jueves, 27 de septiembre de 2012

17 de octubre. Día Internacional de la pobreza.

Detengámonos un instante en el tiempo, para reflexionar sobre este absurdo mundo que nos rodea. Nuestros pies pisan en un mismo suelo, nuestra vida consiste en mantenernos de pie sobre una bola azul la cual no sabemos exactamente de dónde demonios ha salido. Nacimos en un mismo lugar, sin embargo somos de distinta procedencia. Todos los que estamos en este mundo luchamos para obtener una vida en condiciones y la mayoría de los que estamos aquí hemos conseguido vivir de la manera deseada, pero ¿Qué pasa con aquellos que no lo consiguen, porque ni siquiera tienen fuerza para intentarlo?

Siempre luchamos para alcanzar nuestros sueños, aunque nunca nos esforzamos lo suficiente y desde que vemos un pequeño atisbo de dificultad nos damos por vencidos. No, nada de esto debería de ser así. Si por débiles nos caemos, por fuertes nos levantamos y lo volvemos a intentar. Antes de rendirnos, seamos capaces de pensar en aquellas personas que luchan incluso sabiendo que no tienen ninguna posibilidad para alcanzar sus sueños; aquellas personas que lo han perdido todo, excepto la esperanza.

En ocasiones, no sabemos apreciar todo lo que tenemos. No nos damos cuenta de que tal vez, tenemos más de lo que realmente merecemos. Pedimos sin necesidad de tener más. Nos da pena darnos cuenta de que existen personas que no tienen comida, ni ropa, ni dinero; sin embargo, a los cinco minutos estamos en el centro comercial comprándonos una camisa que ni siquiera nos hace falta y comiéndonos un helado no por tener hambre, sino por consentirnos un capricho.

Seguro que durante nuestra vida hemos pasado por algún mal momento en el que hemos dicho "estoy harto de todo", pero nunca nos hemos dado cuenta de que hay personas pasándolo mucho peor. ¿De qué vamos a estar hartos nosotros? ¿De tener tanta comida en la cocina? ¿De tener tanta ropa en el armario? ¿De engordar en Navidad? ¿De que nos sobren motivos para sonreír? ¿De que tengamos una casa? ¿De tener el cerdito lleno de dinero y tengamos que romperlo porque no podemos depositar más monedas dentro de él? ¿De dormir siempre en la misma cama y bajo el mismo techo? Seamos realistas y pensemos que no podemos estar hartos de todo, porque sabemos que no nos falta de nada.

Parémonos a pensar y preguntémonos si de verdad sabemos lo que es pasarlo mal en la vida. Un mal momento no significa quedarse sin pilas en el mando de la televisión y tener que levantarse del sofá para cambiar de canal; tampoco es llegar a casa y encontrar un plato de potaje de verduras sobre la mesa; no es tener que pasar las tardes enteras estudiando o trabajando. Los malos momentos son aquellos en los que fallece algún miembro cercano y querido, en los que no se sabe qué hacer porque todo sale mal, en los que se tiene más ganas de llorar que de reír, en los que falta el dinero, el trabajo e incluso la comida, pero sobretodo, los malos momentos son aquellos en los que nos encontramos sin nada; en los que nos cuesta levantarnos de la cama cada día, ya que no tenemos nada para soportar la carrera del sobrevivir; son aquellos en los que no tenemos ninguna esperanza de vida y seguimos luchando para vivir; en los que soñamos con la felicidad y nos convencemos de que nunca la vamos a poder alcanzar; en los que sonreímos sin ningún motivo, intentando camuflar el dolor; en los que haríamos lo imposible para tener algo de comida sobre la mesa. Todo esto tiene un nombre: pobreza. ¿Acaso alguno de nosotros hemos pasado por esta situación? Estoy segura de que la mayoría del mundo no sabe lo que significa esa palabra, porque si de verdad lo supiéramos haríamos lo imposible para intentar borrarla del diccionario.

Es muy triste saber que unas personas tienen tanto y otras tienen tan poco. ¿Por qué todo el mundo no puede ser feliz y expresar una sonrisa sincera, sin dolor escondido? Entristece ver a niños inocentes pidiendo a gritos un poco de felicidad, mientras muchos otros viven en una felicidad diaria. Saber que existen personas que sienten miedo de abrir los ojos cada mañana, duele. No soporto esta situación. Nadie se merece despertar cada día sintiendo un inmenso dolor. Nadie merece quedarse sin un plato de comida, sin una pieza de ropa, sin una casa, sin nada.

Mientras nosotros estamos en el mundo, sonriendo sin dificultad, otras muchas personas que se encuentran situadas en este mismo lugar desean poder sonreír. Siempre solemos sentir dolor con mucha facilidad. Lloramos cada vez que nos sentimos agobiados, cansados de todo lo que nos rodea, añorando todo lo que apreciábamos y ya no se encuentra a nuestro lado, hartos de luchar y encontrar cada vez más dificultad de por medio. ¿Por qué somos tan débiles, si hay personas capaces de luchar en peores situaciones y sin ninguna posibilidad? ¿Por qué nos rendimos tan rápido? ¿Por qué nos derrumbamos tan fácilmente? ¿Por qué no luchamos para alcanzar todo lo que nos proponemos, si sabemos que tenemos posibilidades para ello?

En mi opinión, la vida es un auténtico lío. Aburre tener que levantarme cada día para hacer lo mismo que hice ayer y volveré a hacer mañana, es decir, luchar para sobrevivir. Tengo casi quince años. Odio crecer. Sé que no soy verdaderamente grande, pero ya soy capaz de ver la realidad y en esta me doy cuenta de que cada vez existe más pobreza extendida por el mundo y eso me hace sentir dolor. Siempre he intentado comprender a la vida, pero nunca me ha hablado claro. Y es que, nunca he entendido por qué esta regala flores a unos, mientras a otros les clava puñales. No sé por qué a unas personas les regala demasiada felicidad y a otras ni siquiera les deja alcanzarla. Creo que la vida no es tan maravillosa como me habían hecho creer...

Cuando era una niña infantil e inocente todo era genial y pensaba que los únicos problemas del mundo eran los de matemáticas, pero ahora he crecido y he madurado, así que con esto me he dado cuenta de que vivo encerrada en un mundo demasiado injusto. Quiero cambiar todo, quiero saltarme las reglas y sobrepasar los límites. Seamos libres, seamos iguales. No quiero que exista la riqueza, ni tampoco la pobreza. Sólo pido un poco de felicidad para todos; pido que podamos vivir todos de una misma manera; que podamos levantarnos de la cama con ánimos para luchar, con una inmensa y sincera sonrisa en nuestro rostro. No importa la raza, ni la procedencia, ni el color. Todo el mundo se merece la felicidad y no me entra en la cabeza por qué no todos podemos alcanzarla.



- Esto es pasar por un mal momento.


- Atrevámonos a quejarnos cuando tengamos sobre la mesa comida que no nos gusta.


- Si alguna vez nos hemos sentido derrotados, intentemos contar las veces que este niño ha caído y aún así, se ha vuelto a levantar y cada vez lo ha hecho con más fuerza.


- Un ejemplo a seguir adelante.


 - No todas las sonrisas expresan felicidad.


- No todos dormimos sobre una cama y bajo un techo.

¿Qué opinión puede haber respecto a estas fotografías? ¿Aún seguimos siendo capaces de quejarnos por tonterías, después de haber visto estas fotografías? Estoy harta, muy harta e indignada. Detesto escuchar quejarse a personas a las cuales no les falta de nada. Cuánto más tenemos, más queremos. Cuánto más felices somos, más nos quejamos. Nunca nos conformamos con lo que tenemos. Vivimos a la última moda y no nos damos cuenta de que todo es un maldito negocio. ¿Acaso no se puede vivir sin comprar un móvil, un ordenador, una televisión, una videoconsola y miles de objetos más que compramos sin necesidad?

Sinceramente, somos ignorantes. Vivimos en una competencia continua, compitiendo con las personas de nuestro alrededor y si estas se compraran el mundo entero, nosotros iríamos corriendo a hacer lo mismo. ¿Para qué? Para no sentirnos inferiores. La vida está para vivirla, no para comprarla, así que intentemos conformarnos con todo lo que tenemos. Si tenemos un móvil, no lo dejemos de utilizar para comprar otro más moderno. Y es que, debemos de pensar que hay personas que ni siquiera han tenido un mísero teléfono. Si tenemos ropa, no la tiremos para comprar otra más reciente. Sabemos que hay personas viviendo desnudas, sin abrigo para pasar el invierno. Dejemos de vivir preocupados por las críticas. Seamos lo que queramos ser, no lo que el mundo nos pide que seamos. Vivamos la vida cada uno a su manera. No perdamos más tiempo en luchar para conseguir esos zapatos nuevos que han salido a la venta, o esa camisa tan chula que está tanto a la moda. Luchemos para acabar con la pobreza y vivir en un mundo justo, donde todos seamos iguales, donde todos tengamos un techo, una cama, una sonrisa sincera, un plato de comida, un abrigo para calmar el frío, una familia, una compañía, un cariño, una vida feliz. Si aprendemos a no perder el tiempo, ganaremos segundos de vida.

Esta es mi opinión, esto es lo que pienso. Tal vez tenga razón, o tal vez no. Puede que ninguna de estas palabras que he escrito tengan sentido, pero ¿acaso el mundo lo tiene?

He leído en un periódico esta frase: El diecisiete de octubre se celebra el día Internacional de la pobreza. ¿Se celebra? ¿C-E-L-E-B-R-A-R? ¿Celebrar que miles de personas no tienen una vida en condiciones? ¿Celebrar que miles de personas viven en la calle, sin comida, sin una cama para dormir, sin un techo, sin un abrigo para calmar el frío? Somos una sociedad que nunca recuerda nada de la pobreza y de repente, zas, llega el diecisiete de octubre y nos da pena ver los documentales de todos los seres humanos que viven en la calle. Llega el diecisiete de octubre y todas las portadas hablan del mismo tema, es decir, de la pobreza. Luego, llega el dieciocho del mismo mes y nos volvemos a olvidar de lo que habíamos visto el día anterior. Nos sentimos muy apenados acerca de este tema, pero ¿por qué no somos capaces de mover un dedo para acabar con la pobreza? ¿Por qué sólo nos acordamos de los pobres una vez al año? ¿Hace falta un día señalado en el calendario para recordar que no todos somos felices y que no todos vivimos en unas buenas condiciones?

Hagamos de este día el comienzo de una lucha para destruirlo y borrarlo del calendario. No celebremos este día, ya que no es motivo de celebración. Acabemos con la pobreza. Marquemos un mismo destino sin caminos pedregosos. Luchemos para encaminar al mundo entero hacia la felicidad y encontrarnos allí, en un camino feliz; donde las lágrimas nunca valgan la pena, donde podamos expresar una sonrisa sincera.









jueves, 20 de septiembre de 2012

No merece la pena cambiar

Llega un determinado momento en la vida en el que todo se empieza a complicar cada vez más. A medida que pasa el tiempo, me voy dando cuenta de todo; de quiénes son las personas que me apoyan y quiénes son las que están a mi lado por interés; me voy dando cuenta de a quiénes debo creer y a quiénes no.

