martes, 31 de julio de 2012

901 Fácil de escribir, difícil de explicar.

Desde el primer momento sentí que algo raro se movía en mi interior cada vez que te miraba, pero no quise darle importancia. Poco a poco, me daba cuenta de que ya no eras alguien conocido, sino un gran amigo; un amigo que me enseñaba a aprender.

Pasaba el tiempo y cada vez aumentaban más mis sentimientos hacia ti. Sabía que ya no era solamente aprecio lo que sentía hacia tu persona; sentía algo más profundo, imposible de describir. No podía sacarte de mi mente. Adoraba tus ojos, tu sonrisa, tu mirada. Oírte reír a carcajadas era como oír el sonido del mar. Mirarte a los ojos era como ir subiendo poco a poco hacia las nubes.

Todo se me fue de las manos y cada día ibas ocupando cada hueco vacío de mi corazón, hasta que lo llegaste a ocupar por completo, entonces fue ahí cuando me dí cuenta de que me había equivocado. No podía controlar la situación, tampoco podía controlar mi corazón. Mientras mi mente me decía "olvídate de él", mi corazón gritaba "sabes que es imposible olvidarle, es muy profundo lo que sientes". Estaba desesperada. Era imposible poner mi mente de acuerdo con mi corazón y siempre entraban en una descabellada discusión.

No podía verte, pero tampoco podía vivir sin ti. Te convertiste en mi único amigo, en una gran persona. Gran parte de mi sonrisa siempre era gracias a ti. Adoraba cada palabra que salía de tu boca. Tu aroma me hacía viajar como una burbuja de jabón que sube lentamente hacia el cielo. Tu manera de defenderme conseguía que diera saltos de alegría cada vez que recordaba lo que habías hecho por mí. Esa manera de hablarnos con una mirada me volvía loca. La sonrisa que juntos formábamos era preciosa. Verte enfadado conmigo me partía en pedazos, pero te seguía amando con cada uno de mis pedacitos.

Sabía que tenías que irte, por eso intentaba aprovechar cada segundo que pasaba a tu lado, pero no fue fácil y creo que no supe aprovechar el tiempo. Siempre estaba distanciada de ti, me comportaba de una manera muy fría contigo, pero es que no sabía como actuar. Era algo increíble. Era verte y comenzar a temblar; era tenerte cerca y comenzar a perder el sentido, por eso nunca supe qué decirte y solamente fui capaz de sonreírte.

Intenté demostrarte lo que llevaba dentro de mi interior, pero sé que nunca lo llegaste a entender. Pensaste que sólo era una niña que te tenía mucho cariño como a todos mis amigos, pero no era esa la situación. Y es que, sentía mucho miedo de lo que pudiese ocurrir entre nosotros. No sabía como reaccionarías ante el momento en el que te confesase lo que sentía, pero preferí callarme, ya que encontré muchas posibilidades de que todo empeorara entre nosotros.

No me preguntes qué fue lo que me hizo sentir todo esto que ahora mismo siento hacia ti, porque ni siquiera yo lo sé. Tal vez, hayan sido tus virtudes o tal vez, tus defectos, pero, sea lo que sea, me encantas.

Te he agradecido millones de veces todo lo que me has enseñado, todos los momentos en los que estuviste ahí intentando apoyarme, pero nunca fui capaz de darte las gracias por haber aparecido en mi vida. Si supieras que fuiste la única persona que se acercó a mi lado para preguntarme "¿Qué te ocurre?" cuándo veías que mi sonrisa desaparecía; si superas que solamente tú sabías cuándo estaba bien y cuándo necesitaba un hombro para llorar; si supieras que fuiste tú el único que logró sacarme esa sonrisa en los peores momentos; si supieras todo esto que siento y todo lo que te extraño...

Sé que debo sacarte de mi mente, pero de nada me sirve sacarte de ahí, si no puedo sacarte de mi corazón. Todo me recuerda a ti.  Estás en toda letra de las canciones que escucho. No pasa un día en el que no piense en tu nombre, en tu sonrisa, en tu mirada o en los momentos a tu lado.

No sé lo que me trajo a esta situación; la situación en la que comienzo a desesperarme, porque veo que los días pasan y no te veo; en la que lloro, porque siento miedo de no volver a verte; en la que siento miedo de que estés cerca de mí, pero a la vez tan lejos.

Te necesito aquí, aquí conmigo. Sólo tú sabes comprenderme, sabes estar a mi lado, sabes demostrarme que te importo, sabes enseñarme, aconsejarme, apoyarme, ayudarme, secarme las lágrimas y sacarme múltiples sonrisas.

He pensado en que, tal vez, tú ni siquiera me recuerdes y eso me hace daño, pero también cabe la posibilidad de que no me hayas olvidado, por eso no he dejado de sonreír. Por cierto, siempre que lloro recuerdo tus palabras; aquellas que decían que no te gustaba nada ver mi sonrisa perdida, por eso intento sonreír, mientras una lágrima se resbala sobre mi mejilla.

Lo mejor que pudiese hacer ahora sería pasar página, pero creo que lo mejor sería cambiar de libro, aunque yo no haré ninguna de esas dos cosas. No quiero pasar página, porque me entretiene la que estoy leyendo y tampoco quiero cambiar de historia, porque tú eres el protagonista de la que estoy leyendo y este libro no lo cambiaría por nada del mundo.

¿Recuerdas que un día te dije que eras grande, muy grande? Pues nunca lo olvides, porque siempre estaré convencida de que eres una grandísima persona. La distancia no va a hacer que te olvide, dado que unos malditos kilómetros no van a destruir toda esta explosión de sentimientos, momentos, sonrisas y lágrimas que he vivido a tu lado.

Seguro que nunca llegarás a leer estas palabras que acabo de escribir y si las lees sé que no te vas a sentir identificado en ellas, porque no tienes ni idea de todo esto que me has hecho sentir. El dueño de estas palabras eres tú. El dueño de mi corazón también eres tú, así que espero que no me lo destroces. Eres increíble. Te quiero. Quiero olvidarte, pero para siempre recordarte.



Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Nadie podrá sustituirte, te lo prometo. Siempre significarás una gran parte de mi corazón, un gran motivo de mi sonrisa. Pues eso, que eres la mejor persona del mundo y te deseo lo mejor en todo. BSS. 220612. No fue un adiós, será un hasta siempre.








martes, 24 de julio de 2012

Un interior escrito.

