pensando en una única persona y se despierta pensando en esa misma, entonces se da cuenta de que sí está enamorado, aunque duele.
Me paso las noches en vela, rompiéndome la cabeza. Me detengo unos minutos a observar la calle desde la ventana de mi dormitorio. Alcanzo a ver las estrellas, la Luna y el cielo oscuro de esta noche tan pesada. El cielo, eso es lo que encuentro en tu mirada. Cuándo te miro a los ojos veo un mundo totalmente distinto; un mundo en el que siempre es de día; en el que no existe la noche; en el que el cielo siempre luce un bonito vestido azul.
Ahora lo entiendo todo. Ahora sé por qué no amanece, por qué sigue todo tan oscuro y por qué el cielo está tan negro. Me hace falta tu mirada, para poder ver el cielo azul. Necesito tus ojos, para salir de este eterno anochecer. ¿Cuándo te volveré a ver?
lunes, 27 de agosto de 2012
¿Para qué gritar estando tan cerca?
Gritamos porque estamos enfadados y cuando eso ocurre perdemos la calma, pero, ¿Por qué aunque estemos cerca gritamos cuando estamos enfadados? Porque cuando dos personas están enfadadas, sus corazones se alejan mucho. Para descubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enfadados estén más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Y...¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan, sino hablan suavemente, ¿Por qué? Porque sus corazones están muy cerca, entonces la distancia entre ellos es muy pequeña.
Cuando se enamoran más aún, ¿Qué sucede? No hablan, sólo susurran y están aún más cerca que antes. Con el paso del tiempo no necesitan ni siquiera susurrar, porque con una simple mirada se lo dicen todo.
Cuando se enamoran más aún, ¿Qué sucede? No hablan, sólo susurran y están aún más cerca que antes. Con el paso del tiempo no necesitan ni siquiera susurrar, porque con una simple mirada se lo dicen todo.
Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.
sábado, 25 de agosto de 2012
Nada es fácil, pero tampoco imposible.
En ocasiones, no sabemos decir todo lo que sentimos. Escondemos nuestros propios sentimientos, lloramos y sentimos desesperación, pero también sentimos miedo de lo que pueda ocurrir si dejamos salir nuestros sentimientos más profundos.
Vivimos cada día imaginando cómo sería nuestra vida al lado de esa persona con la que soñamos cada noche, pero siempre escondemos lo que sentimos cuando tenemos a esa persona cerca.
Dejamos que el tiempo transcurra y no somos capaces de reaccionar, hasta que el tiempo se acaba y es este quién consigue alejarnos de esa persona tan querida por nuestro corazón. Entonces, es ahí cuando llega el dolor, cuando nos arrepentimos de no haber expresado a tiempo todo lo que sentíamos.
Los días pasan envueltos en recuerdos, empapados en lágrimas de añoro. Nos sentimos idiotas al saber que hemos dejado marchar a la persona más especial de nuestra vida, aquella por la que sonreíamos sin querer, por la que se aceleraba nuestro corazón cuándo la teníamos a centímetros de nuestro cuerpo.
No sabemos qué hacer cuándo vemos que todo ha acabado y la distancia ha producido una herida, un hueco vacío en nuestro corazón. Los pensamientos se clavan en nuestra mente como puñales recién afilados.
Nos levantamos cada día con la esperanza de que regrese la persona que hemos dejado escapar, pero todo se queda siempre en eso; en una mísera esperanza que no sé por qué nunca perdemos.
El mundo se nos echa encima y no tenemos a esa persona que nos ayudaba a levantar. Parece que todo ha acabado, pero sabemos que debemos de continuar. Sonreímos sin motivos intentando animar nuestro corazón, aunque estamos seguros de que el desánimo siempre nos acabará derrumbando.