He creído en falsas promesas, en amistades que me prometieron un "para siempre" y de repente, se han ido. Últimamente, me siento como una imbécil. Soy la típica amiga que está siempre ahí para apoyar y ayudar, pero luego nadie está a mi lado. Lo he dado todo sin pedir nada a cambio. Me he ilusionado demasiado y todo se ha quedado en eso, en una mísera ilusión. Es cierto que el pasado me hizo daño y el presente me va dejando muchas heridas, pero sé que todo eso cicatrizará en el futuro. La vida es mi enemiga y por eso le sonrío, porque me gusta sonreír ante el enemigo.

Estoy convencida de que nadie sabe como soy. En ocasiones, tengo miedo de actuar de la manera que soy realmente. No me termino de aceptar y no entiendo por qué. No creo en mí. No me fío ni de mi sombra. Me cuesta pedir ayuda. Intento resolver mis problemas sola. Me sobra autonomía. No me gusta molestar a nadie para contarle mis penas, porque si de verdad el importo a alguien, ese alguien sabe cuando estoy bien y cuando necesito un hombro para llorar, así que prefiero que se acerquen a mí sin la necesidad de decir nada. Soy muy sonriente y siempre me han tomado como alguien feliz, pero no es así. Mi sonrisa nunca desaparecerá, pero eso no significa la ausencia de problemas, sino la habilidad de sonreír por encima de ellos. Soy perfectamente imperfecta. Puede que mis defectos sean también mis virtudes, o que mis virtudes sean mis defectos. Nadie es perfecto, ¿por qué lo iba a ser yo?

La vida tiene diferentes etapas. En la infancia, parece que todo funciona; el mundo es maravilloso; no existen los problemas. En la adolescencia, etapa en la que me encuentro, me he dado cuenta de que no todo es felicidad. Existen los problemas y ante ellos debo de mantener una actitud positiva, de lo contrario todo podría salir peor. Esta es la etapa en la que maduro. Sé que la vida no es fácil. El tiempo va complicándolo todo, pero nada puede ser imposible si sé la manera correcta de actuar. Lo difícil sólo cuesta un poco más. Me considero como ese tipo de persona que ha tenido las cosas bastante claras. Puede que haya madurado antes de tiempo, la verdad es que lo agradezco. No me gustaría la idea de ser igual que todos los adolescentes de mi edad. Soy incapaz de llevarme bien con una persona de mi edad, dado que pensamos de una manera totalmente diferente. Todas mis amistades son mucho mayores que yo. Aquellos de mi edad ya sólo son unos simples compañeros. He aguantado muchas malas críticas hacia mi persona, pero aquí sigo y seguiré, sin cambiar lo que soy. Hablando de todo, me tengo que ir a danza dentro de muy poco, así que será mejor que escriba breve y precisa. No me gusta la idea de vivir dependiendo de dos agujas que no paran de moverse. Detesto las horas, el reloj, el tiempo.

Para acabar, quiero señalar todo lo que nunca he sido y me gustaría ser. Primeramente, siempre he sido muy tímida y tal vez por ello he dejado escapar demasiadas oportunidades. También me gustaría ser más segura de mí misma. No me gusta encariñarme tan rápido con las personas, pero siempre acabo cogiéndole cariño a toda aquella persona que me muestra aprecio, aunque a veces todo se queda en una falsa mentira. Ayudo a todo el mundo y luego, zas, llega el puñal. Quiero actuar de una manera más dura. No me gusta ser tan débil, aunque sé cuando debo mantenerme fuerte. Si me equivoco, aprendo. Si me caigo, me levanto. Si lloro, sonrío a la vez. Si sufro, me callo. Me gustaría poder mostrar mi dolor. Sonrío todos los días y la mayoría de ellos no me siento bien. No sé si eso de sonreír es una virtud o un defecto. Todo depende del momento y la situación. Sólo sé que no voy a cambiar mi forma de ser. Quién no sepa aceptarme como soy,  adiós. Quién me acepta, bienvenido. 

miércoles, 12 de septiembre de 2012

No sabemos apreciar lo que tenemos, hasta que lo perdemos.


A veces, ¿No has llegado ha echar de menos a aquella persona que un día echaste de más? ¿No has sentido que no supiste comportarte de la manera adecuada con esa persona que tanto extrañas? ¿No te pasas el día suplicando que vuelva esa persona o pensando en esa misma? Cuándo el mundo se te echa encima, ¿No extrañas a aquella persona que te hacía sonreír en los peores momentos? Cuándo pasas por un buen momento, ¿No sientes la necesidad de compartirlo con esa persona?

En ocasiones, nos comportamos como imbéciles. Cada vez que tenemos a una gran persona a nuestro lado nunca la sabemos apreciar, hasta que la perdemos y es ahí cuándo nos duele, cuándo lloramos deseando retroceder el tiempo y empezar todo de nuevo.

Después de haber visto marchar a la persona tan especial, es cuando sentimos que desaprovechamos el tiempo, porque estábamos convencidos de que ella siempre iba a estar a nuestro lado, pero lo que nunca llegábamos a imaginar es que la distancia llegaría y se la llevaría enredada entre sus brazos.

Buscamos consuelo por todas partes, buscamos motivos para sonreír incluso sabiendo que no tenemos cerca a la persona que nos sacaba esa sonrisa tonta todos los días. Sabemos que no nos sentimos bien, pero somos tan retorcidos de no querer demostrarlo. Vivimos cada día pendientes del tiempo, esperando a que este mismo nos devuelva lo que un día nos quitó. Nuestra mente piensa que no nos hace falta esa persona para vivir, pero nuestro corazón pide a gritos que regrese. Queremos olvidarnos de ella, pero no paramos de recordarla. Sonreímos al recordar los buenos momentos que pasamos junto a ella y lloramos al saber que   todo se ha quedado en un pasado. Y es que, nunca hemos sabido apreciar lo que tenemos, hasta que lo perdemos.

¿Te vas por lo que soy, o por lo que nunca fui?






martes, 11 de septiembre de 2012

Una herida incapaz de cicatrizar.

Ya hace varios días que no me he parado por aquí a escribir y no ha sido por falta de tiempo, ni por problemas con Internet, no, esta vez ha sido por falta de expresión. No sé como expresar este punto en el que me encuentro. No sé si estoy bien, o si se me cae el mundo encima.

Nada me sale bien y cuando pienso que todo comienza a funcionar, zas, se derrumba todo de nuevo. Me siento hundida bajo las sombras del pasado. Mi vida se ha vestido de negro, pero siempre sobresale ese vestido de colores que me hace sonreír por fuera, mientras las lágrimas me ahogan por dentro. No hay un día en el que la vida no me plante un motivo para llorar. Sigo sin entender nada de esta situación. ¿Qué puedo hacer, si todo me sale del revés?

Noto que todo ha cambiado. Ya no me rodean las mismas personas de siempre. Hay algo que se ha movido de lugar y no entiendo por qué. Me siento sola. No confío en nadie, porque sé que nadie sería capaz de entenderme. Me han traicionado tantas veces, que ya no soy capaz de arriesgar. Sé que el que no arriesga no gana, pero me he dado cuenta de que nunca podré ganar, ni siquiera arriesgando, así que prefiero quedarme encerrada entre los brazos del silencio.

No creo en palabras, creo en echos. A mí no me vale leer un "te quiero mucho", ni un "estaré aquí para todo", no, todo eso ya ha acabado. He creído demasiado en palabras que nunca he visto convertidas en echos, así que aquí acaba todo. He quemado en un rincón de mi corazón  todas las palabras que nunca fueron demostradas.

Sí, digan lo que digan, sí estoy sola. Puede que en los buenos momentos tenga a miles de personas a mi lado, pero ¿quién está aquí cuándo necesito llorar? ¿quién está aquí para escucharme? ¿quién está aquí para calmar mi dolor? Me cuesta confiar en alguien y todo por culpa del pasado, ya que ha sido él quién me ha formado estas dudas, este miedo a seguir adelante.

En este mismo instante, estoy llorando. No sé exactamente lo que expresan mis lágrimas. Quizás sean de añoro, o quizás de emoción, o también pueden ser de dolor. No me entiendo ni yo. No soporto esta situación. Me siento desesperada. Siento impotencia y desilusión. Sinceramente, quiero desaparecer de este doloroso mundo. La vida juega en mi contra y siempre me toca perder. Estoy muy harta de pasar todos los días por la misma situación y nunca encontrar una solución. No seré la mejor persona del mundo, pero creo que no me merezco nada de esto tan cruel que la vida me está trayendo cada día...

Esta herida me la había echo el pasado y pensé que el presente había lograrlo curarla, pero veo que es incapaz de cicatrizar.






jueves, 30 de agosto de 2012

Quiero escaparme de este eterno anochecer.

Ha llegado otra noche, ha pasado otro día. El brillo de la Luna me ha dicho que aún no estás aquí y yo sigo aquí, esperándote. Las estrellas no se cansan de brillar, aunque mi vida continua oscura.

La noche transcurre y yo sigo intentando aclarar mi alma. Mi corazón contradice todo lo que mi mente piensa, mi pecho siente un vacío difícil de llenar. Los soplidos del viento se cuelan por los mechones de mi pelo, igual que las lágrimas se han colado por mis ojos.

Pensamiento tras pensamiento, dejo la noche pasar. Suspiro sin descanso, expulsando el aire que me sobra por alguien que me falta. Mi mirada se pierde, se dirige hacia ningún lugar; intenta encontrar un destino al que llegar.

No sé a dónde voy, ni siquiera sé dónde me encuentro. Estoy dentro de otro mundo, fuera de este tan absurdo sobre el que pisan mis pies. El mundo es un escenario, la vida es una actuación y yo, en este mismo instante estoy situada detrás del telón. El telón, el lugar en el que me invaden los pensamientos y los recuerdos vividos en las actuaciones pasadas; en el que se me echan encima los errores que he cometido a la hora de actuar.

No amanece y la Luna no quiere darle paso al Sol. La noche parece eterna. Yo sigo aquí, detrás del telón; intentando averiguar la mejor forma de actuar. La realidad me confunde con el teatro, pues la vida aparenta ser una simple actuación improvisada.

En esta noche, echo de menos a personas que un día eché de más. Es en este mismo instante, en el que siento que no he sabido aprovechar el tiempo. La oscuridad de la noche me dice que volverás y entonces será ahí cuándo comience a amanecer. Sé que si no vuelves, no volveré a ver el Sol; no podré contemplar el azul del cielo; no podré ver el brillo de la Luna.

No estoy desvelada, sino que no quiero dormir. No quiero cerrar los ojos e imaginar que todo es perfecto, porque luego, al abrirlos, me daré cuenta de que todo se ha quedado en eso, en una imaginación, en un maldito sueño.

Detesto la noche, porque con su oscuridad me hace sentir que jamás podré hacer realidad mis sueños. Mis metas están marcadas, pero por la noche, cuando fundo mi cabeza sobre la almohada, siento que nunca podré alcanzarlas. Mi corazón detesta enamorarse, pero cuándo llega la noche se duerme pensando en una única persona y se despierta pensando en esa misma, entonces se da cuenta de que sí está enamorado, aunque duele.