Me considero como una maniática del orden. Soy poca cosa. Busco la perfección en todo y sé que no existe. Soy muy patosa y casi todo se me cae al suelo. También soy muy torpe para dibujar; nunca me ha salido una estrella recta. Me río con facilidad y me cuesta mucho llorar, pero cuando lo hago no puedo parar. Le sonrío a la vida aunque esta no me sonría y si me sonríe pues sonreímos juntas. Me enamoro de las virtudes, pero también de los defectos. No busco nada, prefiero que todo llegue por sorpresa. Adoro la música y me encanta bailar. Me han hecho daño, me han clavado puñales y he dejado que me utilicen, pero aquí estoy; aprendiendo de mis errores. Me han dicho miles de te quiero, pero muy pocas personas me lo han sabido demostrar. Cuento los amigos de verdad con los dedos de una mano y aún así me siguen sobrando dedos. No me fio ni de mi sombra. Cuando lo hago todo al revés es cuando me sale todo bien. Odio ducharme con agua fría, soy muy friolera. Tiemblo con facilidad, sobretodo por amor y cuando veo que él se acerca el corazón se me acelera, mi cuerpo se tambalea como si de estar borracha se tratase. Muchas veces me siento como una mierda pisoteada encima de una asquerosa acera, pero me sienta como me sienta, nunca dejo de sonreír. Creo en el amor, pero en el verdadero, ese que me saca una sonrisilla tonta y sin motivos cada vez que pienso en una persona, esa persona, la más especial. Odio la falsedad y cada día me doy cuenta de que es la enfermedad más extendida por el mundo. Me preocupan todos los problemas de mi gente, pero nunca le doy importancia a los míos. No me entiendo ni yo, a veces ni la música me entiende. Intento vivir un sueño y no soñar mi vida. Hago miles de tonterías por amor. Soy una imbécil. Me encariño demasiado rápido con las personas y luego, zas, llega el puñal y me toca sufrir a mí, mientras otras personas se ríen de mi dolor. En algunos momentos no quiero ver a nadie, pero tampoco quiero estar sola. Cuando cierro los ojos se acercan los suyos, su mirada se cruza con la mía, sus caricias me encierran en una cárcel de la que no quiero volver a salir, sus labios rozan los míos, mi sonrisa se refleja en sus pupilas. Luego, vuelvo a abrirlos y me encuentro con la puta realidad, entonces es ahí cuando más me duele. Nunca he sido rebelde, pero cuando me rebelo no hay quién me aguante. Soy muy simpática y cariñosa, pero a veces un poco pesada. Intento hacer sonreír a todo el mundo, por eso soy un poco payasa. Odio el tiempo y no soporto escuchar el absurdo tic-tac del reloj que me indica que el tiempo está pasando y todo sigue igual. Mi cabeza se hace un lío fácilmente, pero soy muy ágil para volverla a ordenar. Me gusta aprender, pero reconozco que detesto equivocarme, aunque aprendo mucho de mis errores. No tengo claro lo que es el amor y muchas veces me han roto el corazón, pero yo me he vuelto a enamorar con cada uno de los pedacitos. Siempre me enamoro de la persona menos indicada, pero de la más especial, aquella que me ha apoyado siempre. Me encanta reír y mi sonrisa va dedicada a muchas personas, especialmente a una que sé que no le gusta nada que la pierda. Me encanta la primavera, porque las flores decoran este triste mundo en el que vivimos. Nunca he sido capaz de expresar lo que pienso o siento. Ya no sé si el mundo está al revés o soy yo la que está cabeza abajo. Creo en el destino, pero no me preocupo en encontrarlo. Perdono, pero nunca olvido. Me levanto, aunque vuelva a caer. Me río de mis defectos y adoro mis virtudes. Sí, me importa lo que digan de mí, pero nunca le doy importancia. Me cuesta reconocer mis errores. Soy muy cabezota. En algunas ocasiones soy muy orgullosa, pero en otras muchas me trago el orgullo. No soy rencorosa, solamente sé diferenciar los momentos en los que debo perdonar y en cuáles no. Me preocupo demasiado por el futuro. no vivo lo suficiente el presente y nunca olvido el pasado. Me dan miedo muchas cosas, en especial la vida, porque tiene muchas sorpresas bonitas, pero también demasiadas desagradables. No soy capaz de pasar una tarde entera estudiando, pero sí una noche. Me preocupan los exámenes y me pongo muy nerviosa cuando se me acumulan, pero al final me suelen salir todos bien. Me cuesta pedir ayuda. Siempre intento hacerlo todo por mí misma. Me considero una adolescente, pero no soy de esas que se creen las mejores, de las que se vuelven rebeldes, de las que buscan un novio ansiosas, no, yo no soy de esas. Yo prefiero sentirme a un nivel igual que todas las personas o incluso por debajo de todo el mundo. La rebeldía no lleva a ninguna parte, por eso la dejo siempre de lado. Yo no busco el amor, sé que si no viene es porque no lo necesito. Me encanta pasar las tardes sola en casa, con la música a tope y encerrada en mis pensamientos. Siempre necesito hacer deporte para sentirme bien. Cada vez que tengo tiempo libre me voy sola por ahí a hacer un poco de ejercicio. En muchos momentos me he encontrado perdida entre tanta gente. Mi retorcida mente ha pensado en varias ocasiones que no le importo a nadie. Tengo muchos sueños por cumplir, pero reconozco que nunca me he esforzado lo suficiente por hacerlos realidad. Soy muy perezosa, también muy vergonzosa. Me sonrojo con mucha facilidad y me extrañaría mucho que mis mejillas no estuviesen rojas durante todo el día. Siempre que me quedo sola en casa hago muchas locuras; invento coreografías, salto sobre mi cama, devoro el cajón de las galletas, miro fotografías antiguas o espío a mis vecinos por la ventana. Sí, la soledad me vuelve muy loca y puede que mi cabeza contenga un poco de locura, pero la vida también está muy loca, así que no me preocupo. Adoro a Adolfo Cabrales Mato y no creo en los milagros, pero ojalá que un día pueda conocer a este chaval en persona; sé que es muy grande y no me refiero a su estatura. Suspiro cuando no sé qué hacer con mi vida. Odio mi voz. Guardo muchos secretos que la vida me ha confesado. No creo en Dios, ya que nunca lo he visto; aunque he de reconocer que cuando necesito ayuda y no tengo a nadie siempre le rezo para que me ayude. Puede que me haya comportado como una interesada, pero estoy segura de que no me quedaba otro remedio. No estoy segura de que exista la felicidad, dado que sé que nadie en este jodido mundo es feliz con lo que tiene. Reconozco que no soy conformista. Siempre pido sin saber apreciar lo que tengo. Soy optimista, pero también pesimista. Detesto la política y estoy segura de que es ella la que acabará con todo. Nunca he entendido por qué hemos puesto normas y queremos que todo el mundo sea libre. No soy racista. Odio a las chonis, pero nunca hablo mal de ellas; sé que cada uno es como es. No me gusta criticar, pero en algunos momentos lo he hecho. Busco cualquier excusa para hablar con esa persona que pinta mi vida de color. Adoro el chocolate, también la crema de verduras. No tengo claro lo que quiero ser de mayor, pero sé que me encanta escribir y no estaría mal la idea de ser escritora. Leo en la playa. Odio el calor y también el frío. No me gusta el viento, porque es muy ruidoso y siempre me despierta entrando por mi ventana. El verano se me hace eterno, pero no quiero que se acabe. No me gusta ver la televisión, ya que cada vez que la veo me entero de alguna desgracia. Solamente veo "Aquí no hay quién viva", porque es la serie más parecida a la realidad en una comunidad de vecinos. Obedezco todas las órdenes, aunque a veces no quiera hacerlo. Me cuesta decir que no, por eso muchas veces me toman como una imbécil. Detesto la telebasura, es decir, telecinco. No puedo dormir sin antes escuchar música. No soy perfecta, nadie lo es. Odio que me hablen personas a través de las redes sociales y luego me encuentran por la calle y ni siquiera me saludan. Soy muy sincera, porque la verdad hace daño, pero una mentira descubierta lo hace más. Me gusta pintarme las uñas de colores chillones. Me encantan los colores alegres y todas mis libretas están llenas de colores distintos. Siempre me busco, pero nunca me encuentro. Haga lo que haga, siempre estoy despeinada. Aprecio mucho a mi perro, porque se ha convertido en una gran parte de mi ser, ya que siempre logra sacarme una sonrisa con sus extrañas ocurrencias. Adoro a toda persona que logra sacarme una sonrisa no solo en los buenos momentos, sino también en los malos. Cuando no tengo un hombro para llorar me apoyo sobre mi almohada. Cierro los ojos y todo es perfecto y no sé cómo ni por qué cojones los vuelvo a abrir. No me gusta dormir. Me cuesta muy poco madrugar. Me pone muy nerviosa el ladrido del perro de mi vecina. Me cuesta mucho confiar en alguien. Todos los días recuerdo a la misma persona. Quiero conocer a mi abuelo, que en paz descanse. Mi abuela lo es todo en mi vida y no sé lo que sería de mí sin ella. Perdí a mis amigos de la infancia; ya ni siquiera me saludan y nunca he entendido por qué se han distanciado tanto de mí. El latido de mi corazón me saca de mis casillas, sobretodo cuando se acelera. Me encanta ir de compras, pero casi nunca compro nada. Sé que nada es para siempre. También sé que existe la palabra imposible, aunque me hayan dicho que nada es imposible. No soporto que me mientan; tampoco que me describan como alguien que no soy. Suelo caer mal a primera vista, por eso me gusta que me conozcan antes de hablar mal de mí. No soy antipática, simplemente sé con quiénes debo reír y con quiénes debo permanecer seria. No me vale leer un te quiero, prefiero que me lo demuestren sin la necesidad de decírmelo. Cuando hablo con alguien, siempre tengo la manía de mirarle a los ojos. Me muerdo la lengua cuando quiero hablar y sé que no puedo. Presiono los dientes cuando algo me da mucha rabia, pero no lo puedo demostrar. Me gusta el fútbol y de pequeña practicaba mucho este deporte. Me gusta ver documentales por televisión. Detesto leer un texto con más de diez faltas de ortografía. No soporto ver una palabra que va acentuada sin tilde. Me cuesta mucho empezar a leer un libro, pero cuando empiezo me cuesta parar de leer. Descargo mucha música  todos los días. Si me encanta una canción, la escucho una y otra vez, hasta que al final la aborrezco. Me gusta arrastrar la cesta del supermercado, pero no me gusta arrastrar el carrito, ya que siempre pesa. No me gusta esperar en una cola de más de cinco personas. Cuando estoy nerviosa me entra un ataque de risa; al igual que cuando tengo miedo. He pasado noches enteras soñando, luego despierto y nunca recuerdo mis sueños. No me gusta el sonido de los mosquitos revoloteando al lado de mi oído. Me dan fobia las arañas, pero soy incapaz de matarlas. Me encanta hacer trabajos sola para el instituto, pero me da rabia que lo tenga que hacer con un compañero de clase y este no me ayude en nada. Odio el reggaeteon. Adoro el rock. Me encanta el pop. Soy muy insegura. Me hacen dudar con facilidad. Me dan miedo las noches oscuras en las que solamente se alcanza a oír el canto de los grillos. Soy zurda. Soy muy torpe con la mano derecha y con el pie de la misma también. Necesito escribir mi historia para poder recordarla. No soporto el escándalo que provoca la vajilla cuando choca contra el suelo. Me gusta el sol, sin embargo siempre busco sombra cuando él sale. Cuando empiezo a escribir me cuesta parar, siempre intento sacar más y más palabras sin llegar al final, pero, tal vez, deba de acabar ya. Mañana volveré y cuando digo mañana me refiero al próximo día que me pase por aquí. Espero que sea pronto. No sé quién soy, ni sé a dónde voy y no sé como he escrito todo esto, si ni siquiera sé como me considero. Todos los días pienso algo distinto sobre mí, todo depende del momento. Siempre varía mi manera de describirme y he llegado a la conclusión de que nunca sabré quién soy. Nadie me conoce. Porque saber mi nombre no implica conocerme.

lunes, 23 de julio de 2012

Un buen momento para reír.

Un día llegué al mundo por primera vez. Todo era alucinante. Era un bebé al que le prestaban mucha atención, al que toda la familia adoraba. Era muy pequeña, pero llenaba una gran parte de la vida de mi familia. Si yo reía, todos sonreían pasmados mirando hacia mí. Adoraban mi forma de dormir y me cuidaban para despertarme con un abrazo. Todos sentían miedo a que me cayera y sintiera dolor. Siempre que lloraba venían corriendo hacia mí intentando hacerme reír, pero nadie se daba cuenta de que era un bebé y los bebés no tienen problemas, no necesitan a nadie que les haga reír. Yo lloraba porque tenía sueño, hambre, porque se me había caído la chupa al suelo y no alcanzaba a cogerla, o porque había hecho mis necesidades en el pañal que llevaba puesto y aún no me lo habían cambiado, pero nunca lloraba porque tenía un problema. Esas situaciones no eran un problema. Si ni siquiera conocía nada de la vida. Es imposible tener problemas desde tan pequeña.