Las personas somos ignorantes. Amamos y la mayoría de las veces no demostramos ese amor. Sentimos miedo del maldito "qué dirán". La cobardía nos hace perder oportunidades. Vivimos dentro de un sueño por el que no luchamos para que se haga realidad. Creemos en el amor, pero no queremos enamorarnos. Decimos que en el amor no importa nada y luego, criticamos a las parejas que se llevan más de diez años de edad, o a aquellas que son de distinta raza. Nunca hemos sido capaces de reaccionar y darnos cuenta de que no merece la pena sufrir por amor. El mundo no se acaba si no tenemos a la persona que amamos a nuestro lado. La vida sigue y tenemos que vivirla con o sin esa persona. El tiempo nos regalará a la persona adecuada y si no es así, es porque no la necesitamos para ser feliz. Es cierto que siempre lloramos por este maldito sentimiento, aunque sabemos que no deberíamos hacerlo. Nadie merece nuestras lágrimas y quien las merezca nunca nos hará llorar, así que levantemos la cabeza. ¿No decimos siempre que la vida son dos días? ¿Por qué desaprovechamos el tiempo en lágrimas de desamor, si sabemos que el tiempo nos hará olvidarnos de esa persona a la que tanto amamos hoy, pero quizás detestemos mañana? Nunca es fácil olvidar a alguien que ha formado una gran parte de nuestra vida, a alguien que ha estado siempre a nuestro lado. Esta vida no es fácil, pero tampoco imposible. Nada es imposible si sabemos cómo actuar. Siempre habrá una persona que olvidar, una sonrisa que expresar, una lágrima que esconder, un secreto que guardar, una razón para llorar, un corazón que arreglar y una lucha sin final. Si vivimos siempre pensando en una misma persona que queremos olvidar, ¿cómo diablos vamos a conseguir sacarla de nuestra mente, si no paramos de recordarla? Sólo tenemos que poner un poco de entusiasmo, fuerza y un par de sonrisas; eso será suficiente para arrancarnos a esa persona.
El amor no es difícil, lo que pasa es que lo complicamos nosotros con nuestras inseguridades. Por una vez, seamos capaces de actuar confiando en nosotros mismos, sin dejarnos llevar por lo que digan los demás. Nadie debe de decidir por nosotros. Si amamos, demostremos ese amor sin miedo a lo que pueda ocurrir. Ni el vértigo, ni el miedo pueden destruir nuestros sueños y mucho menos nuestros sentimientos. Entremos en razón y seamos capaces de enamorarnos del corazón, olvidando el físico, el sexo, la raza y/o la edad de alguien. El amor es un sentimiento precioso y no doloroso como creemos nosotros. Nada duele si sabemos cómo cicatrizar bien las heridas. Siempre nos rompen el corazón, ¿por qué seguimos amando con cada uno de sus pedazos? Se puede vivir sin amor, pero estamos entusiasmados en convivir con él y, ¿para qué? ¿para llorar cuándo todo llegue a su final? ¿para sufrir cuándo se vuelva a ir este sentimiento?
Por mucho que lo evitemos y no lo queramos aceptar, siempre acabamos enamorándonos de alguien. A veces, de la persona menos indicada, sin embargo muchas veces acabamos enamorándonos de la persona perfecta para el resto de nuestra vida. Todo depende de la suerte que nos ofrezca el tiempo. Siempre nos cuesta demostrar lo que sentimos. Tal vez, por vergüenza. Alomejor, por miedo. Pero, aquí, el que no arriesga no gana. El mundo es un riesgo, ¡arriésgate y tendrás más posibilidades para ganar! Expresemos lo que sentimos dentro, ya que así podremos sentirnos mejor, tendremos esa sensación de libertad y nuestra sonrisa se expresará de una manera más sincera.
Y recuerda: No es fácil, pero tampoco imposible.
La vida es de colores, así que nunca la mires en blanco y negro. ¡Y sonríe!
Vivimos cada día imaginando cómo sería nuestra vida al lado de esa persona con la que soñamos cada noche, pero siempre escondemos lo que sentimos cuando tenemos a esa persona cerca.
Dejamos que el tiempo transcurra y no somos capaces de reaccionar, hasta que el tiempo se acaba y es este quién consigue alejarnos de esa persona tan querida por nuestro corazón. Entonces, es ahí cuando llega el dolor, cuando nos arrepentimos de no haber expresado a tiempo todo lo que sentíamos.
Los días pasan envueltos en recuerdos, empapados en lágrimas de añoro. Nos sentimos idiotas al saber que hemos dejado marchar a la persona más especial de nuestra vida, aquella por la que sonreíamos sin querer, por la que se aceleraba nuestro corazón cuándo la teníamos a centímetros de nuestro cuerpo.