Me paso las noches en vela, rompiéndome la cabeza. Me detengo unos minutos a observar la calle desde la ventana de mi dormitorio. Alcanzo a ver las estrellas, la Luna y el cielo oscuro de esta noche tan pesada. El cielo, eso es lo que encuentro en tu mirada. Cuándo te miro a los ojos veo un mundo totalmente distinto; un mundo en el que siempre es de día; en el que no existe la noche; en el que el cielo siempre luce un bonito vestido azul.

Ahora lo entiendo todo. Ahora sé por qué no amanece, por qué sigue todo tan oscuro y por qué el cielo está tan negro. Me hace falta tu mirada, para poder ver el cielo azul. Necesito tus ojos, para salir de este eterno anochecer. ¿Cuándo te volveré a ver?

lunes, 27 de agosto de 2012

¿Para qué gritar estando tan cerca?


Gritamos porque estamos enfadados y cuando eso ocurre perdemos la calma, pero, ¿Por qué aunque estemos cerca gritamos cuando estamos enfadados? Porque cuando dos personas están enfadadas, sus corazones se alejan mucho. Para descubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enfadados estén más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.
Y...¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan, sino hablan suavemente, ¿Por qué? Porque sus corazones están muy cerca, entonces la distancia entre ellos es muy pequeña.
Cuando se enamoran más aún, ¿Qué sucede? No hablan, sólo susurran y están aún más cerca que antes. Con el paso del tiempo no necesitan ni siquiera susurrar, porque con una simple mirada se lo dicen todo.
Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

sábado, 25 de agosto de 2012

Nada es fácil, pero tampoco imposible.

En ocasiones, no sabemos decir todo lo que sentimos. Escondemos nuestros propios sentimientos, lloramos y sentimos desesperación, pero también sentimos miedo de lo que pueda ocurrir si dejamos salir nuestros sentimientos más profundos.

Vivimos cada día imaginando cómo sería nuestra vida al lado de esa persona con la que soñamos cada noche, pero siempre escondemos lo que sentimos cuando tenemos a esa persona cerca.

Dejamos que el tiempo transcurra y no somos capaces de reaccionar, hasta que el tiempo se acaba y es este quién consigue alejarnos de esa persona tan querida por nuestro corazón. Entonces, es ahí cuando llega el dolor, cuando nos arrepentimos de no haber expresado a tiempo todo lo que sentíamos.

Los días pasan envueltos en recuerdos, empapados en lágrimas de añoro. Nos sentimos idiotas al saber que hemos dejado marchar a la persona más especial de nuestra vida, aquella por la que sonreíamos sin querer, por la que se aceleraba nuestro corazón cuándo la teníamos a centímetros de nuestro cuerpo.

No sabemos qué hacer cuándo vemos que todo ha acabado y la distancia ha producido una herida, un hueco vacío en nuestro corazón. Los pensamientos se clavan en nuestra mente como puñales recién afilados.

Nos levantamos cada día con la esperanza de que regrese la persona que hemos dejado escapar, pero todo se queda siempre en eso; en una mísera esperanza que no sé por qué nunca perdemos.

El mundo se nos echa encima y no tenemos a esa persona que nos ayudaba a levantar. Parece que todo ha acabado, pero sabemos que debemos de continuar. Sonreímos sin motivos intentando animar nuestro corazón, aunque estamos seguros de que el desánimo siempre nos acabará derrumbando.

Las personas somos ignorantes. Amamos y la mayoría de las veces no demostramos ese amor. Sentimos miedo del maldito "qué dirán". La cobardía nos hace perder oportunidades. Vivimos dentro de un sueño por el que no luchamos para que se haga realidad. Creemos en el amor, pero no queremos enamorarnos. Decimos que en el amor no importa nada y luego, criticamos a las parejas que se llevan más de diez años de edad, o a aquellas que son de distinta raza. Nunca hemos sido capaces de reaccionar y darnos cuenta de que no merece la pena sufrir por amor. El mundo no se acaba si no tenemos a la persona que amamos a nuestro lado. La vida sigue y tenemos que vivirla con o sin esa persona. El tiempo nos regalará a la persona adecuada y si no es así, es porque no la necesitamos para ser feliz. Es cierto que siempre lloramos por este maldito sentimiento, aunque sabemos que no deberíamos hacerlo. Nadie merece nuestras lágrimas y quien las merezca nunca nos hará llorar, así que levantemos la cabeza. ¿No decimos siempre que la vida son dos días? ¿Por qué desaprovechamos el tiempo en lágrimas de desamor, si sabemos que el tiempo nos hará olvidarnos de esa persona a la que tanto amamos hoy, pero quizás detestemos mañana? Nunca es fácil olvidar a alguien que ha formado una gran parte de nuestra vida, a alguien que ha estado siempre a nuestro lado. Esta vida no es fácil, pero tampoco imposible. Nada es imposible si sabemos cómo actuar. Siempre habrá una persona que olvidar, una sonrisa que expresar, una lágrima que esconder, un secreto que guardar, una razón para llorar, un corazón que arreglar y una lucha sin final. Si vivimos siempre pensando en una misma persona que queremos olvidar, ¿cómo diablos vamos a conseguir sacarla de nuestra mente, si no paramos de recordarla? Sólo tenemos que poner un poco de entusiasmo, fuerza y un par de sonrisas; eso será suficiente para arrancarnos a esa persona.

El amor no es difícil, lo que pasa es que lo complicamos nosotros con nuestras inseguridades. Por una vez, seamos capaces de actuar confiando en nosotros mismos, sin dejarnos llevar por lo que digan los demás. Nadie debe de decidir por nosotros. Si amamos, demostremos ese amor sin miedo a lo que pueda ocurrir. Ni el vértigo, ni el miedo pueden destruir nuestros sueños y mucho menos nuestros sentimientos. Entremos en razón y seamos capaces de enamorarnos del corazón, olvidando el físico, el sexo, la raza y/o la edad de alguien. El amor es un sentimiento precioso y no doloroso como creemos nosotros. Nada duele si sabemos cómo cicatrizar bien las heridas. Siempre nos rompen el corazón, ¿por qué seguimos amando con cada uno de sus pedazos? Se puede vivir sin amor, pero estamos entusiasmados en convivir con él y, ¿para qué? ¿para llorar cuándo todo llegue a su final? ¿para sufrir cuándo se vuelva a ir este sentimiento?

Por mucho que lo evitemos y no lo queramos aceptar, siempre acabamos enamorándonos de alguien. A veces, de la persona menos indicada, sin embargo muchas veces acabamos enamorándonos de la persona perfecta para el resto de nuestra vida. Todo depende de la suerte que nos ofrezca el tiempo. Siempre nos cuesta demostrar lo que sentimos. Tal vez, por vergüenza. Alomejor, por miedo. Pero, aquí, el que no arriesga no gana. El mundo es un riesgo, ¡arriésgate y tendrás más posibilidades para ganar! Expresemos lo que sentimos dentro, ya que así podremos sentirnos mejor, tendremos esa sensación de libertad y nuestra sonrisa se expresará de una manera más sincera.

Y recuerda: No es fácil, pero tampoco imposible.


La vida es de colores, así que nunca la mires en blanco y negro. ¡Y sonríe!






lunes, 20 de agosto de 2012

La absurda realidad.

¿A veces, no te has sentido solo aunque sepas que tienes a mucha gente alrededor? Pues así es como me siento yo día tras día y sé que tengo mucha familia, muchos amigos que me dicen "siempre estaré aquí", pero luego nunca están, y eso duele.

No tener a nadie en quién poder confiar, a quién poder contarle mis problemas, a quién pedirle un abrazo cada vez que lo necesito, en quién poder apoyarme cuando quiero llorar; no tener a nadi, duele.

Tener que levantarme cada día sabiendo que estaré sola de nuevo, estaré una vez más encerrada en recuerdos, llorando a solas, mientras una sonrisa se refleja en mi cara cuando hay alguien cerca; vivir así cada día, duele.

Ver que el tiempo pasa y sigo sin tener ganas de vivir, sin motivación para luchar, sin fuerza para seguir adelante, sin apoyo, sola; ver todos los días la misma mierda, duele.

Saber que la única persona que se acercaba a mí cuando me veía llorar y me sacaba una sonrisa en todos los momentos puede que no regrese a mi lado, duele.

Vivir con una sonrisa por fuera, mientras por dentro me inundan las lágrimas, duele. Tener sólo una mísera hoja en blanco para poder desahogarme, duele.

Tener miedo a caer, porque sé que nadie me ayudará a levantar, me duele mucho. Estoy llena de heridas. Me siento encerrada en una burbuja que va subiendo lentamente y, a medida que sufro, va creciendo y presionándome más. Y yo sigo con la esperanza de poder explotarla, salir de ella y, antes de caer al suelo, caiga sobre alguien que ha extendido sus brazos para salvarme. Entonces será ahí cuándo estaré segura de que le importo a alguien en este insensato mundo.


En una alfombra de sueños y voy volando dormida.


Quiero estar sola, si sola todo estará bien.


martes, 14 de agosto de 2012

Extrañándote a cada segundo.

Aún recuerdo ese primer día, cuándo te vi entrar por las puertas de mi vida, cuándo me quedé clavada en tu mirada. Aquel primer día en el que presentí un cariño especial hacia ti.

A medida que los días pasaban y las horas transcurrían sin descanso, yo seguía sin darme cuenta de la persona que tenía a mi lado, del gran amigo que había estado conmigo desde el primer momento, el que me ayudaba en todo, el que me enseñaba a aprender. Yo seguía encerrada en mi mundo de ignorancia, sin saber apreciar lo que tenía a mi lado.

Sabía que tus ojos me encantaban, también adoraba tu sonrisa y tu manera de hacer sonreír. No le quise dar importancia a todo lo que comenzaba a sentir hacia ti. Pensé que sólo era aprecio, el aprecio que le tengo a todos mis amigos; pero cuándo me paré a pensar, quise ver la situación en la que me encontraba. Era increíble. Estaba enamorada, pero no lo quise aceptar. No quise darme cuenta de lo que en realidad sentía, porque sabía que todo era una locura; sabía que sólo iba a sentir dolor. Me había dejado llevar demasiado por mi corazón y cada día me convencía más de que no podía vivir sin ti. Cuándo te veía, se paraba el mundo y en él nos deteníamos tú y yo; contando las estrellas, perdiendo la cabeza, jugando con sonrisas, intercambiando las miradas, fuera del tiempo, bailando bajo la luz de la luna, mientras mis labios acariciaban los tuyos, mientras el viento se llevaba las barreras que nos separaban.

Luego, la distancia quiso separarnos, pero el destino jugó de nuestro lado y me pudo construir un nuevo comienzo a tu lado, aunque seguía distanciada de ti. Me comportaba como una imbécil. Te amaba, te odiaba, te necesitaba, no quería verte, te extrañaba. Tenía la cabeza echa un lío y mi corazón no sabía si rogarte que te quedaras, o dejarte marchar. Mientras lloraba desesperada con la almohada, intentaba encontrar una solución que me ayudase a olvidarme de ti; una solución que aún ando buscando.

El reloj andaba, los pájaros cantaban, el sol brillaba, el viento soplaba y mi corazón lloraba, mientras te llamaba a gritos desesperados. No podía sacarte de mi mente. Quise llorar, pero recordé tus palabras; palabras que nunca olvidaré. ¿Recuerdas cuándo me dijiste que no te gustaba verme llorar? Pues esa es la frase que recuerdo cada vez que una lágrima lucha por patinar sobre mi cara.