Luego pasé de ser un bebé a ser una niña. Era muy risueña y de tanto que reía me mandaban a callar, incluso se enfadaban conmigo y me decían que era una pesada. Es increíble. Siendo un bebé les encantaba que yo me pasase el día riendo y no me quitaban la mirada de encima porque les encantaba mi sonrisa reflejada en mi cara. Ahora que había crecido no podía reír tanto. Mi risa caía pesada, entonces comprendí que siendo un bebé todo es distinto; siendo un bebé me consienten todo, pero el tiempo ya había pasado y había llegado la hora de comenzar a comprender las cosas, de aprender que no en todo momento se puede reír. Debía de saber diferenciar entre los momentos de risa y los momentos de seriedad. Todo se volvió muy difícil. Yo no encontraba la diferencia y no podía evitar que se me escaparan sonrisillas tontas en todo momento. No sé como lo hacía, pero siempre encontraba motivos para reír. Siendo una niña ya no me prestaban tanta atención. Mis heridas eran las que me hacía corriendo en el parque, pero eso tampoco implicaba un problema. Para mí en esta etapa, los problemas eran aquellos momentos en los que perdía o rompía un juguete. La palabra problemas significaba romper algún objeto de mis padres y no saber construir una buena explicación; significaba tener miedo de pedir un juguete nuevo, porque tenía el baúl lleno; significaba la falta de valor cuando no me podía dormir y no era capaz de despertar a mis padres para que me leyeran un cuento. Pero ahora que he crecido me he dado cuenta de que eso tampoco eran problemas.

Después llega la adolescencia. En esta etapa es en la que me encuentro y en ella también sigo riendo, pero mi sonrisa está algo cansada. Estoy hecha un lío. Siendo un bebé podía reír sin límites; siendo niña podía reír, pero eligiendo el momento adecuado. Y ahora, siendo adolescente, ¿Cuándo puedo reír, si cada día encuentro menos motivos para hacerlo? Me duele darme cuenta de las cosas. Ya no soy un bebé, ya no soy una niña. Ahora soy adolescente, ya he vivido demasiadas experiencias, tal vez más de las que debería de haber vivido con esta edad. Mis heridas ya no son causa de las caídas en las carreras que había ganado o perdido jugando con otras niñas, ahora son heridas de verdad, de las que duelen, aquellas que se producen dentro de mi ser y dejan cicatriz. Mi meta ya no está al otro lado del parque, ahora está mucho más lejos, tanto que ni siquiera alcanzo a verla. Dicen que esta es la etapa de la tontería, la etapa en la que me rebelo contra el mundo, en la que hago las cosas sin pensar, en la que me dejo llevar por lo peor pensando que es lo que más me conviene, pero yo no me encuentro así. Estoy segura de que tengo la cabeza asentada y eso nadie lo cambiará. Puede que haya cometido errores y me haya comportado como cualquier adolescente, pero sé que no soy como ellos. Yo no soporto tener amistades de mi edad, porque todas ellas parece que no tienen cerebro, que les faltan un par de neuronas (si es que tienen alguna). Con catorce años he tenido que sentirme como una mierda pisoteada encima de una asquerosa acera; he tenido que aprender a levantarme sola. La vida me ha demostrado que no le he importado a nadie durante mucho tiempo. Recuerdo el bebé que fui y rompo a llorar deseando poder volver al pasado y quedarme encerrada en él. No quiero crecer, ya que me he dado cuenta de que eso significa saber reflexionar, saber darme cuenta de las cosas, aprender a no molestar con mi risa y saber elegir el momento adecuado para reír. Siendo grande todo son problemas y me quedaría toda la tarde aquí, anotándolos uno por uno, pero no me apetece pensar en ello ahora. Esperaré todo lo que tenga que venir y me enfrentaré a todo lo que me impida seguir. Sé que ese será un buen momento para reír, porque ante todos los problemas hay que sonreír.

viernes, 20 de julio de 2012

Necesito ver tu sonrisa, tenerte cerca y poder reír a tu lado. No puedo vivir sin ti, vuelve aquí. Cuando me levanto y veo que no estás, el cielo se me cae encima; cuando salgo a la calle y no te veo, se me quitan las ganas de vivir; cuando pasan los días y no te tengo aquí, no puedo reír. Lo eres todo para mí, por eso es tan difícil vivir sin ti. Haría lo imposible para verte sonreír, para ver tu sonrisa. Nunca imaginé llegar a quererte tanto. No estoy loca, pero esto es una locura que me está volviendo loca. Me hiciste promesas que nunca cumpliste, me hiciste reír, llorar e incluso enfadar. Me hiciste sentir diferentes sensaciones a un mismo tiempo y eso es lo que hoy extraño.

Me hace falta tu sonrisa para poder sonreír; necesito tu mirada para verlo todo claro. ¿Acaso es posible  vivir sin ti? Vivo encerrada en recuerdos, no puedo sacarte de mi mente. Cuánto más trato de olvidarte, con más fuerza te recuerdo. Lo que más me duele es pensar en que, tal vez, tú ni siquiera me recuerdes.

Eres la persona más grande de mi vida, la más grande. Eres grande, muy grande. Llevo unos días empapados en lágrimas. Me haces falta y no estás. ¿Qué puedo hacer, si todo me recuerda a ti? ¡Vuelve aquí!

jueves, 12 de julio de 2012

Dame un grito al oído.




¿Para qué continuar viviendo deprisa, buscando la suerte en la mierda que pisas?

Y de nuevo me encuentro con la misma situación. Me vuelvo a levantar de la cama y vuelvo a sentir que soy poca cosa, que estoy sola entre tanta gente, que me pisotean y me doy cuenta demasiado tarde. Una vez más, regresa esa sensación de desesperación, confusión y soledad, demasiada soledad. Los pensamientos me invaden, los recuerdos hacen que rompa a llorar y ni siquiera la música me entiende. Yo tampoco me entiendo, no sé por qué me encuentro tan desanimada, no entiendo por qué me cuesta tanto sonreír. No puedo seguir así. El tiempo pasa y todo sigue igual. No quiero ver a nadie, pero no quiero estar sola. Salgo a dar un paseo y camino despacio, sin ganas de sonreír. Sólo quiero escuchar el sonido de la música, pero por mis oídos se cuela el sonido de unas fuertes carcajadas. Parece que todo el mundo está feliz, excepto yo; la rara, la que siempre ha estorbado, la que se preocupa por el mundo y el mundo la ignora, la que sonríe cuando por dentro el dolor le parte en dos, la que se encariña demasiado rápido con las personas y luego recibe puñales por la espalda, la que se arrepiente siempre de sus jodidos errores, la que llora sin tener un hombro en el que apoyarse, la que siempre molesta, la pesada que cada día desea lo mejor para todos, la que tiene el corazón roto y aún así, sigue amando a la vida con cada uno de los pedacitos. No entiendo por qué es tan difícil ser feliz. ¿Acaso no existe la felicidad?

Sé que prometí sonreír, pero de nada me vale una sonrisa por fuera, si por dentro me destroza el dolor. No puedo soportarlo más, estoy cansada de oír "¡Qué niña más buena!" y sólo lo digan para aprovecharse de mí, para utilizarme y tirarme de nuevo. ¿Ser buena significa dejar que se aprovechen de mí? Pues ser buena comienza a cansarme, pero no quiero cambiar, no tengo por qué hacerlo. De buena soy imbécil. Imbécil, esa es la palabra que me define.

Cada día me doy cuenta de que todo el mundo me ha utilizado. He pensado en desaparecer de este retorcido mundo, pero si me voy me echarán de menos. Es increíble, nadie está a mi lado, nadie me escucha cuando necesito hablar, nadie me ha sabido apoyar, nadie ha sabido prestarme un hombro para llorar, pero si me voy me van a extrañar.¿Qué cojones pasa aquí? Estoy muy confundida, porque no pueden estar conmigo, pero tampoco sin mí. No entiendo por qué existen personas capaces de decirme "te quiero" con la boca llena de mentiras, por qué me prometen un "para siempre, amiga" y luego desaparecen para siempre, por qué me dicen "estaré aquí para ayudarte" y nunca están.

El único motivo de las pocas sonrisas que hoy he sido capaz de formar en mi boca es que sé que vendrán tiempos mejores. Nunca dejaré de luchar. He caído en momentos más profundos que este y he sido capaz de salir sin la necesidad de tener a alguien a mi lado. ¿Por qué me tengo que quedar aquí, ahora? ¿Por qué voy a dejar que el mundo me pisotee, si soy yo la que tengo que pisar en él? ¿Por qué debo quedarme debajo del mundo, si soy yo la que debe de estar encima de él? No permitiré que nada de esto ocurra. Saldré de este agujero, pisaré el mundo, superaré a este y me pondré encima de él.

No sé lo que me ha traído a escribir todo esto. Me dejo llevar por mi mente, me sumerjo en mi interior y escribo todo lo que encuentro. Todo lo que escribo es lo que siento, no sé escribir historias que no he vivido y en cada una de ellas hay un pedazo de mi alma, de mi historia, de mi tormentoso pasado, de mi revuelto presente e incluso de mi esperado futuro. Hoy no sé quién soy, no tengo ganas de hacer nada, ni siquiera de vivir. Sólo necesito escribir, escribir hasta quedarme sin manos, hasta que mi mente explote, hasta perderme entre las palabras, hasta no encontrar letras. Me he dado cuenta de que la vida es un libro y cada persona escribe el suyo. Yo escribo el mío a medida que voy viviendo. No quiero enumerar las páginas, ya que no sé cuando se acabará mi historia. En todas las páginas dibujaré una cara empapada en lágrimas y con una sonrisa formada en la boca, porque es así como he vivido; sonriendo todos los días, incluso cuando por dentro me inundaban las lágrimas.

Hoy he viajado por lo más profundo de mi interior. Me ha parecido un viaje hacia la locura, dado que ahí todo está revuelto. Todo el pasado se pelea con el presente, mientras que el futuro lucha por entrar y poco a poco lo va a lograr. He encontrado muchas curiosidades en mi interior, una de ellas es una frase que ponía "los amigos de verdad se cuentan con los dedos de una sola mano" y ha sido ahí cuando me he dado cuenta de que esa frase tiene una gran razón. A mí, incluso, me sobran los dedos de una mano para contar a mis amigos de verdad. No existe la amistad y lo digo por experiencia. Pensaba que todas las personas de mi alrededor eran maravillosas, todas tenían defectos y virtudes, pero me hicieron creer que me querían, que para esas personas yo era muy importante; creí que podía confiar en ellas y ellas en  mí, pero un día todo cambió y fue ahí cuando me dí cuenta de las cosas, cuando supe que había sido una imbécil. Me encariño demasiado rápido con las personas, entonces, ¡zas!, llega el puñal, las lágrimas, el dolor y detrás, la culpa, porque, al parecer, yo siempre soy la mala, la que tiene la culpa de todo. ¿No os habéis dado cuenta de que ni siquiera me conocen? Saber mi nombre no implica conocerme. Llegué tarde, lo sé y suelo llegar tarde a todos lados, también a sus vidas. ¿Qué puedo hacer? ¿Tengo la culpa de que el destino me haya hecho construir un nuevo comienzo? Ojalá pudieran sentirse como me he sentido yo. Ojalá pudieran pararse a pensar en como se siente una persona al saber que tiene que dejar toda una vida atrás, comenzar una vez más y sola, muy sola. Esto es muy difícil y me duele, pero nada puedo hacer, solamente luchar y tirar para delante, aunque no tenga a nadie en quien apoyarme.