No sabemos qué hacer cuándo vemos que todo ha acabado y la distancia ha producido una herida, un hueco vacío en nuestro corazón. Los pensamientos se clavan en nuestra mente como puñales recién afilados.
Nos levantamos cada día con la esperanza de que regrese la persona que hemos dejado escapar, pero todo se queda siempre en eso; en una mísera esperanza que no sé por qué nunca perdemos.
El mundo se nos echa encima y no tenemos a esa persona que nos ayudaba a levantar. Parece que todo ha acabado, pero sabemos que debemos de continuar. Sonreímos sin motivos intentando animar nuestro corazón, aunque estamos seguros de que el desánimo siempre nos acabará derrumbando.
Las personas somos ignorantes. Amamos y la mayoría de las veces no demostramos ese amor. Sentimos miedo del maldito "qué dirán". La cobardía nos hace perder oportunidades. Vivimos dentro de un sueño por el que no luchamos para que se haga realidad. Creemos en el amor, pero no queremos enamorarnos. Decimos que en el amor no importa nada y luego, criticamos a las parejas que se llevan más de diez años de edad, o a aquellas que son de distinta raza. Nunca hemos sido capaces de reaccionar y darnos cuenta de que no merece la pena sufrir por amor. El mundo no se acaba si no tenemos a la persona que amamos a nuestro lado. La vida sigue y tenemos que vivirla con o sin esa persona. El tiempo nos regalará a la persona adecuada y si no es así, es porque no la necesitamos para ser feliz. Es cierto que siempre lloramos por este maldito sentimiento, aunque sabemos que no deberíamos hacerlo. Nadie merece nuestras lágrimas y quien las merezca nunca nos hará llorar, así que levantemos la cabeza. ¿No decimos siempre que la vida son dos días? ¿Por qué desaprovechamos el tiempo en lágrimas de desamor, si sabemos que el tiempo nos hará olvidarnos de esa persona a la que tanto amamos hoy, pero quizás detestemos mañana? Nunca es fácil olvidar a alguien que ha formado una gran parte de nuestra vida, a alguien que ha estado siempre a nuestro lado. Esta vida no es fácil, pero tampoco imposible. Nada es imposible si sabemos cómo actuar. Siempre habrá una persona que olvidar, una sonrisa que expresar, una lágrima que esconder, un secreto que guardar, una razón para llorar, un corazón que arreglar y una lucha sin final. Si vivimos siempre pensando en una misma persona que queremos olvidar, ¿cómo diablos vamos a conseguir sacarla de nuestra mente, si no paramos de recordarla? Sólo tenemos que poner un poco de entusiasmo, fuerza y un par de sonrisas; eso será suficiente para arrancarnos a esa persona.
El amor no es difícil, lo que pasa es que lo complicamos nosotros con nuestras inseguridades. Por una vez, seamos capaces de actuar confiando en nosotros mismos, sin dejarnos llevar por lo que digan los demás. Nadie debe de decidir por nosotros. Si amamos, demostremos ese amor sin miedo a lo que pueda ocurrir. Ni el vértigo, ni el miedo pueden destruir nuestros sueños y mucho menos nuestros sentimientos. Entremos en razón y seamos capaces de enamorarnos del corazón, olvidando el físico, el sexo, la raza y/o la edad de alguien. El amor es un sentimiento precioso y no doloroso como creemos nosotros. Nada duele si sabemos cómo cicatrizar bien las heridas. Siempre nos rompen el corazón, ¿por qué seguimos amando con cada uno de sus pedazos? Se puede vivir sin amor, pero estamos entusiasmados en convivir con él y, ¿para qué? ¿para llorar cuándo todo llegue a su final? ¿para sufrir cuándo se vuelva a ir este sentimiento?
Por mucho que lo evitemos y no lo queramos aceptar, siempre acabamos enamorándonos de alguien. A veces, de la persona menos indicada, sin embargo muchas veces acabamos enamorándonos de la persona perfecta para el resto de nuestra vida. Todo depende de la suerte que nos ofrezca el tiempo. Siempre nos cuesta demostrar lo que sentimos. Tal vez, por vergüenza. Alomejor, por miedo. Pero, aquí, el que no arriesga no gana. El mundo es un riesgo, ¡arriésgate y tendrás más posibilidades para ganar! Expresemos lo que sentimos dentro, ya que así podremos sentirnos mejor, tendremos esa sensación de libertad y nuestra sonrisa se expresará de una manera más sincera.