Sabía perfectamente que la distancia estaba a punto de separarme de ti una vez más, pero no quise reaccionar y dejé que el tiempo decidiera por mí. Y de nuevo, llegó ese último día a tu lado; ese día en el que ansiaba abrazarte y no irme de tus brazos hasta el último segundo a tu lado; en el que necesitaba decirte todo lo que llevaba dentro, pero nunca fui capaz de hablar. Ese último día transcurrió como todos los que había vivido contigo. Ni siquiera te imaginas las ganas tan inmensas que tenía de llorar y lanzarme a tus brazos, rogándote que te quedaras, susurrándote al oído que te necesito. No puedo vivir sin ti, ¿sabes?

Sonó la campana del tiempo. Había llegado la hora de abrir las puertas de mi vida y verte salir por ellas. Sí, el tiempo encontró las llaves de las puertas de mi vida e hizo que salieras por ellas, pero nunca encontrará las llaves de mi corazón y si las encuentra, yo cambiaré de cerradura. Nunca saldrás de mi corazón, nunca.

Sé que guardé palabras que debí decirte, pero tenía miedo de actuar. Cada día soñaba con tenerte y sé que te tenía, pero no de la manera que yo quería. Me robabas sonrisas, me secabas las lágrimas, te acercabas a mí cuándo me veías mal, me defendías, me ayudabas, me enseñabas, me mirabas, me enamorabas, me desvelabas. Eres uno de los grandes, nunca lo olvides♥.

Gracias por haber aparecido en mi vida y, aunque el tiempo quiso separarnos, nunca olvidaré los grandes momentos que viví a tu lado. Personas tan importantes como tú, son imposibles de olvidar. Me paso los días recordándote. Mi mirada se pierde entre recuerdos a tu lado; entre sonrisas compartidas. Te permito que me olvides, sé que no tardarás en hacerlo e incluso cabe la mísera posibilidad de que ya no me recuerdes, pero no importa, porque los recuerdos siempre volarán bien alto y podrán aparecer en el momento menos esperado. Si la distancia se ha intervenido, será por algún motivo. Pero nunca existirán motivos suficientes para convencerme de que no volverás a entrar en mi vida. Sé que volverás a tocar en mis puertas y el mismo reloj que un día nos separó, nos volverá a reencontrar.







domingo, 12 de agosto de 2012

Un nuevo amanecer.

Y de repente, me encuentro con el silencio de una noche de sábado muy calurosa y estrellada. La tentación de escribir me ha surgido a la una y veintitrés de la madrugada, así que aquí estoy; tecleando sin control y luchando para que el sueño no se pose en mis pestañas.

La oscuridad me asusta, pero el valor puede conmigo y ha sido este quién me ha cogido en sus brazos para traerme hasta aquí y así poder escribir. No sé que demonios hago despierta a esta hora. La escritura me ha desvelado y no he podido evitar venir hasta esta hoja en blanco, aunque ni siquiera sé exactamente cómo voy a rellenarla.

Los sonidos raros de la oscuridad consiguen robarme concentración y también, acelerar los latidos de mi corazón. Reconozco que ahora mismo me siento igual de asustada que un niño inocente en una noche de reyes; no lo puedo definir con otras palabras.

Los soplidos del viento chocan ruidosamente contra mi ventana, por mis oídos se cuelan ladridos lánguidos de perros desvelados. Y las absurdas agujas del reloj, no paran de moverse; mientras escucho ese pegajoso tic-tac que provoca el paso de las horas, horas en las que debería de estar durmiendo, sin embargo estoy escribiendo sin rumbo alguno.

Pensaba que sólo era el amor aquel que conseguía desvelarme, pero esta noche no ha ocurrido así. Me ha desvelado la escritura, o tal vez mis reflexiones con la almohada. Cabe la misera posibilidad de que esté enamorada de la escritura, pues todo el día estoy pensando en ella y buscando ese momento en el que pueda refugiarme detrás de sus letras. La verdad es que, este sería el único amor que me podría hacer feliz eternamente, porque sólo cuándo escribo puedo sentirme en una felicidad total y absoluta.

Las horas pasan y ya son las dos y media de la madrugada. Mis amigos estarán todos de fiesta y seguramente, bebiendo alcohol para llegar a sentir ese orgullo de ignorantes de mentes retorcidas, mientras yo sigo aquí bailando con las letras; divirtiéndome con el silencio; riendo con mis pensamientos; sin la necesidad de quedarme sorda con una descabellada y escandalosa música asesina; y sin aguantar pisotones de personas descontroladas.

Yo puedo ser feliz aquí; con mis letras, bebiéndome la noche, hablando con la luna, contando las estrellas, tragándome el reloj, escribiendo y perdiendo el control, sin echar en falta el alcohol.

Me fumo los recuerdos, me bebo a tragos el pasado. Cierro los ojos y me voy dejando caer sobre la luna, que poco a poco va dando paso al sol. Y entonces es ahí cuándo sé que me espera un nuevo amanecer. Buenas noches, mundo.

jueves, 9 de agosto de 2012

Un instante de amor.

Y ha sido en este mismo instante cuándo me ha apetecido venir hasta aquí, para intentar refugiar mis penas detrás de las palabras.

Hoy, tengo ganas de hablar sobre el amor. Nunca existirá una definición exacta acerca de esta palabra, porque es el único término imposible de describir con las palabras correctas. Cada persona tiene su manera de describir el amor. Todo depende de las experiencias vividas con este sentimiento. Algunas personas dicen que el amor es odioso; otras, en cambio, dicen que es adorable. He oído decir que el amor puede traer la felicidad, pero también he escuchado que puede robarla. Dicen que el amor forma un millón de sonrisas sin motivos, pero también hace derramar uno y medio de lágrimas. Unas personas son capaces de decir que el amor solamente hace sentir dolor y muchas otras son incapaces de decirlo; unas que están enamoradas del amor, otras que están enamoradas con amor y muchas otras fingen estar enamoradas. La mayoría dice que el amor es eterno, pero otra gran mayoría cree que no lo es.

En mi opinión, el amor no tiene ninguna manera de describirse. El amor se siente, no se describe. En ocasiones, se convierte en un infierno; otras, en un paraíso; y a veces, en un juego. Pero, por encima de todo, el amor es un sentimiento fácil de sentir, pero difícil de olvidar. Un sentimiento difícil cuándo se convierte en una mentira, pero muy lindo cuándo se siente de verdad. El amor no entiende de razas, ni de edades, ni de físico, tampoco del sexo de una persona; aquí, en el amor, lo único que importa es el corazón.


martes, 7 de agosto de 2012

Sé que te amo, pero déjame decirte que no quiero amarte de ninguna de las maneras posibles.







Una entre más de un millón será la correcta.

En esta tarde de martes tan aburrida, vientosa, silenciosa y larga, se me ha ocurrido venir hasta aquí; hasta esta hoja que he encontrado en blanco, para intentar ordenar mis ideas y pensar si el camino por el que avanzo día a día es el correcto.

Siempre he sabido lo que quiero hacer con mi vida, pero nunca he estado segura de que mis ideas sean las correctas. Quiero que mi vida esté cargada de buenos momentos, de grandes recuerdos, de logros que creía imposibles de ganar, pero sobretodo, de sueños echos realidad. Cada día juego a escribir mi vida y poco a poco construyo mi destino. No quiero soñar mi vida; necesito vivir mi sueño.

Guardo palabras que debería decir, pero siento miedo de que todo empeore y no tener ningún botón para retroceder al pasado. La vida no es como un ordenador, ella no tiene ninguna flechita para regresar atrás cuándo me equivoco, por eso prefiero callar y dejarlo todo como está. La vida se encargará de poner a cada uno en su lugar. Sólo estoy centrada en mi sueños y en mi futuro; ignoro los problemas que me rodean, salto las barreras que me intentan derrumbar y sonrío, aunque sienta frío. Duele estar temblando, mientras un escalofrío recorre todo mi cuerpo, sin tener a nadie a mi lado para que me abrace.

Mi vida no ha sido mala, pero podría haber sido mejor. No me arrepiento de lo que he vivido, ya que al fin y al cabo, ha sido mi vida, pero me gustaría retroceder en el tiempo y actuar de otra manera; de una manera más dura; de la manera en la que no me puedan llegar a tomar como una imbécil. He dejado miles de sueños atrás, porque no he sabido actuar. Soñaba con aquel castillo de princesas tan divertido y era lo único que pedía por mi cumpleaños, por navidad e incluso como premio por mis buenas acciones, pero nunca lo conseguí; siempre escuchaba "otro día lo tendrás, pero de momento no puede ser". ¿Acaso ser pequeña significa no poder darse cuenta de las cosas? Sí, sí era capaz de ver la situación en la que me encontraba y sabía que nunca iba a tener ese castillo, pero sonreía siempre que me decían que algún día lo tendría; sonreía intentando aparentar que me creía todo lo que me decían. Desde muy pequeña he sabido que, por mucho que llore, nunca se puede tener todo lo que uno desea. A pesar de haber luchado con esfuerzo para conseguir aquel castillo, nunca lo llegué a tener, pero sé que lo importante fue que nunca me dí por vencida, nunca me rendí y fui capaz de sonreír. 

Ahora, he crecido y ya no sueño con abrir un regalo y encontrar un juguete dentro de él. Mis sueños ya no están envueltos en papel esperando alguna ocasión especial para abrirlos y, por fin, alcanzarlos. Ya no tengo ni la más remota idea de dónde pueden esconderse mis sueños, pero espero que no estén lejos de mí; espero que la vida me deje atraparlos y me dé el suficiente tiempo para ello. Aún no estoy segura de cómo debo luchar, pero lo estoy intentando de varias maneras. Alguna de ellas será la correcta.




martes, 31 de julio de 2012

901 Fácil de escribir, difícil de explicar.

Desde el primer momento sentí que algo raro se movía en mi interior cada vez que te miraba, pero no quise darle importancia. Poco a poco, me daba cuenta de que ya no eras alguien conocido, sino un gran amigo; un amigo que me enseñaba a aprender.

Pasaba el tiempo y cada vez aumentaban más mis sentimientos hacia ti. Sabía que ya no era solamente aprecio lo que sentía hacia tu persona; sentía algo más profundo, imposible de describir. No podía sacarte de mi mente. Adoraba tus ojos, tu sonrisa, tu mirada. Oírte reír a carcajadas era como oír el sonido del mar. Mirarte a los ojos era como ir subiendo poco a poco hacia las nubes.

Todo se me fue de las manos y cada día ibas ocupando cada hueco vacío de mi corazón, hasta que lo llegaste a ocupar por completo, entonces fue ahí cuando me dí cuenta de que me había equivocado. No podía controlar la situación, tampoco podía controlar mi corazón. Mientras mi mente me decía "olvídate de él", mi corazón gritaba "sabes que es imposible olvidarle, es muy profundo lo que sientes". Estaba desesperada. Era imposible poner mi mente de acuerdo con mi corazón y siempre entraban en una descabellada discusión.