Tendré catorce años, aparentaré ser una niña, pero nadie sabe lo que llevo dentro. Nadie se ha dado cuenta por lo que he pasado. Desde muy pequeña, con siete años, tuve que dejar atrás lo que más quería y conocer una nueva vida. Ni siquiera sabía en qué vida me encontraba anteriormente. ¿Cómo demonios se conocía una nueva vida con siete años? Sí, eso mismo me preguntaba yo. Con esa edad ya sabía lo que era una herida y no me refiero a las heridas que me hacía corriendo en el parque, ya que esas heridas ya las había dejado atrás. Me refiero a las heridas profundas que se producen en lo más hondo de mi ser, aquellas que dejan cicatrices. Los juguetes se cambiaron por problemas, la felicidad se convirtió en tristeza, la infancia en dolor y los amigos en recuerdos ausentes. Todo se convirtió en un pasado, pero las agujas del reloj seguían andando, así que yo debía de seguir viviendo en el presente, sin olvidar el pasado y construyendo un nuevo futuro. Todo era muy difícil y mi única compañía era la soledad. Ese fue el momento en el que maduré, en el que mi mente cambió las fantasías por realidades. Ya no soñaba con ser una princesa, sino con la felicidad.

Ahora me levanto y me encuentro con la misma mierda. Rechazos, excusas para perderme de vista y puñales, más y más puñales. Y yo, como siempre, me callo y sonrío. ¿Acaso aparento ser de hierro? ¿Acaso una sonrisa en mi rostro significa que soy feliz? No soy de hierro, soy de cristal y me he roto muchas veces, pero nadie ha visto mis cristales.

Sigo luchando por alcanzar mi sueño, el sueño de sentir que la amistad existe. Quiero sentir que le importo a alguien, que existen los amigos de verdad. Sueño con tener amigos que me sepan aceptar a mí y a mi historia. El tiempo me ha hecho ser como soy. Soy adolescente, pero con la cabeza asentada. ¿Por qué tengo que tener la mente retorcida que tienen los adolescentes? Se ríen de mí porque soy diferente, yo me río de ellos porque son todos iguales. A veces, he llegado ha estar tan harta de todos ellos y de sus estúpidas críticas, que me he planteado cambiar mi forma de pensar, pero luego me he calmado y me he preguntado "¿Por qué debo de cambiar para que me sepan aceptar?" Y es que, si fuesen mis amigos de verdad, me sabrían aceptar como soy. Quién me quiere, me acepta.

Esta historia habla de varias cosas a la vez. Está un poco revuelta y no tiene casi orden, pero es así como está mi interior; muy desordenado. No me gusta el orden, nunca he entendido por qué el uno va antes que el dos, por qué el primer día de la semana es el lunes, luego le sigue el martes y después el miércoles, así hasta que llegue el domingo. Y de nuevo el lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo. Toda una vida igual, pendientes del reloj, de los días, del tiempo. Vivimos encerrados en el tiempo, siempre pendiente de él. Y yo siempre me pregunto "¿Para qué continuar viviendo deprisa, buscando la suerte en la mierda que pisas?".



lunes, 2 de julio de 2012

Puede ser que la respuesta sea no preguntarse por qué.

¿Por qué hemos dicho "no me rendiré", pero nos hemos rendido? ¿Por qué hemos dicho "lucharé" y a la mínima nos hemos dado por vencidos? ¿Por qué hemos prometido un "para siempre" a un amigo, pero en el momento menos esperado toda esa amistad que pensábamos que iba a ser infinita desaparece? ¿Por qué la gran mayoría de nuestros sueños se han esfumado por no haber luchado lo suficiente para alcanzarlos? ¿Por qué nos han roto el corazón tantas veces y, aún así, nos hemos vuelto a enamorar? ¿Por qué hemos dicho "me olvidaré de esa persona" y no la podemos sacar de nuestra mente, pero aparentamos haberla sacado de nuestra vida? ¿Por qué andamos buscando la perfección, si sabemos que no existe? ¿Por qué es tan fácil caerse, pero tan difícil levantarse? ¿Por qué decimos "voy a pasar página", si nos gusta la que estamos leyendo? ¿Por qué decimos "no me importa lo que piensen de mí" y siempre nos enfadamos por las malas críticas sobre nosotros? ¿Por qué lloramos, si no nos gusta hacerlo? ¿Por qué pensamos que el tiempo se va muy rápido y perdemos gran parte de él intentando detenerlo? ¿Por qué nos preocupamos por nuestra imagen, si lo que importa en una persona es su interior? ¿Por qué la vida nos regala felicidad y sufrimiento al mismo tiempo? ¿Por qué la mayoría de nosotros creemos en dioses, santos y vírgenes que ni siquiera hemos visto? ¿Por qué creemos que firmar unos papeles significa un amor eterno, si sabemos que nada es para siempre, ni siquiera el amor? ¿Por qué nos quedamos pasmados delante del televisor durante toda la tarde, dejando la vida pasar y quejándonos de que el tiempo se va demasiado rápido? ¿Por qué existen leyes y normas, si a todo el mundo le gusta la libertad? ¿Por qué hay que pagar para vivir, si sabemos que la vida es un regalo y los regalos son gratis? ¿Por qué existen las clases sociales, si todos somos iguales? ¿Por qué pensamos que nada es imposible, si sabemos que existen muchas cosas que sí lo son? ¿Por qué sonreímos por fuera cuando por dentro nos invade el dolor? ¿Por qué en algunos momentos necesitamos estar solos, si nunca nos ha gustado la soledad? ¿Por qué soñamos cuándo nos quedamos dormidos? ¿Por qué es tan fácil soñar y tan difícil hacer nuestros sueños realidad? ¿Por qué nuestra mente nos dice "no te enamores de esa persona", pero nuestro corazón se acaba enamorando de ella? ¿Por qué envejecemos, si nos gusta ser jóvenes? ¿Por qué le tememos a la muerte, si no sabemos nada de ella? ¿Por qué nos gusta la infancia, pero queremos salir de ella? ¿Por qué la adolescencia hace que lleguen pensamientos incoherentes a nuestro cerebro? ¿Por qué es tan complicado dibujar una estrella con las cinco puntas iguales? ¿Por qué hemos dicho "me siento en las nubes", si nunca hemos estado en ellas? ¿Por qué le tenemos miedo a la distancia, si sabemos que ella separa cuerpos, pero no corazones? ¿Por qué compramos relojes, si detestamos el tiempo? ¿Por qué decimos "mientras encuentre una posibilidad entre mil, lucharé" y no luchamos nunca, ni siquiera cuando tenemos todas las posibilidades para conseguirlo? ¿Por qué intentamos expresar con palabras lo que sentimos, si las palabras se las lleva el viento? ¿Por qué existen tantos días soleados y, de repente comienza a llover? ¿Por qué nos cuesta tanto expresar lo que sentimos? ¿Por qué tenemos que dormir de noche y despertar de día? ¿Por qué nos sentimos tan bien cuando nos abrazan? ¿Por qué tenemos que saludar con un "hola", si lo que de verdad deseamos es ir hasta esa persona, darle un abrazo y no soltarle nunca más? ¿Por qué a veces intentamos aparentar ser alguien que no somos? ¿Por qué nos cuesta tanto justificar una respuesta? ¿Por qué no podemos olvidar nuestro pasado? ¿Por qué todo se vuelve al revés en el momento menos esperado? ¿Por qué cuesta tanto ordenar, si desordenar es muy fácil? ¿Por qué sonreímos cuando no sabemos qué decir? ¿Por qué se nos acelera el corazón cuando tenemos a esa persona especial cerca? ¿Por qué le buscamos respuesta a todas las preguntas, si sabemos que no todas la tienen?



lunes, 25 de junio de 2012

Don't you remember.


Lo increíble es cierto.

No sé donde estarás ahora, ni siquiera sé dónde estoy yo. Me siento perdida, no me conozco, no sé quién soy y todo porque no te tengo aquí. Presiento que no volverás, pero sé que siempre estarás ahí cuando te necesite. Todo ha cambiado demasiado rápido y no puedo soportarlo, aún no me creo nada de lo que está sucediendo; aún no quiero aceptar que construirás tu futuro sin mí. Parece increíble como, de repente, la vida puede acabar con miles de recuerdos en tan sólo unos minutos. Sé que nada volverá a ser lo mismo, ya que la distancia hará que nuestra amistad disminuya; que nuestras conversaciones de días enteros se conviertan en conversaciones de cinco minutos. Serán los malditos kilómetros los que se adueñarán de lo que pasamos juntos, de las sonrisas que expresamos juntos, de las lágrimas que sólo tú me supiste secar. No, no puedo creérmelo, pero es la  realidad. Te has ido de mi vida y no sé si volverás, increíble.

Aún recuerdo el día en el que apareciste en mi vida, jamás lo olvidaré. Fue todo tan perfecto, tan bonito. Tú dijiste tu nombre, entonces yo sonreí; en ese momento sentí algo especial, sentí que mis labios pronunciaban tu nombre con una voz débil y con mucho cariño; un cariño especial, el típico cariño que no sé de dónde ha salido, ya que ni siquiera te conocía. Sólo sabía tu nombre y ya sabía que significarías mucho para mí. Increíble.