Y recuerda: No es fácil, pero tampoco imposible.
La vida es de colores, así que nunca la mires en blanco y negro. ¡Y sonríe!
lunes, 20 de agosto de 2012
La absurda realidad.
¿A veces, no te has sentido solo aunque sepas que tienes a mucha gente alrededor? Pues así es como me siento yo día tras día y sé que tengo mucha familia, muchos amigos que me dicen "siempre estaré aquí", pero luego nunca están, y eso duele.
No tener a nadie en quién poder confiar, a quién poder contarle mis problemas, a quién pedirle un abrazo cada vez que lo necesito, en quién poder apoyarme cuando quiero llorar; no tener a nadi, duele.
Tener que levantarme cada día sabiendo que estaré sola de nuevo, estaré una vez más encerrada en recuerdos, llorando a solas, mientras una sonrisa se refleja en mi cara cuando hay alguien cerca; vivir así cada día, duele.
Ver que el tiempo pasa y sigo sin tener ganas de vivir, sin motivación para luchar, sin fuerza para seguir adelante, sin apoyo, sola; ver todos los días la misma mierda, duele.
Saber que la única persona que se acercaba a mí cuando me veía llorar y me sacaba una sonrisa en todos los momentos puede que no regrese a mi lado, duele.
Vivir con una sonrisa por fuera, mientras por dentro me inundan las lágrimas, duele. Tener sólo una mísera hoja en blanco para poder desahogarme, duele.
Tener miedo a caer, porque sé que nadie me ayudará a levantar, me duele mucho. Estoy llena de heridas. Me siento encerrada en una burbuja que va subiendo lentamente y, a medida que sufro, va creciendo y presionándome más. Y yo sigo con la esperanza de poder explotarla, salir de ella y, antes de caer al suelo, caiga sobre alguien que ha extendido sus brazos para salvarme. Entonces será ahí cuándo estaré segura de que le importo a alguien en este insensato mundo.
No tener a nadie en quién poder confiar, a quién poder contarle mis problemas, a quién pedirle un abrazo cada vez que lo necesito, en quién poder apoyarme cuando quiero llorar; no tener a nadi, duele.
Tener que levantarme cada día sabiendo que estaré sola de nuevo, estaré una vez más encerrada en recuerdos, llorando a solas, mientras una sonrisa se refleja en mi cara cuando hay alguien cerca; vivir así cada día, duele.
Ver que el tiempo pasa y sigo sin tener ganas de vivir, sin motivación para luchar, sin fuerza para seguir adelante, sin apoyo, sola; ver todos los días la misma mierda, duele.
Saber que la única persona que se acercaba a mí cuando me veía llorar y me sacaba una sonrisa en todos los momentos puede que no regrese a mi lado, duele.
Vivir con una sonrisa por fuera, mientras por dentro me inundan las lágrimas, duele. Tener sólo una mísera hoja en blanco para poder desahogarme, duele.
Tener miedo a caer, porque sé que nadie me ayudará a levantar, me duele mucho. Estoy llena de heridas. Me siento encerrada en una burbuja que va subiendo lentamente y, a medida que sufro, va creciendo y presionándome más. Y yo sigo con la esperanza de poder explotarla, salir de ella y, antes de caer al suelo, caiga sobre alguien que ha extendido sus brazos para salvarme. Entonces será ahí cuándo estaré segura de que le importo a alguien en este insensato mundo.
martes, 14 de agosto de 2012
Extrañándote a cada segundo.
Aún recuerdo ese primer día, cuándo te vi entrar por las puertas de mi vida, cuándo me quedé clavada en tu mirada. Aquel primer día en el que presentí un cariño especial hacia ti.
A medida que los días pasaban y las horas transcurrían sin descanso, yo seguía sin darme cuenta de la persona que tenía a mi lado, del gran amigo que había estado conmigo desde el primer momento, el que me ayudaba en todo, el que me enseñaba a aprender. Yo seguía encerrada en mi mundo de ignorancia, sin saber apreciar lo que tenía a mi lado.