No podía verte, pero tampoco podía vivir sin ti. Te convertiste en mi único amigo, en una gran persona. Gran parte de mi sonrisa siempre era gracias a ti. Adoraba cada palabra que salía de tu boca. Tu aroma me hacía viajar como una burbuja de jabón que sube lentamente hacia el cielo. Tu manera de defenderme conseguía que diera saltos de alegría cada vez que recordaba lo que habías hecho por mí. Esa manera de hablarnos con una mirada me volvía loca. La sonrisa que juntos formábamos era preciosa. Verte enfadado conmigo me partía en pedazos, pero te seguía amando con cada uno de mis pedacitos.

Sabía que tenías que irte, por eso intentaba aprovechar cada segundo que pasaba a tu lado, pero no fue fácil y creo que no supe aprovechar el tiempo. Siempre estaba distanciada de ti, me comportaba de una manera muy fría contigo, pero es que no sabía como actuar. Era algo increíble. Era verte y comenzar a temblar; era tenerte cerca y comenzar a perder el sentido, por eso nunca supe qué decirte y solamente fui capaz de sonreírte.

Intenté demostrarte lo que llevaba dentro de mi interior, pero sé que nunca lo llegaste a entender. Pensaste que sólo era una niña que te tenía mucho cariño como a todos mis amigos, pero no era esa la situación. Y es que, sentía mucho miedo de lo que pudiese ocurrir entre nosotros. No sabía como reaccionarías ante el momento en el que te confesase lo que sentía, pero preferí callarme, ya que encontré muchas posibilidades de que todo empeorara entre nosotros.

No me preguntes qué fue lo que me hizo sentir todo esto que ahora mismo siento hacia ti, porque ni siquiera yo lo sé. Tal vez, hayan sido tus virtudes o tal vez, tus defectos, pero, sea lo que sea, me encantas.

Te he agradecido millones de veces todo lo que me has enseñado, todos los momentos en los que estuviste ahí intentando apoyarme, pero nunca fui capaz de darte las gracias por haber aparecido en mi vida. Si supieras que fuiste la única persona que se acercó a mi lado para preguntarme "¿Qué te ocurre?" cuándo veías que mi sonrisa desaparecía; si superas que solamente tú sabías cuándo estaba bien y cuándo necesitaba un hombro para llorar; si supieras que fuiste tú el único que logró sacarme esa sonrisa en los peores momentos; si supieras todo esto que siento y todo lo que te extraño...

Sé que debo sacarte de mi mente, pero de nada me sirve sacarte de ahí, si no puedo sacarte de mi corazón. Todo me recuerda a ti.  Estás en toda letra de las canciones que escucho. No pasa un día en el que no piense en tu nombre, en tu sonrisa, en tu mirada o en los momentos a tu lado.

No sé lo que me trajo a esta situación; la situación en la que comienzo a desesperarme, porque veo que los días pasan y no te veo; en la que lloro, porque siento miedo de no volver a verte; en la que siento miedo de que estés cerca de mí, pero a la vez tan lejos.

Te necesito aquí, aquí conmigo. Sólo tú sabes comprenderme, sabes estar a mi lado, sabes demostrarme que te importo, sabes enseñarme, aconsejarme, apoyarme, ayudarme, secarme las lágrimas y sacarme múltiples sonrisas.

He pensado en que, tal vez, tú ni siquiera me recuerdes y eso me hace daño, pero también cabe la posibilidad de que no me hayas olvidado, por eso no he dejado de sonreír. Por cierto, siempre que lloro recuerdo tus palabras; aquellas que decían que no te gustaba nada ver mi sonrisa perdida, por eso intento sonreír, mientras una lágrima se resbala sobre mi mejilla.

Lo mejor que pudiese hacer ahora sería pasar página, pero creo que lo mejor sería cambiar de libro, aunque yo no haré ninguna de esas dos cosas. No quiero pasar página, porque me entretiene la que estoy leyendo y tampoco quiero cambiar de historia, porque tú eres el protagonista de la que estoy leyendo y este libro no lo cambiaría por nada del mundo.

¿Recuerdas que un día te dije que eras grande, muy grande? Pues nunca lo olvides, porque siempre estaré convencida de que eres una grandísima persona. La distancia no va a hacer que te olvide, dado que unos malditos kilómetros no van a destruir toda esta explosión de sentimientos, momentos, sonrisas y lágrimas que he vivido a tu lado.

Seguro que nunca llegarás a leer estas palabras que acabo de escribir y si las lees sé que no te vas a sentir identificado en ellas, porque no tienes ni idea de todo esto que me has hecho sentir. El dueño de estas palabras eres tú. El dueño de mi corazón también eres tú, así que espero que no me lo destroces. Eres increíble. Te quiero. Quiero olvidarte, pero para siempre recordarte.



Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Nadie podrá sustituirte, te lo prometo. Siempre significarás una gran parte de mi corazón, un gran motivo de mi sonrisa. Pues eso, que eres la mejor persona del mundo y te deseo lo mejor en todo. BSS. 220612. No fue un adiós, será un hasta siempre.








martes, 24 de julio de 2012

Un interior escrito.

Me considero como una maniática del orden. Soy poca cosa. Busco la perfección en todo y sé que no existe. Soy muy patosa y casi todo se me cae al suelo. También soy muy torpe para dibujar; nunca me ha salido una estrella recta. Me río con facilidad y me cuesta mucho llorar, pero cuando lo hago no puedo parar. Le sonrío a la vida aunque esta no me sonría y si me sonríe pues sonreímos juntas. Me enamoro de las virtudes, pero también de los defectos. No busco nada, prefiero que todo llegue por sorpresa. Adoro la música y me encanta bailar. Me han hecho daño, me han clavado puñales y he dejado que me utilicen, pero aquí estoy; aprendiendo de mis errores. Me han dicho miles de te quiero, pero muy pocas personas me lo han sabido demostrar. Cuento los amigos de verdad con los dedos de una mano y aún así me siguen sobrando dedos. No me fio ni de mi sombra. Cuando lo hago todo al revés es cuando me sale todo bien. Odio ducharme con agua fría, soy muy friolera. Tiemblo con facilidad, sobretodo por amor y cuando veo que él se acerca el corazón se me acelera, mi cuerpo se tambalea como si de estar borracha se tratase. Muchas veces me siento como una mierda pisoteada encima de una asquerosa acera, pero me sienta como me sienta, nunca dejo de sonreír. Creo en el amor, pero en el verdadero, ese que me saca una sonrisilla tonta y sin motivos cada vez que pienso en una persona, esa persona, la más especial. Odio la falsedad y cada día me doy cuenta de que es la enfermedad más extendida por el mundo. Me preocupan todos los problemas de mi gente, pero nunca le doy importancia a los míos. No me entiendo ni yo, a veces ni la música me entiende. Intento vivir un sueño y no soñar mi vida. Hago miles de tonterías por amor. Soy una imbécil. Me encariño demasiado rápido con las personas y luego, zas, llega el puñal y me toca sufrir a mí, mientras otras personas se ríen de mi dolor. En algunos momentos no quiero ver a nadie, pero tampoco quiero estar sola. Cuando cierro los ojos se acercan los suyos, su mirada se cruza con la mía, sus caricias me encierran en una cárcel de la que no quiero volver a salir, sus labios rozan los míos, mi sonrisa se refleja en sus pupilas. Luego, vuelvo a abrirlos y me encuentro con la puta realidad, entonces es ahí cuando más me duele. Nunca he sido rebelde, pero cuando me rebelo no hay quién me aguante. Soy muy simpática y cariñosa, pero a veces un poco pesada. Intento hacer sonreír a todo el mundo, por eso soy un poco payasa. Odio el tiempo y no soporto escuchar el absurdo tic-tac del reloj que me indica que el tiempo está pasando y todo sigue igual. Mi cabeza se hace un lío fácilmente, pero soy muy ágil para volverla a ordenar. Me gusta aprender, pero reconozco que detesto equivocarme, aunque aprendo mucho de mis errores. No tengo claro lo que es el amor y muchas veces me han roto el corazón, pero yo me he vuelto a enamorar con cada uno de los pedacitos. Siempre me enamoro de la persona menos indicada, pero de la más especial, aquella que me ha apoyado siempre. Me encanta reír y mi sonrisa va dedicada a muchas personas, especialmente a una que sé que no le gusta nada que la pierda. Me encanta la primavera, porque las flores decoran este triste mundo en el que vivimos. Nunca he sido capaz de expresar lo que pienso o siento. Ya no sé si el mundo está al revés o soy yo la que está cabeza abajo. Creo en el destino, pero no me preocupo en encontrarlo. Perdono, pero nunca olvido. Me levanto, aunque vuelva a caer. Me río de mis defectos y adoro mis virtudes. Sí, me importa lo que digan de mí, pero nunca le doy importancia. Me cuesta reconocer mis errores. Soy muy cabezota. En algunas ocasiones soy muy orgullosa, pero en otras muchas me trago el orgullo. No soy rencorosa, solamente sé diferenciar los momentos en los que debo perdonar y en cuáles no. Me preocupo demasiado por el futuro. no vivo lo suficiente el presente y nunca olvido el pasado. Me dan miedo muchas cosas, en especial la vida, porque tiene muchas sorpresas bonitas, pero también demasiadas desagradables. No soy capaz de pasar una tarde entera estudiando, pero sí una noche. Me preocupan los exámenes y me pongo muy nerviosa cuando se me acumulan, pero al final me suelen salir todos bien. Me cuesta pedir ayuda. Siempre intento hacerlo todo por mí misma. Me considero una adolescente, pero no soy de esas que se creen las mejores, de las que se vuelven rebeldes, de las que buscan un novio ansiosas, no, yo no soy de esas. Yo prefiero sentirme a un nivel igual que todas las personas o incluso por debajo de todo el mundo. La rebeldía no lleva a ninguna parte, por eso la dejo siempre de lado. Yo no busco el amor, sé que si no viene es porque no lo necesito. Me encanta pasar las tardes sola en casa, con la música a tope y encerrada en mis pensamientos. Siempre necesito hacer deporte para sentirme bien. Cada vez que tengo tiempo libre me voy sola por ahí a hacer un poco de ejercicio. En muchos momentos me he encontrado perdida entre tanta gente. Mi retorcida mente ha pensado en varias ocasiones que no le importo a nadie. Tengo muchos sueños por cumplir, pero reconozco que nunca me he esforzado lo suficiente por hacerlos realidad. Soy muy perezosa, también muy vergonzosa. Me sonrojo con mucha facilidad y me extrañaría mucho que mis mejillas no estuviesen rojas durante todo el día. Siempre que me quedo sola en casa hago muchas locuras; invento coreografías, salto sobre mi cama, devoro el cajón de las galletas, miro fotografías antiguas o espío a mis vecinos por la ventana. Sí, la soledad me vuelve muy loca y puede que mi cabeza contenga un poco de locura, pero la vida también está muy loca, así que no me preocupo. Adoro a Adolfo Cabrales Mato y no creo en los milagros, pero ojalá que un día pueda conocer a este chaval en persona; sé que es muy grande y no me refiero a su estatura. Suspiro cuando no sé qué hacer con mi vida. Odio mi voz. Guardo muchos secretos que la vida me ha confesado. No creo en Dios, ya que nunca lo he visto; aunque he de reconocer que cuando necesito ayuda y no tengo a nadie siempre le rezo para que me ayude. Puede que me haya comportado como una interesada, pero estoy segura de que no me quedaba otro remedio. No estoy segura de que exista la felicidad, dado que sé que nadie en este jodido mundo es feliz con lo que tiene. Reconozco que no soy conformista. Siempre pido sin saber apreciar lo que tengo. Soy optimista, pero también pesimista. Detesto la política y estoy segura de que es ella la que acabará con todo. Nunca he entendido por qué hemos puesto normas y queremos que todo el mundo sea libre. No soy racista. Odio a las chonis, pero nunca hablo mal de ellas; sé que cada uno es como es. No me gusta criticar, pero en algunos momentos lo he hecho. Busco cualquier excusa para hablar con esa persona que pinta mi vida de color. Adoro el chocolate, también la crema de verduras. No tengo claro lo que quiero ser de mayor, pero sé que me encanta escribir y no estaría mal la idea de ser escritora. Leo en la playa. Odio el calor y también el frío. No me gusta el viento, porque es muy ruidoso y siempre me despierta entrando por mi ventana. El verano se me hace eterno, pero no quiero que se acabe. No me gusta ver la televisión, ya que cada vez que la veo me entero de alguna desgracia. Solamente veo "Aquí no hay quién viva", porque es la serie más parecida a la realidad en una comunidad de vecinos. Obedezco todas las órdenes, aunque a veces no quiera hacerlo. Me cuesta decir que no, por eso muchas veces me toman como una imbécil. Detesto la telebasura, es decir, telecinco. No puedo dormir sin antes escuchar música. No soy perfecta, nadie lo es. Odio que me hablen personas a través de las redes sociales y luego me encuentran por la calle y ni siquiera me saludan. Soy muy sincera, porque la verdad hace daño, pero una mentira descubierta lo hace más. Me gusta pintarme las uñas de colores chillones. Me encantan los colores alegres y todas mis libretas están llenas de colores distintos. Siempre me busco, pero nunca me encuentro. Haga lo que haga, siempre estoy despeinada. Aprecio mucho a mi perro, porque se ha convertido en una gran parte de mi ser, ya que siempre logra sacarme una sonrisa con sus extrañas ocurrencias. Adoro a toda persona que logra sacarme una sonrisa no solo en los buenos momentos, sino también en los malos. Cuando no tengo un hombro para llorar me apoyo sobre mi almohada. Cierro los ojos y todo es perfecto y no sé cómo ni por qué cojones los vuelvo a abrir. No me gusta dormir. Me cuesta muy poco madrugar. Me pone muy nerviosa el ladrido del perro de mi vecina. Me cuesta mucho confiar en alguien. Todos los días recuerdo a la misma persona. Quiero conocer a mi abuelo, que en paz descanse. Mi abuela lo es todo en mi vida y no sé lo que sería de mí sin ella. Perdí a mis amigos de la infancia; ya ni siquiera me saludan y nunca he entendido por qué se han distanciado tanto de mí. El latido de mi corazón me saca de mis casillas, sobretodo cuando se acelera. Me encanta ir de compras, pero casi nunca compro nada. Sé que nada es para siempre. También sé que existe la palabra imposible, aunque me hayan dicho que nada es imposible. No soporto que me mientan; tampoco que me describan como alguien que no soy. Suelo caer mal a primera vista, por eso me gusta que me conozcan antes de hablar mal de mí. No soy antipática, simplemente sé con quiénes debo reír y con quiénes debo permanecer seria. No me vale leer un te quiero, prefiero que me lo demuestren sin la necesidad de decírmelo. Cuando hablo con alguien, siempre tengo la manía de mirarle a los ojos. Me muerdo la lengua cuando quiero hablar y sé que no puedo. Presiono los dientes cuando algo me da mucha rabia, pero no lo puedo demostrar. Me gusta el fútbol y de pequeña practicaba mucho este deporte. Me gusta ver documentales por televisión. Detesto leer un texto con más de diez faltas de ortografía. No soporto ver una palabra que va acentuada sin tilde. Me cuesta mucho empezar a leer un libro, pero cuando empiezo me cuesta parar de leer. Descargo mucha música  todos los días. Si me encanta una canción, la escucho una y otra vez, hasta que al final la aborrezco. Me gusta arrastrar la cesta del supermercado, pero no me gusta arrastrar el carrito, ya que siempre pesa. No me gusta esperar en una cola de más de cinco personas. Cuando estoy nerviosa me entra un ataque de risa; al igual que cuando tengo miedo. He pasado noches enteras soñando, luego despierto y nunca recuerdo mis sueños. No me gusta el sonido de los mosquitos revoloteando al lado de mi oído. Me dan fobia las arañas, pero soy incapaz de matarlas. Me encanta hacer trabajos sola para el instituto, pero me da rabia que lo tenga que hacer con un compañero de clase y este no me ayude en nada. Odio el reggaeteon. Adoro el rock. Me encanta el pop. Soy muy insegura. Me hacen dudar con facilidad. Me dan miedo las noches oscuras en las que solamente se alcanza a oír el canto de los grillos. Soy zurda. Soy muy torpe con la mano derecha y con el pie de la misma también. Necesito escribir mi historia para poder recordarla. No soporto el escándalo que provoca la vajilla cuando choca contra el suelo. Me gusta el sol, sin embargo siempre busco sombra cuando él sale. Cuando empiezo a escribir me cuesta parar, siempre intento sacar más y más palabras sin llegar al final, pero, tal vez, deba de acabar ya. Mañana volveré y cuando digo mañana me refiero al próximo día que me pase por aquí. Espero que sea pronto. No sé quién soy, ni sé a dónde voy y no sé como he escrito todo esto, si ni siquiera sé como me considero. Todos los días pienso algo distinto sobre mí, todo depende del momento. Siempre varía mi manera de describirme y he llegado a la conclusión de que nunca sabré quién soy. Nadie me conoce. Porque saber mi nombre no implica conocerme.