Con el paso del tiempo te fuiste convirtiendo en mi vida, en la persona que confiaba sin sentir miedo, en la única persona a la que yo le sonreía en todo momento, incluso cuando no encontraba motivos para sonreír. Te convertiste en la persona con la que hablaba todos los días; siempre buscaba una excusa para hablar contigo, porque me encantaba oír tu voz; parecía de colores; era una voz preciosa y cada palabra que me dedicabas, cada palabra que salía de tu boca, era increíble.

A medida que los días pasaban, me daba cuenta de que todo se me iba de las manos. Sabía que tenía que detenerme, pero quería seguir avanzando. No me cansaba de quererte; mi aprecio por ti aumentaba cada vez más y no quise frenar, aunque sabía que todo iba a acabar. Sabía que tenerte iba a ser pasajero, pero aún así quise quererte. Increíble.

El tiempo se acababa y yo todavía te esperaba. En realidad, no te esperaba a ti; esperaba algo más de ti, pero me di cuenta de que todo lo que me dabas era todo lo que me podías ofrecer, aunque sé que siempre quisiste darme más, pero tu mente decía que no, mientras tu corazón te decía que sí y te hacías un lío, hasta que quisiste hacerle caso a tu mente, ya que si le hacías caso a tu corazón provocarías un problema. Sabíamos que solamente éramos dos opuestos, pero soñábamos una misma historia; una historia que vivíamos juntos, con un mismo destino. Increíble.

Ahora todo se ha convertido en un recuerdo. Mis ojos están desesperados y se mueven hacia ninguna dirección; van buscando tu mirada, ya que sin ella no pueden ver el sol. Aún te sigo buscando, aún no me creo que te has ido de mi lado. Te necesito aquí, aquí conmigo. Sin ti todo anda mal. Todo es muy distinto sin ti; si tú no estás no sale el sol. Sí, esto es increíble, pero cierto.






lunes, 18 de junio de 2012

Le prendí fuego a la lluvia.

Y de repente, la lluvia va cayendo cada día más fuerte sobre el mundo, el sol desaparece a la misma vez que las nubes se van oscureciendo con el paso del tiempo. Intento esquivar las gotas de lluvia, pero no paran de caer y su fuerza va aumentando, mientras que la mía disminuye, entonces es ahí cuando me alcanzan, patinan sobre mi cara, luego se van deslizando por todo mi cuerpo. Estoy empapada, siento frió y no tengo a nadie a mi lado para que me abrace; estoy sola a mitad de la nada, peleando contra el viento, jugando con la lluvia, contando las estrellas y esperando de ellas una señal de luz, de que todo se resuelva y, por fin, se haga de día; espero de las estrellas un motivo para no perder la esperanza de que salga el sol en mi vida.

Las horas pasan, pero no amanece, tampoco escampa. Mi cuerpo tiembla de frío, pero mis dientes tiemblan de miedo; miedo de que nunca llegue la solución de esta tormenta, de que no salga el sol y me tenga que quedar para siempre a oscuras, con la ropa empapada, con mi cuerpo goteando cada una de las gotas que han caído sobre mí haciéndome sentir dolor.

Cierro los ojos con la esperanza de que todo se trate de un mal sueño, pero cuando los abro me doy cuenta que nada ha cambiado, todo sigue igual de frío y revuelto. La única luz que alcanzo a ver es la de los relámpagos, el único sonido que escucho es el que ejercen los truenos, lo único que siento son las gotas de lluvia patinando a su antojo por todo mi cuerpo. Es en ese momento cuando me pongo a llorar y mis lágrimas hacen que todo empeore, ya que cada vez son más las gotas que caen sobre mí.

Mi fuerza se agota y caigo al vacío. Mis piernas se han cansado de sujetarme. Al caer, me doy cuenta de que he caído dentro de un charco de agua que se encontraba formado a centímetros de mí, así que me derrumbo por completo, ya que me doy cuenta de que no para de caer agua sobre mi vida.

Estoy tumbada en el suelo y las gotas no paran de caer. Siento dolor, porque ellas parecen puñales que se clavan sobre mí en el momento menos esperado. Ya no sabía que hacer. La vida me había apuñalado por la espalda.

Quiero rendirme, darlo todo por perdido y dejar que la lluvia se apodere de mí hasta llegar a hundirme, pero sé que tengo que luchar. Tengo la esperanza de ver la luz, porque después de cada tormenta siempre vuelve a brillar el sol, pero mi espera se hace eterna, así que me enfadé con el mundo. 

No quiero saber nada de la vida, evito pensar en el mundo y sé que con ello no voy a solucionar nada, pero es la única opción que tengo, solamente tengo la opción de olvidarme de todo y dejar que las horas pasen, sin dejar que la lluvia me llegue a hundir.

Estoy desesperada. Necesito gritar, pero no tengo voz suficiente para que se escuche mi sonido; quiero levantarme, pero no me queda fuerza para lograrlo; quiero huir de esta tormenta, pero no encuentro la salida. Ni siquiera sé por dónde he entrado.

Siento frío, soledad, tristeza, miedo, impotencia, desesperación, dolor y rabia. Parezco una imbécil incapaz de luchar y levantarme, pero sé que si me levanto volveré a caer, ya que me resbalaré sobre el suelo mojado.

Lo que más sentía era rabia, entonces los puños de mis manos se cerraron con mucha fuerza; mis dientes se presionaron y en mis ojos se formó una luz. Una luz que parecía fuego procedente de la rabia que sentía en mi interior. Con la luz de mis ojos pude contemplar que todo mi alrededor estaba más reluciente, parecía que la tormenta se había calmado, pero aún caían gotas de lluvia, aunque ya habían disminuido bastante su tamaño. Con el fuego de mi mirada pude prender fuego a la lluvia, ¡increíble! Todo aquello parecía un sueño y cerré los ojos, pero al abrirlos me di cuenta de que era la realidad, así que sonreí y entonces, amaneció por completo; el sol me saludaba por el este y brillaba como las estrellas que se despedían de mí en aquel instante; las nubes alcanzaron de nuevo su color blanco reluciente; los rayos del sol evaporaron las gotas de lluvia; el cielo volvió a estar despejado y en él solamente se veían pájaros volando en plena libertad, en dirección hacia ninguna parte, jugando a volar lo más alto posible, incluso por encima de los problemas; haciéndole cosquillas a las nubes y escondiéndose detrás de ellas, tan libres como el viento, tan felices como yo en aquel momento tan feliz, victorioso y soleado.



La única solución para mis problemas es una sonrisa, ya que llorar nunca me ha servido de nada.




viernes, 15 de junio de 2012

Un sueño dentro de otro.

Me he parado a pensar en el mundo que me rodea y me he dado cuenta de que todos los días vivo dentro del tiempo, pendiente del reloj; vivo escuchando ese continuo "tic-tac" que me indica que los segundos avanzan, que la vida pasa y no se puede detener ni un instante. Vivo con el tiempo pegado al cuerpo; por las mañanas me despierto con prisa, con miedo a que se me haga tarde, corriendo por toda mi casa como si de unas olimpiadas se tratase y siempre se me hace tarde, porque se me olvida mirar el reloj, se me olvida girar la cabeza y observar las agujas que, mientras se mueven, construyen mi destino. Se me hace tarde y tengo que dejar mi casa del revés, con todo tirado; el pijama encima de mi cama deshecha, la loza del desayuno sin fregar en la cocina que permanece sin recoger y el despertador tirado en el suelo de mi desordenada habitación.

Salgo de mi casa y, al mismo tiempo que el viento choca contra mi cara, mis pulmones respiran el aliento del amanecer; mis ojos permanecen cerrados, intentando dejar mi mente en blanco; mi cuerpo se detiene en el tiempo y, de repente, recuerdo que se me hace tarde, así que comienzo a caminar a un paso ligero, pero, en un instante, me vuelvo a perder en el tiempo; escucho el sonido de los pájaros que me transmiten tranquilidad, los gritos dulces del viento, el sonido de las nubes al rozar con el sol que, poco a poco, va despertando, iluminándose y creciendo por el este. Parece que llego a tocar el cielo con la punta de los dedos y todo gracias a los sonidos de la naturaleza. "Naturaleza", ¿qué demonios quiere decir esa palabra? Tal vez, la naturaleza sea todo aquello que se encuentra en un lugar que me lleva a un mundo distinto; un mundo de otro color, en otra dimensión, en el que no se escucha el reloj; un mundo en el que no existen las prisas, en el que me despierto con el canto de los pájaros y no con el ruidoso pitido del despertador. 

Sí, existen miles de palabras maravillosas para describir a la naturaleza, pero no tenía tiempo de seguir pensando en el tema, ya que recordé que se me hacía tarde para llegar a ninguna parte. No sabía hacia dónde caminaba exactamente, no sabía la hora exacta a la que tenía que llegar, pero corría por el simple hecho de hacer lo mismo que todas las personas, es decir, vivir de prisa y perdiendo el tiempo mientras intento detener a este mismo.

No entendía nada y, por muchas vueltas que le daba a mi cabeza, no encontraba ningún motivo para vivir con el reloj en la mano, corriendo y sintiendo miedo por llegar tarde a un lugar que ni siquiera sé dónde está ubicado, ni siquiera sé la hora exacta a la que tengo que llegar; pero seguía corriendo, sin detenerme.

El tiempo seguía pasando y todo seguía igual, nada había cambiado; yo seguía corriendo y pendiente del reloj, pero nunca llegaba a un destino exacto y mi cuerpo se encontraba sin fuerza, mis piernas sentían un ligero cosquilleo, un intenso dolor, un cansancio mortal. Mi garganta estaba seca y a gritos pedía un poco de agua, así que decidí parar de correr y comprar una botella de agua. Mientras la bebía, escuché el canto de los pájaros, entonces volví a entrar en el mundo de la naturaleza, el mundo que más me gustaba. Me quedé perpleja, porque comencé a ver imágenes increíbles. Aquellas imágenes eran relojes, relojes que se rompían en trozos mientras sus agujas salían disparadas hacia el infinito; eran unos grandes relojes que se acercaban a mí, pero cuando se encontraban a unos centímetros de mi cuerpo desaparecían, se deshacían y se transformaban en pájaros que rodeaban mi cabeza y bailaban al ritmo de su canto. Todo parecía increíble, al fin mi sueño se había logrado; todo era naturaleza, tranquilidad; al fin nadie vivía pendiente del tiempo; en ninguna parte se escuchaba el sonido del reloj; por fin podía vivir a mi ritmo y no al del reloj.