Sabía que tus ojos me encantaban, también adoraba tu sonrisa y tu manera de hacer sonreír. No le quise dar importancia a todo lo que comenzaba a sentir hacia ti. Pensé que sólo era aprecio, el aprecio que le tengo a todos mis amigos; pero cuándo me paré a pensar, quise ver la situación en la que me encontraba. Era increíble. Estaba enamorada, pero no lo quise aceptar. No quise darme cuenta de lo que en realidad sentía, porque sabía que todo era una locura; sabía que sólo iba a sentir dolor. Me había dejado llevar demasiado por mi corazón y cada día me convencía más de que no podía vivir sin ti. Cuándo te veía, se paraba el mundo y en él nos deteníamos tú y yo; contando las estrellas, perdiendo la cabeza, jugando con sonrisas, intercambiando las miradas, fuera del tiempo, bailando bajo la luz de la luna, mientras mis labios acariciaban los tuyos, mientras el viento se llevaba las barreras que nos separaban.
Luego, la distancia quiso separarnos, pero el destino jugó de nuestro lado y me pudo construir un nuevo comienzo a tu lado, aunque seguía distanciada de ti. Me comportaba como una imbécil. Te amaba, te odiaba, te necesitaba, no quería verte, te extrañaba. Tenía la cabeza echa un lío y mi corazón no sabía si rogarte que te quedaras, o dejarte marchar. Mientras lloraba desesperada con la almohada, intentaba encontrar una solución que me ayudase a olvidarme de ti; una solución que aún ando buscando.
El reloj andaba, los pájaros cantaban, el sol brillaba, el viento soplaba y mi corazón lloraba, mientras te llamaba a gritos desesperados. No podía sacarte de mi mente. Quise llorar, pero recordé tus palabras; palabras que nunca olvidaré. ¿Recuerdas cuándo me dijiste que no te gustaba verme llorar? Pues esa es la frase que recuerdo cada vez que una lágrima lucha por patinar sobre mi cara.
Sabía perfectamente que la distancia estaba a punto de separarme de ti una vez más, pero no quise reaccionar y dejé que el tiempo decidiera por mí. Y de nuevo, llegó ese último día a tu lado; ese día en el que ansiaba abrazarte y no irme de tus brazos hasta el último segundo a tu lado; en el que necesitaba decirte todo lo que llevaba dentro, pero nunca fui capaz de hablar. Ese último día transcurrió como todos los que había vivido contigo. Ni siquiera te imaginas las ganas tan inmensas que tenía de llorar y lanzarme a tus brazos, rogándote que te quedaras, susurrándote al oído que te necesito. No puedo vivir sin ti, ¿sabes?
Sonó la campana del tiempo. Había llegado la hora de abrir las puertas de mi vida y verte salir por ellas. Sí, el tiempo encontró las llaves de las puertas de mi vida e hizo que salieras por ellas, pero nunca encontrará las llaves de mi corazón y si las encuentra, yo cambiaré de cerradura. Nunca saldrás de mi corazón, nunca.
Sé que guardé palabras que debí decirte, pero tenía miedo de actuar. Cada día soñaba con tenerte y sé que te tenía, pero no de la manera que yo quería. Me robabas sonrisas, me secabas las lágrimas, te acercabas a mí cuándo me veías mal, me defendías, me ayudabas, me enseñabas, me mirabas, me enamorabas, me desvelabas. Eres uno de los grandes, nunca lo olvides♥.
Gracias por haber aparecido en mi vida y, aunque el tiempo quiso separarnos, nunca olvidaré los grandes momentos que viví a tu lado. Personas tan importantes como tú, son imposibles de olvidar. Me paso los días recordándote. Mi mirada se pierde entre recuerdos a tu lado; entre sonrisas compartidas. Te permito que me olvides, sé que no tardarás en hacerlo e incluso cabe la mísera posibilidad de que ya no me recuerdes, pero no importa, porque los recuerdos siempre volarán bien alto y podrán aparecer en el momento menos esperado. Si la distancia se ha intervenido, será por algún motivo. Pero nunca existirán motivos suficientes para convencerme de que no volverás a entrar en mi vida. Sé que volverás a tocar en mis puertas y el mismo reloj que un día nos separó, nos volverá a reencontrar.