lunes, 23 de julio de 2012

Un buen momento para reír.

Un día llegué al mundo por primera vez. Todo era alucinante. Era un bebé al que le prestaban mucha atención, al que toda la familia adoraba. Era muy pequeña, pero llenaba una gran parte de la vida de mi familia. Si yo reía, todos sonreían pasmados mirando hacia mí. Adoraban mi forma de dormir y me cuidaban para despertarme con un abrazo. Todos sentían miedo a que me cayera y sintiera dolor. Siempre que lloraba venían corriendo hacia mí intentando hacerme reír, pero nadie se daba cuenta de que era un bebé y los bebés no tienen problemas, no necesitan a nadie que les haga reír. Yo lloraba porque tenía sueño, hambre, porque se me había caído la chupa al suelo y no alcanzaba a cogerla, o porque había hecho mis necesidades en el pañal que llevaba puesto y aún no me lo habían cambiado, pero nunca lloraba porque tenía un problema. Esas situaciones no eran un problema. Si ni siquiera conocía nada de la vida. Es imposible tener problemas desde tan pequeña.

Luego pasé de ser un bebé a ser una niña. Era muy risueña y de tanto que reía me mandaban a callar, incluso se enfadaban conmigo y me decían que era una pesada. Es increíble. Siendo un bebé les encantaba que yo me pasase el día riendo y no me quitaban la mirada de encima porque les encantaba mi sonrisa reflejada en mi cara. Ahora que había crecido no podía reír tanto. Mi risa caía pesada, entonces comprendí que siendo un bebé todo es distinto; siendo un bebé me consienten todo, pero el tiempo ya había pasado y había llegado la hora de comenzar a comprender las cosas, de aprender que no en todo momento se puede reír. Debía de saber diferenciar entre los momentos de risa y los momentos de seriedad. Todo se volvió muy difícil. Yo no encontraba la diferencia y no podía evitar que se me escaparan sonrisillas tontas en todo momento. No sé como lo hacía, pero siempre encontraba motivos para reír. Siendo una niña ya no me prestaban tanta atención. Mis heridas eran las que me hacía corriendo en el parque, pero eso tampoco implicaba un problema. Para mí en esta etapa, los problemas eran aquellos momentos en los que perdía o rompía un juguete. La palabra problemas significaba romper algún objeto de mis padres y no saber construir una buena explicación; significaba tener miedo de pedir un juguete nuevo, porque tenía el baúl lleno; significaba la falta de valor cuando no me podía dormir y no era capaz de despertar a mis padres para que me leyeran un cuento. Pero ahora que he crecido me he dado cuenta de que eso tampoco eran problemas.

Después llega la adolescencia. En esta etapa es en la que me encuentro y en ella también sigo riendo, pero mi sonrisa está algo cansada. Estoy hecha un lío. Siendo un bebé podía reír sin límites; siendo niña podía reír, pero eligiendo el momento adecuado. Y ahora, siendo adolescente, ¿Cuándo puedo reír, si cada día encuentro menos motivos para hacerlo? Me duele darme cuenta de las cosas. Ya no soy un bebé, ya no soy una niña. Ahora soy adolescente, ya he vivido demasiadas experiencias, tal vez más de las que debería de haber vivido con esta edad. Mis heridas ya no son causa de las caídas en las carreras que había ganado o perdido jugando con otras niñas, ahora son heridas de verdad, de las que duelen, aquellas que se producen dentro de mi ser y dejan cicatriz. Mi meta ya no está al otro lado del parque, ahora está mucho más lejos, tanto que ni siquiera alcanzo a verla. Dicen que esta es la etapa de la tontería, la etapa en la que me rebelo contra el mundo, en la que hago las cosas sin pensar, en la que me dejo llevar por lo peor pensando que es lo que más me conviene, pero yo no me encuentro así. Estoy segura de que tengo la cabeza asentada y eso nadie lo cambiará. Puede que haya cometido errores y me haya comportado como cualquier adolescente, pero sé que no soy como ellos. Yo no soporto tener amistades de mi edad, porque todas ellas parece que no tienen cerebro, que les faltan un par de neuronas (si es que tienen alguna). Con catorce años he tenido que sentirme como una mierda pisoteada encima de una asquerosa acera; he tenido que aprender a levantarme sola. La vida me ha demostrado que no le he importado a nadie durante mucho tiempo. Recuerdo el bebé que fui y rompo a llorar deseando poder volver al pasado y quedarme encerrada en él. No quiero crecer, ya que me he dado cuenta de que eso significa saber reflexionar, saber darme cuenta de las cosas, aprender a no molestar con mi risa y saber elegir el momento adecuado para reír. Siendo grande todo son problemas y me quedaría toda la tarde aquí, anotándolos uno por uno, pero no me apetece pensar en ello ahora. Esperaré todo lo que tenga que venir y me enfrentaré a todo lo que me impida seguir. Sé que ese será un buen momento para reír, porque ante todos los problemas hay que sonreír.

viernes, 20 de julio de 2012

Necesito ver tu sonrisa, tenerte cerca y poder reír a tu lado. No puedo vivir sin ti, vuelve aquí. Cuando me levanto y veo que no estás, el cielo se me cae encima; cuando salgo a la calle y no te veo, se me quitan las ganas de vivir; cuando pasan los días y no te tengo aquí, no puedo reír. Lo eres todo para mí, por eso es tan difícil vivir sin ti. Haría lo imposible para verte sonreír, para ver tu sonrisa. Nunca imaginé llegar a quererte tanto. No estoy loca, pero esto es una locura que me está volviendo loca. Me hiciste promesas que nunca cumpliste, me hiciste reír, llorar e incluso enfadar. Me hiciste sentir diferentes sensaciones a un mismo tiempo y eso es lo que hoy extraño.