Yo permanecía sentada en el borde de una acera, enfrente del supermercado en el que compré la botella de agua. Permanecía allí, pasmada; parecía que se había plantado un fantasma ante mí, pero había sucedido algo mucho mejor; había sucedido un sueño que estaba intentando alcanzar desde hacía mucho tiempo, un sueño por el que luchaba mientras corría y era el de hacer desaparecer el tiempo. Lo veía como un sueño inalcanzable, pero sucedió en el momento menos esperado. Todo lo que tenía que hacer para cumplir el sueño de detener el tiempo era detenerme yo en él, ¡es increíble, pero cierto!

Comencé a reírme, porque había perdido el tiempo intentando llegar a tiempo, luchando contra él, pero viviendo pendiente del mismo. Y en el momento en el que me quise rendir fue cuando todo se hizo realidad, en el momento en el que me detuve y me olvidé del tiempo fue cuando este se detuvo y desapareció.

En el mundo que había aparecido ante mí habían muchas casas en las cuales se escuchaban el sonido de la radio, el de la televisión, el de la risa, el de las conversaciones en familia; se escuchaban sonidos muy agradables, varios sonidos distintos, menos el del reloj.

Por las mañanas, las familias se despertaban con el toque del viento contra la ventana o con el canto de los pájaros desde sus nidos, pero nunca con el pitido del despertador. 

Allí, en mi mundo hecho realidad, nadie corría, nadie sentía miedo de llegar tarde, nadie hacía una carrera por toda su casa antes de salir de esta, nadie dejaba todo tirado; ahora no existía el tiempo, pero había tiempo para todo.

Todo era tan increíble, que aún no me lo creía, pero cuando comencé a creérmelo sonó el despertador; era la hora de levantarse, correr por toda mi casa, dejar todo tirado y sentir miedo de llegar tarde.

Me dí cuenta de que todo había sido un sueño que contenía la mayor ilusión que intento alcanzar día a día. El mundo seguía igual y nada había cambiado. Todo mi alrededor seguía corriendo, viviendo todos los días el estrés de la repetitiva y cansina rutina. Todo el mundo seguía intentando aprovechar cada milésima de segundo, sin perder ni un instante.

Me derrumbé por completo y comencé a llorar mientras el sonido del "tic-tac" del reloj aumentaba dentro de mi cabeza, hasta llegar a soñar más fuerte que los latidos de mi corazón. Tuve que reconocer que es imposible vivir sin el maldito reloj, el reloj que muchas veces provoca el final de un sueño, pero la ilusión de comenzar otro. El reloj provoca el final de una historia, pero, a veces, el comienzo de otra; provoca tristezas, pero también alegrías.

El tiempo pasa y la vida se va acabando al mismo tiempo que yo voy recordando todo lo que he vivido. Nunca debo vivir de recuerdos, pero siempre debo vivir recordando todo lo que he vivido. Hoy, he decidido no perder el tiempo intentando detener al mismo, dado que sé que es imposible vivir sin un reloj a mano. El tiempo va a avanzando y me lleva entre sus brazos, enseñándome cosas nuevas día a día, haciéndome vivir historias, momentos y experiencias inolvidables. El tiempo hace que evolucione en la vida; él me ayuda a dejar una huella atrás cada día; hace que dé pasos hacia delante, que aprenda de mis errores y sobre todo, hace que mis ganas de vivir aumenten día a día, que me entren unas ganas inmensas de vivir, pero aprovechando cada segundo que el mundo me regala.

miércoles, 13 de junio de 2012

Demasiado tarde para retroceder.

Una tarde, estaba aburrida en casa y mi madre me propuso salir a dar una vuelta. Yo era una adolescente rebelde, de esas que no salen con sus padres porque sienten vergüenza, así que no acepté la respuesta y preferí quedarme en casa, mirando la televisión. Le dije a mi madre que saliese ella sola o que quedara con sus amigas, porque sabía perfectamente que yo no salía con ancianas pesadas, esa era la definición que tenía hacia mi madre. Ella no se asombró con mi respuesta, ya que está acostumbrada a escuchar mis bordes palabras hacia ella. No me dijo nada, solamente me miró con una mirada de miedo; parecía una mirada llena de dolor y tristeza. Cuando mi mirada se cruzó con la suya, pude contemplar el dolor que sentía todos los días de su vida, el sufrimiento por el cual yo le estaba haciendo pasar, entonces me paré a pensar en que, tal vez, si yo volviese a ser la niña que antes era, aquella que todos los días le decía un "te quiero, mamá", ella iba a ser más feliz. Mientras ella se preparaba para salir hacia ninguna parte, yo me dirigí a su cuarto e intenté pedirle disculpas por todo lo que le había hecho pasar, pero ella no me dejó hablar, me interrumpió desde el momento en el que escuchó mis pasos por el pasillo de mi casa.

Llegué a escuchar el sonido de su llanto, pero no quise acercarme a ella, ya que no quería verme. Me puse a llorar yo también, porque me sentía la peor persona del mundo; sentía que no valía para nada, excepto para hacer sufrir a los demás; sentí que estaba desaprovechando el tiempo, que estaba destrozando mi vida y la de mi madre. Pensé en todos los momentos de la infancia que viví con ella, los juegos a los que me enseñó a jugar, los besos que me dio cuando me desvelaba por las noches, los abrazos que me ofrecía cuando yo sentía frió, las sonrisas que me regaló sin motivos y entonces, me derrumbé por completo. Ella me enseñó a vivir, a dar los primeros pasos, ella me enseñó a crecer en la vida, me dio la mano para ayudarme a levantar cuando me caía; ella fue la única persona por la cual estoy en este mundo y se lo estoy pagando con discusiones diarias, con insultos, rebeldías y engaños. Sabía que todo tenia que cambiar, tenía que cambiar mi mentalidad cargada de ignorancia, pero no me atrevía a hacerlo. No me atrevía a pararme enfrente de mi madre, mirarla a la cara y decirle que la quiero, que es la persona más importante en mi vida; no me atrevía a pedirle perdón por todo lo el dolor que le he hecho sentir.

Escuché el golpe de la puerta, golpe que me hacía saber que mi madre había salido y yo ni siquiera sabía hacia dónde iba, no sabía si saldría sola o en compañía. Ni siquiera me dio tiempo de decirle lo que sentía en aquel momento; de decirle que necesitaba hablar con ella, porque me sentía muy arrepentida por todo lo que le había hecho vivir en mi etapa de adolescencia.

Me puse en pie y enfrente de mí encontré un espejo. Me quedé perpleja y en mi cabeza se formó un huracán. Empecé a recordar todo lo que ha vivido mi madre, todo lo que ha luchado por sacarme adelante. Ella ha intentado ayudarme a no cometer los mismos errores que ella, a no dejar que alguien decida por mí como hicieron con ella. A ella la violaron y de esa violación aparecí yo. Sé que mi madre podría haberme dejado en un contenedor de basura, ya que yo era una bastarda; yo era un bebé aparecido de la nada, un bebé sin padre. Pero, a pesar de todo, mi madre tuvo el valor de aceptarme, cuidarme y sacarme adelante ella sola, sin nadie más, porque ni siquiera su familia le ayudó. Ella fue una mujer con un pasado muy duro, fue una joven muy loca, tuvo problemas con las drogas y fue ahí cuando se quedó sola, cuando toda mi familia le abandonó, pero siempre le quedaba yo, para calmar su soledad.

Yo la quería mucho, siempre hacía lo imposible por ella, pero había algo que no me gustaba y era que no sabía nada de mi padre. Todos los días esperaba a mi padre, pero no aparecía. Hasta que llegó un momento en el que mi madre tuvo valor para decirme que yo no tenía padre, que solamente era producto de un abuso sexual y no de un profundo amor como la mayoría de los nacimientos.

A partir de ese punto fue cuando comenzó mi cambio. Fue ese punto cuando mi madre empezó a sentir dolor, a tenerme miedo y eso era lo que me hacía sentir segura, eso me hacía tener valor para seguir así, ya que sabía que la que mandaba era yo, porque ella me temía.

Comencé a llorar y las lágrimas empapaban toda mi cara. Me aparté del espejo y decidí llamar a mi madre por teléfono. Necesitaba contarle que, por fin, había decidido cambiar, abrir los ojos y darme cuenta de que una madre es lo mayor que se puede tener en la vida, pero no obtuve respuesta; su teléfono no se encontraba disponible.

Esperé un rato y la volví a llamar por teléfono, pero seguía sin disponibilidad. Estaba preocupada y no sabía que hacer, así que me senté en el salón a ver la televisión e intenté tranquilizarme. Para ello, intenté pensar en que ella estaría bien, en un lugar seguro, pero sin cobertura y por eso no conseguía ponerme en contacto con ella.

La televisión no me entretenía; no encontraba nada que me interesara de verdad, pero decidí dejar el canal de las noticias, entonces emitieron las noticias de última hora.

Hubo un incendio en un Bar de Sevilla un niño desapareció en Barcelona y una mujer había muerto debido a un suicidio en una calle desconocida de Madrid. Una mujer, un suicidio y en Madrid. Por mi mente se pasó la idea de que mi madre se había suicidado, pero no quise aceptarla. No quise aceptar que mi madre había muerto, que me había quedado sola y con la conciencia cargada, dado que yo era la única culpable de la muerte de mi madre. Efectivamente, aquella era la realidad. Fue mi madre la que se suicidó, la que prefirió acabar con su vida, antes de seguir viviendo conmigo. Mi madre se había ido y no pude despedirme de ella, no pude sentarme a su lado y decirle que iba a cambiar, que iba a volver a ser la niña que le decía un "te quiero" todos los días, la que le acompañaba a todas partes. Me quedé con las ganas de gritar palabras de cariño y no insultos; me quedé con las ganas de ese beso de buenas noches que ella me daba siempre; con las ganas de ese abrazo cuando un abrigo no era suficiente para calmar mi frío.