A medida que los días pasaban y las horas transcurrían sin descanso, yo seguía sin darme cuenta de la persona que tenía a mi lado, del gran amigo que había estado conmigo desde el primer momento, el que me ayudaba en todo, el que me enseñaba a aprender. Yo seguía encerrada en mi mundo de ignorancia, sin saber apreciar lo que tenía a mi lado.
Sabía que tus ojos me encantaban, también adoraba tu sonrisa y tu manera de hacer sonreír. No le quise dar importancia a todo lo que comenzaba a sentir hacia ti. Pensé que sólo era aprecio, el aprecio que le tengo a todos mis amigos; pero cuándo me paré a pensar, quise ver la situación en la que me encontraba. Era increíble. Estaba enamorada, pero no lo quise aceptar. No quise darme cuenta de lo que en realidad sentía, porque sabía que todo era una locura; sabía que sólo iba a sentir dolor. Me había dejado llevar demasiado por mi corazón y cada día me convencía más de que no podía vivir sin ti. Cuándo te veía, se paraba el mundo y en él nos deteníamos tú y yo; contando las estrellas, perdiendo la cabeza, jugando con sonrisas, intercambiando las miradas, fuera del tiempo, bailando bajo la luz de la luna, mientras mis labios acariciaban los tuyos, mientras el viento se llevaba las barreras que nos separaban.
Luego, la distancia quiso separarnos, pero el destino jugó de nuestro lado y me pudo construir un nuevo comienzo a tu lado, aunque seguía distanciada de ti. Me comportaba como una imbécil. Te amaba, te odiaba, te necesitaba, no quería verte, te extrañaba. Tenía la cabeza echa un lío y mi corazón no sabía si rogarte que te quedaras, o dejarte marchar. Mientras lloraba desesperada con la almohada, intentaba encontrar una solución que me ayudase a olvidarme de ti; una solución que aún ando buscando.
El reloj andaba, los pájaros cantaban, el sol brillaba, el viento soplaba y mi corazón lloraba, mientras te llamaba a gritos desesperados. No podía sacarte de mi mente. Quise llorar, pero recordé tus palabras; palabras que nunca olvidaré. ¿Recuerdas cuándo me dijiste que no te gustaba verme llorar? Pues esa es la frase que recuerdo cada vez que una lágrima lucha por patinar sobre mi cara.
Sabía perfectamente que la distancia estaba a punto de separarme de ti una vez más, pero no quise reaccionar y dejé que el tiempo decidiera por mí. Y de nuevo, llegó ese último día a tu lado; ese día en el que ansiaba abrazarte y no irme de tus brazos hasta el último segundo a tu lado; en el que necesitaba decirte todo lo que llevaba dentro, pero nunca fui capaz de hablar. Ese último día transcurrió como todos los que había vivido contigo. Ni siquiera te imaginas las ganas tan inmensas que tenía de llorar y lanzarme a tus brazos, rogándote que te quedaras, susurrándote al oído que te necesito. No puedo vivir sin ti, ¿sabes?
Sonó la campana del tiempo. Había llegado la hora de abrir las puertas de mi vida y verte salir por ellas. Sí, el tiempo encontró las llaves de las puertas de mi vida e hizo que salieras por ellas, pero nunca encontrará las llaves de mi corazón y si las encuentra, yo cambiaré de cerradura. Nunca saldrás de mi corazón, nunca.
Sé que guardé palabras que debí decirte, pero tenía miedo de actuar. Cada día soñaba con tenerte y sé que te tenía, pero no de la manera que yo quería. Me robabas sonrisas, me secabas las lágrimas, te acercabas a mí cuándo me veías mal, me defendías, me ayudabas, me enseñabas, me mirabas, me enamorabas, me desvelabas. Eres uno de los grandes, nunca lo olvides♥.
Gracias por haber aparecido en mi vida y, aunque el tiempo quiso separarnos, nunca olvidaré los grandes momentos que viví a tu lado. Personas tan importantes como tú, son imposibles de olvidar. Me paso los días recordándote. Mi mirada se pierde entre recuerdos a tu lado; entre sonrisas compartidas. Te permito que me olvides, sé que no tardarás en hacerlo e incluso cabe la mísera posibilidad de que ya no me recuerdes, pero no importa, porque los recuerdos siempre volarán bien alto y podrán aparecer en el momento menos esperado. Si la distancia se ha intervenido, será por algún motivo. Pero nunca existirán motivos suficientes para convencerme de que no volverás a entrar en mi vida. Sé que volverás a tocar en mis puertas y el mismo reloj que un día nos separó, nos volverá a reencontrar.
domingo, 12 de agosto de 2012
Un nuevo amanecer.