Me hace falta tu sonrisa para poder sonreír; necesito tu mirada para verlo todo claro. ¿Acaso es posible  vivir sin ti? Vivo encerrada en recuerdos, no puedo sacarte de mi mente. Cuánto más trato de olvidarte, con más fuerza te recuerdo. Lo que más me duele es pensar en que, tal vez, tú ni siquiera me recuerdes.

Eres la persona más grande de mi vida, la más grande. Eres grande, muy grande. Llevo unos días empapados en lágrimas. Me haces falta y no estás. ¿Qué puedo hacer, si todo me recuerda a ti? ¡Vuelve aquí!

jueves, 12 de julio de 2012

Dame un grito al oído.




¿Para qué continuar viviendo deprisa, buscando la suerte en la mierda que pisas?

Y de nuevo me encuentro con la misma situación. Me vuelvo a levantar de la cama y vuelvo a sentir que soy poca cosa, que estoy sola entre tanta gente, que me pisotean y me doy cuenta demasiado tarde. Una vez más, regresa esa sensación de desesperación, confusión y soledad, demasiada soledad. Los pensamientos me invaden, los recuerdos hacen que rompa a llorar y ni siquiera la música me entiende. Yo tampoco me entiendo, no sé por qué me encuentro tan desanimada, no entiendo por qué me cuesta tanto sonreír. No puedo seguir así. El tiempo pasa y todo sigue igual. No quiero ver a nadie, pero no quiero estar sola. Salgo a dar un paseo y camino despacio, sin ganas de sonreír. Sólo quiero escuchar el sonido de la música, pero por mis oídos se cuela el sonido de unas fuertes carcajadas. Parece que todo el mundo está feliz, excepto yo; la rara, la que siempre ha estorbado, la que se preocupa por el mundo y el mundo la ignora, la que sonríe cuando por dentro el dolor le parte en dos, la que se encariña demasiado rápido con las personas y luego recibe puñales por la espalda, la que se arrepiente siempre de sus jodidos errores, la que llora sin tener un hombro en el que apoyarse, la que siempre molesta, la pesada que cada día desea lo mejor para todos, la que tiene el corazón roto y aún así, sigue amando a la vida con cada uno de los pedacitos. No entiendo por qué es tan difícil ser feliz. ¿Acaso no existe la felicidad?

Sé que prometí sonreír, pero de nada me vale una sonrisa por fuera, si por dentro me destroza el dolor. No puedo soportarlo más, estoy cansada de oír "¡Qué niña más buena!" y sólo lo digan para aprovecharse de mí, para utilizarme y tirarme de nuevo. ¿Ser buena significa dejar que se aprovechen de mí? Pues ser buena comienza a cansarme, pero no quiero cambiar, no tengo por qué hacerlo. De buena soy imbécil. Imbécil, esa es la palabra que me define.

Cada día me doy cuenta de que todo el mundo me ha utilizado. He pensado en desaparecer de este retorcido mundo, pero si me voy me echarán de menos. Es increíble, nadie está a mi lado, nadie me escucha cuando necesito hablar, nadie me ha sabido apoyar, nadie ha sabido prestarme un hombro para llorar, pero si me voy me van a extrañar.¿Qué cojones pasa aquí? Estoy muy confundida, porque no pueden estar conmigo, pero tampoco sin mí. No entiendo por qué existen personas capaces de decirme "te quiero" con la boca llena de mentiras, por qué me prometen un "para siempre, amiga" y luego desaparecen para siempre, por qué me dicen "estaré aquí para ayudarte" y nunca están.

El único motivo de las pocas sonrisas que hoy he sido capaz de formar en mi boca es que sé que vendrán tiempos mejores. Nunca dejaré de luchar. He caído en momentos más profundos que este y he sido capaz de salir sin la necesidad de tener a alguien a mi lado. ¿Por qué me tengo que quedar aquí, ahora? ¿Por qué voy a dejar que el mundo me pisotee, si soy yo la que tengo que pisar en él? ¿Por qué debo quedarme debajo del mundo, si soy yo la que debe de estar encima de él? No permitiré que nada de esto ocurra. Saldré de este agujero, pisaré el mundo, superaré a este y me pondré encima de él.

No sé lo que me ha traído a escribir todo esto. Me dejo llevar por mi mente, me sumerjo en mi interior y escribo todo lo que encuentro. Todo lo que escribo es lo que siento, no sé escribir historias que no he vivido y en cada una de ellas hay un pedazo de mi alma, de mi historia, de mi tormentoso pasado, de mi revuelto presente e incluso de mi esperado futuro. Hoy no sé quién soy, no tengo ganas de hacer nada, ni siquiera de vivir. Sólo necesito escribir, escribir hasta quedarme sin manos, hasta que mi mente explote, hasta perderme entre las palabras, hasta no encontrar letras. Me he dado cuenta de que la vida es un libro y cada persona escribe el suyo. Yo escribo el mío a medida que voy viviendo. No quiero enumerar las páginas, ya que no sé cuando se acabará mi historia. En todas las páginas dibujaré una cara empapada en lágrimas y con una sonrisa formada en la boca, porque es así como he vivido; sonriendo todos los días, incluso cuando por dentro me inundaban las lágrimas.

Hoy he viajado por lo más profundo de mi interior. Me ha parecido un viaje hacia la locura, dado que ahí todo está revuelto. Todo el pasado se pelea con el presente, mientras que el futuro lucha por entrar y poco a poco lo va a lograr. He encontrado muchas curiosidades en mi interior, una de ellas es una frase que ponía "los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una sola mano" y ha sido ahí cuando me he dado cuenta de que esa frase tiene una gran razón. A mí, incluso, me sobran los dedos de una mano para contar a mis amigos de verdad. No existe la amistad y lo digo por experiencia. Pensaba que todas las personas de mi alrededor eran maravillosas, todas tenían defectos y virtudes, pero me hicieron creer que me querían, que para esas personas yo era muy importante; creí que podía confiar en ellas y ellas en  mí, pero un día todo cambió y fue ahí cuando me dí cuenta de las cosas, cuando supe que había sido una imbécil. Me encariño demasiado rápido con las personas, entonces, ¡zas!, llega el puñal, las lágrimas, el dolor y detrás, la culpa, porque, al parecer, yo siempre soy la mala, la que tiene la culpa de todo. ¿No os habéis dado cuenta de que ni siquiera me conocen? Saber mi nombre no implica conocerme. Llegué tarde, lo sé y suelo llegar tarde a todos lados, también a sus vidas. ¿Qué puedo hacer? ¿Tengo la culpa de que el destino me haya hecho construir un nuevo comienzo? Ojalá pudieran sentirse como me he sentido yo. Ojalá pudieran pararse a pensar en como se siente una persona al saber que tiene que dejar toda una vida atrás, comenzar una vez más y sola, muy sola. Esto es muy difícil y me duele, pero nada puedo hacer, solamente luchar y tirar para delante, aunque no tenga a nadie en quien apoyarme.

Tendré catorce años, aparentaré ser una niña, pero nadie sabe lo que llevo dentro. Nadie se ha dado cuenta por lo que he pasado. Desde muy pequeña, con siete años, tuve que dejar atrás lo que más quería y conocer una nueva vida. Ni siquiera sabía en qué vida me encontraba anteriormente. ¿Cómo demonios se conocía una nueva vida con siete años? Sí, eso mismo me preguntaba yo. Con esa edad ya sabía lo que era una herida y no me refiero a las heridas que me hacía corriendo en el parque, ya que esas heridas ya las había dejado atrás. Me refiero a las heridas profundas que se producen en lo más hondo de mi ser, aquellas que dejan cicatrices. Los juguetes se cambiaron por problemas, la felicidad se convirtió en tristeza, la infancia en dolor y los amigos en recuerdos ausentes. Todo se convirtió en un pasado, pero las agujas del reloj seguían andando, así que yo debía de seguir viviendo en el presente, sin olvidar el pasado y construyendo un nuevo futuro. Todo era muy difícil y mi única compañía era la soledad. Ese fue el momento en el que maduré, en el que mi mente cambió las fantasías por realidades. Ya no soñaba con ser una princesa, sino con la felicidad.

Ahora me levanto y me encuentro con la misma mierda. Rechazos, excusas para perderme de vista y puñales, más y más puñales. Y yo, como siempre, me callo y sonrío. ¿Acaso aparento ser de hierro? ¿Acaso una sonrisa en mi rostro significa que soy feliz? No soy de hierro, soy de cristal y me he roto muchas veces, pero nadie ha visto mis cristales.

Sigo luchando por alcanzar mi sueño, el sueño de sentir que la amistad existe. Quiero sentir que le importo a alguien, que existen los amigos de verdad. Sueño con tener amigos que me sepan aceptar a mí y a mi historia. El tiempo me ha hecho ser como soy. Soy adolescente, pero con la cabeza asentada. ¿Por qué tengo que tener la mente retorcida que tienen los adolescentes? Se ríen de mí porque soy diferente, yo me río de ellos porque son todos iguales. A veces, he llegado ha estar tan harta de todos ellos y de sus estúpidas críticas, que me he planteado cambiar mi forma de pensar, pero luego me he calmado y me he preguntado "¿Por qué debo de cambiar para que me sepan aceptar?" Y es que, si fuesen mis amigos de verdad, me sabrían aceptar como soy. Quién me quiere, me acepta.

Esta historia habla de varias cosas a la vez. Está un poco revuelta y no tiene casi orden, pero es así como está mi interior; muy desordenado. No me gusta el orden, nunca he entendido por qué el uno va antes que el dos, por qué el primer día de la semana es el lunes, luego le sigue el martes y después el miércoles, así hasta que llegue el domingo. Y de nuevo el lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo. Toda una vida igual, pendientes del reloj, de los días, del tiempo. Vivimos encerrados en el tiempo, siempre pendiente de él. Y yo siempre me pregunto "¿Para qué continuar viviendo deprisa, buscando la suerte en la mierda que pisas?".



lunes, 2 de julio de 2012

Puede ser que la respuesta sea no preguntarse por qué.