Era mi madre, la mujer que me había dado la vida y yo se la había quitado. Todo parecía imposible, pero era la cruda realidad, entonces me di cuenta de que el tiempo pasa demasiado rápido, no hay tiempo para retroceder. Debo pensar antes de actuar, porque puede que después sea demasiado tarde. Me di cuenta de que me había quedado sola y los últimos recuerdos que tenía de mi madre eran los momentos de discusión.

Pasé dos años sin hacer nada, aburrida en casa y sin tener a nadie que me propusiese salir a la calle. No hacía nada, excepto llorar. Quise llorar hasta quedarme sin lágrimas, hasta morirme de dolor, pero reflexioné y pensé que, alomejor, debía de seguir adelante; debía de seguir adelante intentando olvidar el pasado; olvidando todos los errores que cometí y aprendiendo de ellos. Echaba mucho de menos a mi madre, echaba de menos su sonrisa cuando me miraba, sonrisa que me motivaba para vivir. Sí, la echaba bastante de menos, pero ahora me tocaba vivir lo mismo que ella vivió: la soledad. Entonces fue ahí cuando pude darme cuenta de lo que sufrió mi madre cuando no tenía a nadie a su alrededor, me dí cuenta de que sus consejos me los daba por las malas experiencias que ella había vivido. Ella quería lo mejor para mí, pero yo me empeñé en pensar que sus consejos no me servirían de nada, en que ella solamente era una mala persona que quería destruir mi vida de la manera en la que ella lo hizo con la suya, pero todos mis pensamientos eran erróneos, porque lo único que quería mi madre era enseñarme a vivir; enseñarme a centrar la cabeza, a aprovechar el tiempo y a no destruir mi futuro de la manera en la que ella lo hizo.

Fui una estúpida, no supe valorar lo que tenía y ahora lo he perdido, pero he seguido adelante gracias a los consejos de mi madre. Ella un día me dijo que de errores se aprendía y yo, con todo esto que ha pasado, he aprendido a valorar lo que tengo. Con esto he aprendido a expresar lo que siento en el mismo momento en el que lo siento, porque puede que se acabe el tiempo y no pueda expresarlo. He aprendido que los padres siempre están ahí, en los buenos y en los malos momentos.

Los padres son las únicas personas que estarán a  tu lado cuando todo el mundo se haya ido; los que te apoyarán y te ayudarán a crecer, a madurar y a reflexionar. Los padres son los que soportarán todos tus errores y te ayudarán a aprender de ellos. Son las únicas personas que siempre te abrazarán en los meses de invierno y te abanicarán en verano. Ellos te besarán por las noches, te despertarán con una sonrisa por las mañanas. Los padres trabajarán para sacarte adelante, te darán consejos que, por muy estúpidos que puedan llegar a resultar, son consejos muy buenos, consejos que vienen de malas experiencias, así que siempre, todas las personas, debemos de seguir los consejos que nuestros padres nos dan, porque ellos solamente buscan lo mejor para sus hijos. Ellos nunca quieren molestarnos, solamente desean que sus hijos crezcan y puedan sentir un gran orgullo de sus padres; que puedan decir que gracias a sus padres han podido vivir, que los padres fueron las personas que te hicieron abrir los ojos y darte cuenta de que, a veces, es demasiado tarde para retroceder.

viernes, 8 de junio de 2012

He aprendido a aprovechar el tiempo, pero no quiero vivir pendiente del continuo "tic-tac" del reloj; simplemente, quiero disfrutar cada segundo de vida, cada momento vivido, cada sonrisa expresada. Voy a vivir como yo quiero, no dejaré que nadie se interponga en mi vida. Yo construiré mi camino y me marcaré una meta a la que llegaré, pase lo que pase, llegaré a todo lo que me proponga y no dejaré de luchar por ello. Nadie me va a frenar, nadie pondrá fin a mis pasos, ninguna amistad será capaz de cambiarme y, una vez más, digo que seré como yo quiera ser, no como los demás me piden que sea y, en este caso, quiero llegar a ser alguien en la vida, porque no quiero acabar sin estudios, no quiero tirar mi vida por borda y, en un mañana, no quiero depender de mis padres, no quiero tenerlo todo a mi alcance sin haber hecho el más mínimo esfuerzo, porque nunca me ha gustado conseguir todo lo que quiero sin antes haber luchado, además, siempre les he dicho a mis padres que no me den todo lo que quiero, que no me den nada que no merezca y así lo han hecho siempre. Yo no soy una niña que pide hoy y lo tiene mañana gracias a el esfuerzo de sus padres. Yo sé escuchar un "no" como respuesta, porque sé que hay momentos en los que debo escucharlo, pero sé que también llegará el momento de escuchar una voz en mi cabeza que me diga que "sí", entonces, será ahí cuando comience mi lucha. Mis deseos los conseguiré con mi esfuerzo y cuando los alcance sentiré una sensación de victoria, un gran orgullo de mí misma, en cambio, si me lo dan todo hecho me sentiría rara, me sentiría como una persona incapaz de luchar, una persona que se rinde sin antes haberlo intentado, por eso quiero ser lo que soy y puede que sea poca cosa, pero lucho por lo que deseo, me esfuerzo día a día para intentar superarme a mi misma, porque yo no quiero superar a nadie, no me quiero sentir superior a los demás, ya que se rumorea que todas las personas somos iguales, aunque, a veces, no sé si creerme ese rumor, porque la mayoría del mundo no se lo cree y piensa que existen las clases sociales.

Yo no soy superior a nadie, pero me quiero superar a mí misma, quiero aprender a crecer y alcanzar lo que deseo por mí misma. Nunca he sido una niña caprichosa, soy muy conformista para muchas cosas, pero demasiado exigente para otras, es decir, sé conformarme con todo lo que tengo, pero siempre encuentro la necesidad de pedir más, por eso me obligo a luchar, me exijo luchar por lo que deseo, aunque pueda ser feliz sin la necesidad de tener todo aquello que desee. Sé que es imposible tenerlo todo, pero no lo pido todo, solamente quiero lo que me merezco, quiero todo aquello que merezca la pena, quiero conseguir un mérito gracias a una lucha.

Puede que me equivoque, puede que me preocupe demasiado por mi futuro, que esté demasiada centrada en el día de mañana, que no disfrute lo suficiente del día a día, porque me paso mucho tiempo pensando en lo que será de mí en un mañana; dedico demasiado tiempo intentando construir un buen futuro. Tal vez, haya perdido tiempo preocupándome por las críticas y reconozco que siento dolor, reconozco que me llego a ofender con la menor de las críticas y, a veces, he sentido tanto dolor que me he planteado cambiar, he llegado a decir que ser la persona que soy no merece la pena. He pasado demasiadas tardes sola en casa, llorando por ser la niña que soy, recordando cada insulto que mi mente no es capaz de olvidar. He malgastado demasiado tiempo llorando por no ser igual que el resto de las personas de mi edad, pero luego me he parado a pensar en que ser rebelde con la gente que más me quiere, no estudiar, salir de fiesta, tener novio y creer que con eso lo tendré todo el día de mañana, no merece la pena, así que no quiero cambiar y agradezco tener el cerebro que tengo, porque no sabría que hacer si tuviese el cerebro de los adolescentes de mi edad, ya que no le encuentro sentido a nada de lo que se encuentra depositado dentro de él. El cerebro de un adolescente está lleno de fantasía, de ignorancia. Ese tipo de cerebro tiene los ojos demasiado cerrados y me daría miedo tener todo eso dentro de mi cabeza.

He tomado la decisión de no cambiar. No quiero volver a preocuparme por críticas sin sentido, no quiero llorar por sentir esa sensación de que me apartan del resto de la multitud. Existe la posibilidad de que sea diferente a las personas de mi edad, pero soy igual que ellas, aunque con un poco más de neuronas, con un poco más de valor para reaccionar y pensar en mi futuro, con un poco más de fuerza para no dejarme llevar, para ser la persona que yo quiera ser.

Sé que nadie me conoce, al igual que yo tampoco conozco a nadie, ya que aquí, en el mundo, nadie conoce a nadie, porque todas las personas tenemos una personalidad muy profunda, un interior que nadie conoce y, a veces, pensamos que saber el nombre de una persona implica conocerla, pero nada es así, dado que algunas personas actuamos de una manera de la que no somos, porque sentimos miedo de vivir como nosotros queremos, de expresar la personalidad que de verdad tenemos.

Lo único que puedo decir, es que siempre debemos de expresar lo que de verdad somos. No debemos de sentir miedo, ni vergüenza de ser lo que somos, porque cada uno es de una manera distinta; todas las personas tenemos nuestra forma de ser, de actuar, de pensar; todas tenemos defectos y virtudes, pero tenemos que aprender a aceptar lo que somos. Dejemos de intentar cambiar nuestra personalidad, no busquemos ser igual que alguien; aceptemos lo que somos y no lo que nunca seremos; no vivamos preocupados por lo que puedan pensar de nosotros; expresemos lo que sentimos sin miedo a recibir unos malos resultados, porque la vida sigue y no debemos de ver un mal momento como una tormenta eterna; no perdamos el tiempo llorando por haber vivido un mal pasado, porque sabemos que podemos huir del pasado, pero del tiempo no, así que aprovechemos el momento; soñemos sin límites y luchemos por alcanzar nuestros sueños; vivamos el presente e intentemos construir un futuro feliz, pero de la manera en la que nosotros queremos, no en la que el mundo decida.

martes, 5 de junio de 2012

El sueño de construir un mundo gratis.