Y de repente, me encuentro con el silencio de una noche de sábado muy calurosa y estrellada. La tentación de escribir me ha surgido a la una y veintitrés de la madrugada, así que aquí estoy; tecleando sin control y luchando para que el sueño no se pose en mis pestañas.
La oscuridad me asusta, pero el valor puede conmigo y ha sido este quién me ha cogido en sus brazos para traerme hasta aquí y así poder escribir. No sé que demonios hago despierta a esta hora. La escritura me ha desvelado y no he podido evitar venir hasta esta hoja en blanco, aunque ni siquiera sé exactamente cómo voy a rellenarla.
Los sonidos raros de la oscuridad consiguen robarme concentración y también, acelerar los latidos de mi corazón. Reconozco que ahora mismo me siento igual de asustada que un niño inocente en una noche de reyes; no lo puedo definir con otras palabras.
Los soplidos del viento chocan ruidosamente contra mi ventana, por mis oídos se cuelan ladridos lánguidos de perros desvelados. Y las absurdas agujas del reloj, no paran de moverse; mientras escucho ese pegajoso tic-tac que provoca el paso de las horas, horas en las que debería de estar durmiendo, sin embargo estoy escribiendo sin rumbo alguno.
Pensaba que sólo era el amor aquel que conseguía desvelarme, pero esta noche no ha ocurrido así. Me ha desvelado la escritura, o tal vez mis reflexiones con la almohada. Cabe la misera posibilidad de que esté enamorada de la escritura, pues todo el día estoy pensando en ella y buscando ese momento en el que pueda refugiarme detrás de sus letras. La verdad es que, este sería el único amor que me podría hacer feliz eternamente, porque sólo cuándo escribo puedo sentirme en una felicidad total y absoluta.
Las horas pasan y ya son las dos y media de la madrugada. Mis amigos estarán todos de fiesta y seguramente, bebiendo alcohol para llegar a sentir ese orgullo de ignorantes de mentes retorcidas, mientras yo sigo aquí bailando con las letras; divirtiéndome con el silencio; riendo con mis pensamientos; sin la necesidad de quedarme sorda con una descabellada y escandalosa música asesina; y sin aguantar pisotones de personas descontroladas.
Yo puedo ser feliz aquí; con mis letras, bebiéndome la noche, hablando con la luna, contando las estrellas, tragándome el reloj, escribiendo y perdiendo el control, sin echar en falta el alcohol.
Me fumo los recuerdos, me bebo a tragos el pasado. Cierro los ojos y me voy dejando caer sobre la luna, que poco a poco va dando paso al sol. Y entonces es ahí cuándo sé que me espera un nuevo amanecer. Buenas noches, mundo.
La oscuridad me asusta, pero el valor puede conmigo y ha sido este quién me ha cogido en sus brazos para traerme hasta aquí y así poder escribir. No sé que demonios hago despierta a esta hora. La escritura me ha desvelado y no he podido evitar venir hasta esta hoja en blanco, aunque ni siquiera sé exactamente cómo voy a rellenarla.
Los sonidos raros de la oscuridad consiguen robarme concentración y también, acelerar los latidos de mi corazón. Reconozco que ahora mismo me siento igual de asustada que un niño inocente en una noche de reyes; no lo puedo definir con otras palabras.
Los soplidos del viento chocan ruidosamente contra mi ventana, por mis oídos se cuelan ladridos lánguidos de perros desvelados. Y las absurdas agujas del reloj, no paran de moverse; mientras escucho ese pegajoso tic-tac que provoca el paso de las horas, horas en las que debería de estar durmiendo, sin embargo estoy escribiendo sin rumbo alguno.