¿Por qué hemos dicho "no me rendiré", pero nos hemos rendido? ¿Por qué hemos dicho "lucharé" y a la mínima nos hemos dado por vencidos? ¿Por qué hemos prometido un "para siempre" a un amigo, pero en el momento menos esperado toda esa amistad que pensábamos que iba a ser infinita desaparece? ¿Por qué la gran mayoría de nuestros sueños se han esfumado por no haber luchado lo suficiente para alcanzarlos? ¿Por qué nos han roto el corazón tantas veces y, aún así, nos hemos vuelto a enamorar? ¿Por qué hemos dicho "me olvidaré de esa persona" y no la podemos sacar de nuestra mente, pero aparentamos haberla sacado de nuestra vida? ¿Por qué andamos buscando la perfección, si sabemos que no existe? ¿Por qué es tan fácil caerse, pero tan difícil levantarse? ¿Por qué decimos "voy a pasar página", si nos gusta la que estamos leyendo? ¿Por qué decimos "no me importa lo que piensen de mí" y siempre nos enfadamos por las malas críticas sobre nosotros? ¿Por qué lloramos, si no nos gusta hacerlo? ¿Por qué pensamos que el tiempo se va muy rápido y perdemos gran parte de él intentando detenerlo? ¿Por qué nos preocupamos por nuestra imagen, si lo que importa en una persona es su interior? ¿Por qué la vida nos regala felicidad y sufrimiento al mismo tiempo? ¿Por qué la mayoría de nosotros creemos en dioses, santos y vírgenes que ni siquiera hemos visto? ¿Por qué creemos que firmar unos papeles significa un amor eterno, si sabemos que nada es para siempre, ni siquiera el amor? ¿Por qué nos quedamos pasmados delante del televisor durante toda la tarde, dejando la vida pasar y quejándonos de que el tiempo se va demasiado rápido? ¿Por qué existen leyes y normas, si a todo el mundo le gusta la libertad? ¿Por qué hay que pagar para vivir, si sabemos que la vida es un regalo y los regalos son gratis? ¿Por qué existen las clases sociales, si todos somos iguales? ¿Por qué pensamos que nada es imposible, si sabemos que existen muchas cosas que sí lo son? ¿Por qué sonreímos por fuera cuando por dentro nos invade el dolor? ¿Por qué en algunos momentos necesitamos estar solos, si nunca nos ha gustado la soledad? ¿Por qué soñamos cuándo nos quedamos dormidos? ¿Por qué es tan fácil soñar y tan difícil hacer nuestros sueños realidad? ¿Por qué nuestra mente nos dice "no te enamores de esa persona", pero nuestro corazón se acaba enamorando de ella? ¿Por qué envejecemos, si nos gusta ser jóvenes? ¿Por qué le tememos a la muerte, si no sabemos nada de ella? ¿Por qué nos gusta la infancia, pero queremos salir de ella? ¿Por qué la adolescencia hace que lleguen pensamientos incoherentes a nuestro cerebro? ¿Por qué es tan complicado dibujar una estrella con las cinco puntas iguales? ¿Por qué hemos dicho "me siento en las nubes", si nunca hemos estado en ellas? ¿Por qué le tenemos miedo a la distancia, si sabemos que ella separa cuerpos, pero no corazones? ¿Por qué compramos relojes, si detestamos el tiempo? ¿Por qué decimos "mientras encuentre una posibilidad entre mil, lucharé" y no luchamos nunca, ni siquiera cuando tenemos todas las posibilidades para conseguirlo? ¿Por qué intentamos expresar con palabras lo que sentimos, si las palabras se las lleva el viento? ¿Por qué existen tantos días soleados y, de repente comienza a llover? ¿Por qué nos cuesta tanto expresar lo que sentimos? ¿Por qué tenemos que dormir de noche y despertar de día? ¿Por qué nos sentimos tan bien cuando nos abrazan? ¿Por qué tenemos que saludar con un "hola", si lo que de verdad deseamos es ir hasta esa persona, darle un abrazo y no soltarle nunca más? ¿Por qué a veces intentamos aparentar ser alguien que no somos? ¿Por qué nos cuesta tanto justificar una respuesta? ¿Por qué no podemos olvidar nuestro pasado? ¿Por qué todo se vuelve al revés en el momento menos esperado? ¿Por qué cuesta tanto ordenar, si desordenar es muy fácil? ¿Por qué sonreímos cuando no sabemos qué decir? ¿Por qué se nos acelera el corazón cuando tenemos a esa persona especial cerca? ¿Por qué le buscamos respuesta a todas las preguntas, si sabemos que no todas la tienen?



lunes, 25 de junio de 2012

Don't you remember.


Lo increíble es cierto.

No sé donde estarás ahora, ni siquiera sé dónde estoy yo. Me siento perdida, no me conozco, no sé quién soy y todo porque no te tengo aquí. Presiento que no volverás, pero sé que siempre estarás ahí cuando te necesite. Todo ha cambiado demasiado rápido y no puedo soportarlo, aún no me creo nada de lo que está sucediendo; aún no quiero aceptar que construirás tu futuro sin mí. Parece increíble como, de repente, la vida puede acabar con miles de recuerdos en tan sólo unos minutos. Sé que nada volverá a ser lo mismo, ya que la distancia hará que nuestra amistad disminuya; que nuestras conversaciones de días enteros se conviertan en conversaciones de cinco minutos. Serán los malditos kilómetros los que se adueñarán de lo que pasamos juntos, de las sonrisas que expresamos juntos, de las lágrimas que sólo tú me supiste secar. No, no puedo creérmelo, pero es la  realidad. Te has ido de mi vida y no sé si volverás, increíble.

Aún recuerdo el día en el que apareciste en mi vida, jamás lo olvidaré. Fue todo tan perfecto, tan bonito. Tú dijiste tu nombre, entonces yo sonreí; en ese momento sentí algo especial, sentí que mis labios pronunciaban tu nombre con una voz débil y con mucho cariño; un cariño especial, el típico cariño que no sé de dónde ha salido, ya que ni siquiera te conocía. Sólo sabía tu nombre y ya sabía que significarías mucho para mí. Increíble.

Con el paso del tiempo te fuiste convirtiendo en mi vida, en la persona que confiaba sin sentir miedo, en la única persona a la que yo le sonreía en todo momento, incluso cuando no encontraba motivos para sonreír. Te convertiste en la persona con la que hablaba todos los días; siempre buscaba una excusa para hablar contigo, porque me encantaba oír tu voz; parecía de colores; era una voz preciosa y cada palabra que me dedicabas, cada palabra que salía de tu boca, era increíble.

A medida que los días pasaban, me daba cuenta de que todo se me iba de las manos. Sabía que tenía que detenerme, pero quería seguir avanzando. No me cansaba de quererte; mi aprecio por ti aumentaba cada vez más y no quise frenar, aunque sabía que todo iba a acabar. Sabía que tenerte iba a ser pasajero, pero aún así quise quererte. Increíble.

El tiempo se acababa y yo todavía te esperaba. En realidad, no te esperaba a ti; esperaba algo más de ti, pero me di cuenta de que todo lo que me dabas era todo lo que me podías ofrecer, aunque sé que siempre quisiste darme más, pero tu mente decía que no, mientras tu corazón te decía que sí y te hacías un lío, hasta que quisiste hacerle caso a tu mente, ya que si le hacías caso a tu corazón provocarías un problema. Sabíamos que solamente éramos dos opuestos, pero soñábamos una misma historia; una historia que vivíamos juntos, con un mismo destino. Increíble.

Ahora todo se ha convertido en un recuerdo. Mis ojos están desesperados y se mueven hacia ninguna dirección; van buscando tu mirada, ya que sin ella no pueden ver el sol. Aún te sigo buscando, aún no me creo que te has ido de mi lado. Te necesito aquí, aquí conmigo. Sin ti todo anda mal. Todo es muy distinto sin ti; si tú no estás no sale el sol. Sí, esto es increíble, pero cierto.






lunes, 18 de junio de 2012

Le prendí fuego a la lluvia.

Y de repente, la lluvia va cayendo cada día más fuerte sobre el mundo, el sol desaparece a la misma vez que las nubes se van oscureciendo con el paso del tiempo. Intento esquivar las gotas de lluvia, pero no paran de caer y su fuerza va aumentando, mientras que la mía disminuye, entonces es ahí cuando me alcanzan, patinan sobre mi cara, luego se van deslizando por todo mi cuerpo. Estoy empapada, siento frió y no tengo a nadie a mi lado para que me abrace; estoy sola a mitad de la nada, peleando contra el viento, jugando con la lluvia, contando las estrellas y esperando de ellas una señal de luz, de que todo se resuelva y, por fin, se haga de día; espero de las estrellas un motivo para no perder la esperanza de que salga el sol en mi vida.

Las horas pasan, pero no amanece, tampoco escampa. Mi cuerpo tiembla de frío, pero mis dientes tiemblan de miedo; miedo de que nunca llegue la solución de esta tormenta, de que no salga el sol y me tenga que quedar para siempre a oscuras, con la ropa empapada, con mi cuerpo goteando cada una de las gotas que han caído sobre mí haciéndome sentir dolor.

Cierro los ojos con la esperanza de que todo se trate de un mal sueño, pero cuando los abro me doy cuenta que nada ha cambiado, todo sigue igual de frío y revuelto. La única luz que alcanzo a ver es la de los relámpagos, el único sonido que escucho es el que ejercen los truenos, lo único que siento son las gotas de lluvia patinando a su antojo por todo mi cuerpo. Es en ese momento cuando me pongo a llorar y mis lágrimas hacen que todo empeore, ya que cada vez son más las gotas que caen sobre mí.

Mi fuerza se agota y caigo al vacío. Mis piernas se han cansado de sujetarme. Al caer, me doy cuenta de que he caído dentro de un charco de agua que se encontraba formado a centímetros de mí, así que me derrumbo por completo, ya que me doy cuenta de que no para de caer agua sobre mi vida.

Estoy tumbada en el suelo y las gotas no paran de caer. Siento dolor, porque ellas parecen puñales que se clavan sobre mí en el momento menos esperado. Ya no sabía que hacer. La vida me había apuñalado por la espalda.

Quiero rendirme, darlo todo por perdido y dejar que la lluvia se apodere de mí hasta llegar a hundirme, pero sé que tengo que luchar. Tengo la esperanza de ver la luz, porque después de cada tormenta siempre vuelve a brillar el sol, pero mi espera se hace eterna, así que me enfadé con el mundo. 

No quiero saber nada de la vida, evito pensar en el mundo y sé que con ello no voy a solucionar nada, pero es la única opción que tengo, solamente tengo la opción de olvidarme de todo y dejar que las horas pasen, sin dejar que la lluvia me llegue a hundir.

Estoy desesperada. Necesito gritar, pero no tengo voz suficiente para que se escuche mi sonido; quiero levantarme, pero no me queda fuerza para lograrlo; quiero huir de esta tormenta, pero no encuentro la salida. Ni siquiera sé por dónde he entrado.

Siento frío, soledad, tristeza, miedo, impotencia, desesperación, dolor y rabia. Parezco una imbécil incapaz de luchar y levantarme, pero sé que si me levanto volveré a caer, ya que me resbalaré sobre el suelo mojado.

Lo que más sentía era rabia, entonces los puños de mis manos se cerraron con mucha fuerza; mis dientes se presionaron y en mis ojos se formó una luz. Una luz que parecía fuego procedente de la rabia que sentía en mi interior. Con la luz de mis ojos pude contemplar que todo mi alrededor estaba más reluciente, parecía que la tormenta se había calmado, pero aún caían gotas de lluvia, aunque ya habían disminuido bastante su tamaño. Con el fuego de mi mirada pude prender fuego a la lluvia, ¡increíble! Todo aquello parecía un sueño y cerré los ojos, pero al abrirlos me di cuenta de que era la realidad, así que sonreí y entonces, amaneció por completo; el sol me saludaba por el este y brillaba como las estrellas que se despedían de mí en aquel instante; las nubes alcanzaron de nuevo su color blanco reluciente; los rayos del sol evaporaron las gotas de lluvia; el cielo volvió a estar despejado y en él solamente se veían pájaros volando en plena libertad, en dirección hacia ninguna parte, jugando a volar lo más alto posible, incluso por encima de los problemas; haciéndole cosquillas a las nubes y escondiéndose detrás de ellas, tan libres como el viento, tan felices como yo en aquel momento tan feliz, victorioso y soleado.



La única solución para mis problemas es una sonrisa, ya que llorar nunca me ha servido de nada.