Pensaba que sólo era el amor aquel que conseguía desvelarme, pero esta noche no ha ocurrido así. Me ha desvelado la escritura, o tal vez mis reflexiones con la almohada. Cabe la misera posibilidad de que esté enamorada de la escritura, pues todo el día estoy pensando en ella y buscando ese momento en el que pueda refugiarme detrás de sus letras. La verdad es que, este sería el único amor que me podría hacer feliz eternamente, porque sólo cuándo escribo puedo sentirme en una felicidad total y absoluta.
Las horas pasan y ya son las dos y media de la madrugada. Mis amigos estarán todos de fiesta y seguramente, bebiendo alcohol para llegar a sentir ese orgullo de ignorantes de mentes retorcidas, mientras yo sigo aquí bailando con las letras; divirtiéndome con el silencio; riendo con mis pensamientos; sin la necesidad de quedarme sorda con una descabellada y escandalosa música asesina; y sin aguantar pisotones de personas descontroladas.
Yo puedo ser feliz aquí; con mis letras, bebiéndome la noche, hablando con la luna, contando las estrellas, tragándome el reloj, escribiendo y perdiendo el control, sin echar en falta el alcohol.
Me fumo los recuerdos, me bebo a tragos el pasado. Cierro los ojos y me voy dejando caer sobre la luna, que poco a poco va dando paso al sol. Y entonces es ahí cuándo sé que me espera un nuevo amanecer. Buenas noches, mundo.
jueves, 9 de agosto de 2012
Un instante de amor.
Y ha sido en este mismo instante cuándo me ha apetecido venir hasta aquí, para intentar refugiar mis penas detrás de las palabras.
Hoy, tengo ganas de hablar sobre el amor. Nunca existirá una definición exacta acerca de esta palabra, porque es el único término imposible de describir con las palabras correctas. Cada persona tiene su manera de describir el amor. Todo depende de las experiencias vividas con este sentimiento. Algunas personas dicen que el amor es odioso; otras, en cambio, dicen que es adorable. He oído decir que el amor puede traer la felicidad, pero también he escuchado que puede robarla. Dicen que el amor forma un millón de sonrisas sin motivos, pero también hace derramar uno y medio de lágrimas. Unas personas son capaces de decir que el amor solamente hace sentir dolor y muchas otras son incapaces de decirlo; unas que están enamoradas del amor, otras que están enamoradas con amor y muchas otras fingen estar enamoradas. La mayoría dice que el amor es eterno, pero otra gran mayoría cree que no lo es.
En mi opinión, el amor no tiene ninguna manera de describirse. El amor se siente, no se describe. En ocasiones, se convierte en un infierno; otras, en un paraíso; y a veces, en un juego. Pero, por encima de todo, el amor es un sentimiento fácil de sentir, pero difícil de olvidar. Un sentimiento difícil cuándo se convierte en una mentira, pero muy lindo cuándo se siente de verdad. El amor no entiende de razas, ni de edades, ni de físico, tampoco del sexo de una persona; aquí, en el amor, lo único que importa es el corazón.
Hoy, tengo ganas de hablar sobre el amor. Nunca existirá una definición exacta acerca de esta palabra, porque es el único término imposible de describir con las palabras correctas. Cada persona tiene su manera de describir el amor. Todo depende de las experiencias vividas con este sentimiento. Algunas personas dicen que el amor es odioso; otras, en cambio, dicen que es adorable. He oído decir que el amor puede traer la felicidad, pero también he escuchado que puede robarla. Dicen que el amor forma un millón de sonrisas sin motivos, pero también hace derramar uno y medio de lágrimas. Unas personas son capaces de decir que el amor solamente hace sentir dolor y muchas otras son incapaces de decirlo; unas que están enamoradas del amor, otras que están enamoradas con amor y muchas otras fingen estar enamoradas. La mayoría dice que el amor es eterno, pero otra gran mayoría cree que no lo es.
En mi opinión, el amor no tiene ninguna manera de describirse. El amor se siente, no se describe. En ocasiones, se convierte en un infierno; otras, en un paraíso; y a veces, en un juego. Pero, por encima de todo, el amor es un sentimiento fácil de sentir, pero difícil de olvidar. Un sentimiento difícil cuándo se convierte en una mentira, pero muy lindo cuándo se siente de verdad. El amor no entiende de razas, ni de edades, ni de físico, tampoco del sexo de una persona; aquí, en el amor, lo único que importa es el corazón.
martes, 7 de agosto de 2012
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