Quiero aprender a construir un mundo y hacer que este en el que todos vivimos desaparezca, porque este mundo cada día es más injusto. En este mundo ha demasiados problemas, hay muchas personas pasando hambre, mientras que existen otras a las que le sobra la comida; hay niños deseando tener un colegio para poder estudiar, en cambio, hay otros que tienen colegio y harían lo imposible para no acudir a él. Este mundo no me gusta, yo quiero un mundo mejor; un mundo en el que todas las personas podamos llegar a ser felices, en el que no exista el dolor, en el que todas las personas podamos sonreír, quiero un mundo en el que no exista el maldito dinero, porque es él el que causa la mayoría de los problemas, por culpa del dinero llegan las guerras, las crisis, los recortes, las lágrimas, el dolor, el sufrimiento, el trabajo; por culpa del dinero hay personas que duermen encima de cartones y eso me parece muy injusto y me siento mal cuando duermo, porque sé que tengo una cama, una almohada y una manta, cuando sé que hay personas que están durmiendo encima de la acera de una calle, con la cabeza fundada en los chicles que hay pegados al suelo, tapadas con unos cartones encontrados en la basura. Nunca he entendido nada de este mundo, no entiendo por qué necesitamos billetes y monedas para poder vivir, no entiendo por qué todo se basa en el dinero, por qué las personas que no tienen dinero no pueden vivir igual que el resto del mundo que sí lo tiene. El mundo no es capaz de darse cuenta de que por culpa del dinero hay miles de personas sufriendo, sin casa, sin comida, luchando por su vida, soñando con una moneda que caiga sobre sus manos. El dinero causa robos, los robos piden una justicia, la justicia siempre es injusta, las injusticias causan conflictos y los conflictos causan problemas. Todo es una cadena que se forma por culpa del dinero, una cadena innecesaria, una cadena que se podría evitar, pero el mundo ha decidido que debe de ser así, por eso las personas lo único que pedimos es dinero, no paramos de comparar lotería con la esperanza de ganar dinero, vivimos pendientes del dinero, trabajamos para ganar dinero, todo el día andamos pendientes de las facturas, del sueldo, de los gastos, de los precios, pero no nos damos cuenta de que el dinero no lo es todo, no nos damos cuenta de que existen personas que no tienen nada, ni si quiera dinero, pero aún así pueden sonreír, aunque les cuesta hacerlo, pero sonríen y esa es la auténtica felicidad, la que se consigue sin tener nada.

Yo nunca he pensado que con dinero podría ser feliz, porque soy más feliz sin él, ya que tengo amigos, tengo familia, tengo salud, tengo comida, puedo estudiar y tengo vida, así que con esto lo tengo todo, con esto puedo ser feliz y quiero construir un mundo en el que no exista la pobreza, en el que no exista el famoso dinero, en el que todas las personas podamos tener casa, casas con luces de colores, luces que transmitan la felicidad que se siente al saber que vivir es gratis, quiero que no se trabaje, porque no hace falta el dinero, ya que en mi mundo todo será gratis, en mi mundo iremos a las tiendas y podremos salir de ellas sin la necesidad de haber sacado la cartera del bolso, en mi mundo se pagará con sonrisas, porque esa será la norma más importante, la de sonreír, dado que lo más bonito que puede haber es una sonrisa. Quiero que en mi mundo nadie sienta miedo de vivir, porque sin el dinero nadie temerá a la vida. Podremos salir a la calle siempre que queramos, no hará falta tener la cartera llena de billetes, no hará falta escuchar el sonido de las monedas saltando en el bolso.

En mi mundo, quiero que aprendamos a ser felices sin la necesidad de tener la cartera llena.


miércoles, 30 de mayo de 2012

La historia de Sol-edad.

Me llamo Soledad, y mi afición es mirar el sol, sí, has leído bien, esa es mi afición. Me encanta mirar el sol, porque él siempre me hace ver todo con claridad, es él el que me acompaña todos los días, el que se cuela por la ventana de mi cuarto y le da luz a la misma, le da luz a mi vida, por eso le aprecio tanto, porque sin él mi vida estaría demasiado oscura, todo sería de color negro y detesto ese color, porque es el color del miedo, el color que, cuando lo miro, hace que recuerde todos los malos momentos, el negro es el color de la soledad, es mi peor enemigo, es el que hace que tropiece cuando me intento levantar a mitad de la noche para ir al servicio, es el que no me deja ver, por eso no me gusta el negro, pero con el sol me puedo olvidar de ese color, aunque por las noches todo cambie, por las noches vuelve el negro y yo vuelvo a sentir miedo, a tropezarme, a sentirme sola, a recordar los malos momentos, a no poder ver nada de lo que me rodea y es ahí cuando me dirijo hacia la ventana de mi cuarto, intentando encontrar el sol por algún rincón, pero es imposible. Por las noches, estoy segura de que todo el mundo siente el mismo miedo que yo, porque sin el sol nada es lo mismo, sin el sol la vida parece una película de terror, por eso sentimos miedo de salir a la calle cuando es de noche, ya que sabemos que el cielo estará oscuro, parecerá una pesadilla sin final, todo lo veremos borroso y oscuro. Por las noches, duermo con la esperanza de despertarme por la mañana y ver el sol asomado a mi ventana, intentando entrar de nuevo a mi vida, sonriéndome, expresándome que no sienta miedo, porque él ya está aquí para protegerme, para hacerme ver todo con claridad.

Es el sol, mi mejor amigo, el que pensé que nunca me fallaría, pero estaba equivocada, porque, después de haber pasado mucho tiempo al lado de mi ventana, hoy me he despertado y no estaba ahí. No me lo podía creer e intenté encontrarlo por cualquier lugar. Me dirigí al balcón de mi casa, abrí la puerta que daba hacia la calle, miré por todas las ventanas posibles, abrí todos los armarios, los cajones, miré debajo de todas las mesas, detrás de los muebles, encendí la televisión, e incluso abrí el frigorífico y la puerta del horno de la cocina, pero nada tuvo mérito, el sol me había fallado y lo tenía que reconocer. Parecía increíble, pero era la realidad. Hasta mi mejor amigo, el amigo con el que contaba para todo, el que pensé que estaría a mi lado siempre, el que le daba luz y sentido a mi vida, me había abandonado, entonces todo se volvió oscuro, me sentía asustada y sola, escuchaba ruidos imposibles de describir, mi cuerpo temblaba esperando lo peor. Y de repente, sonó el teléfono; no sabía que hacer, mis pies temblaban demasiado y apenas me dejaban caminar, mis ojos no veían nada, todo estaba negro. Después de haber tropezado varias veces, logré llegar hasta el teléfono, entonces alcé mi mano, lo descolgué y me lo llevé al oído. No me hablaba nadie, solamente se escuchaba un sonido desagradable, parecía el sonido de la lluvia. Comencé a llorar, mis lágrimas mojaban mi cara como las gotas de lluvia mojaban mi vida en ese mismo instante, mis ojos comenzaron a verlo todo borroso como estaba mi vida ahora mismo, me sentía sola, porque así es como me había dejado el sol, sola y, también, decepcionada. Pensé que, alomejor, debía salir a la calle para animarme un poco e intentar olvidarme de todo lo que estaba ocurriendo, así que cogí un abrigo y abrí la puerta de la calle para salir de casa, pero, de repente, comenzó a llover.

Me derrumbé por completo, porque una vez más, tuve que escuchar el ruido de la lluvia. Me detuve en la entrada de mi casa y las gotas de lluvia llegaron a mojarme, pero no tenía fuerzas para entrar en casa, así que decidí vivir bajo la lluvia, sin paraguas, sin sol, con el cielo de color negro, con el miedo que sentía al verlo todo oscuro y, sobretodo, con la soledad.

A pesar de todo, nunca me dí por vencida. Luché por seguir adelante y sabía que tenía que hacerlo sin mi mejor amigo, sin el sol. Me sentía decepcionada, pero ese no era motivo para darlo todo pro perdido. Había perdido un gran amigo, pero la vida tenía que continuar, así que logré hacerlo sin el sol y aprendí que no me puedo fiar de nadie, porque en los momentos menos esperados me puedo quedar sola. Aprendí que no existe nadie capaz de estar a mi lado siempre, dándole luz a mi vida todos los días y haciendo que no sienta miedo. Nadie estará a mi lado para siempre, ni siquiera mi mejor amigo. También aprendí que siempre llegará el momento en el que la soledad sea mi única compañía, por eso he decidido que será ella mi mejor amiga, porque es la soledad lo único que voy a tener cuando no tenga a nadie a mi lado, será ella en la que me apoyaré cuando todos mis mejores amigos se hayan ido. Sé que será la soledad la que estará a mi lado en los peores momentos y sé que me hará sentir sola, pero, alomejor, estar sola es lo mejor. Y es que, nada es para siempre; las amistades, tampoco.


martes, 29 de mayo de 2012

Ya nada volverá a ser como antes.

Por pedir, pido que vuelvas a ser la niña que antes eras, aquella que tenía la cabeza centrada, la que se centraba en sus estudios y pasaba de los demás, la que no se sentía la mejor, solamente, por haber bebido alcohol, por haber ido a una fiesta, o por haber estado con miles de chicos a la vez. Por pedir, pido que todo vuelva a ser como antes, porque me da pena verte tan descentrada, pero yo no puedo hacer nada, ya que para ti yo ya no soy nadie en tu vida, así que no me preocuparé en ayudarte, dado que cada vez que lo he intentado me has insultado, me has dicho que soy la rara, la empollona, e incluso me has dicho que soy una "parada". No te voy a negar que me estás haciendo daño, porque he llegado a llorar por ti, he llegado a llorar porque siento impotencia al ver que no sé qué hacer, no sé si es mejor dejar que nuestra amistad acabe, o intentar solucionarlo todo. La primera opción es imposible, porque nuestra amistad no funcionará nunca más, ya que ahora somos totalmente diferentes, pero no he sido yo la que ha cambiado. Yo no he sido la que ha decidido dejar de lado a una amiga, la que utiliza a las personas por interés, la que ha decidido pasar de los estudios, la que se siente feliz, únicamente, por haber estado con miles de chicos a la vez. Yo no soy esa, porque yo nunca te he dejado de lado, al contrario, he sido tan tonta que he estado a tu lado siempre, incluso cuando no te lo merecías. Yo no te he utilizado, en cambio, tú si lo has hecho conmigo. Me has utilizado y luego, me has tirado como si tirases un papel a la papelera. Yo nunca he pasado de los estudios y tú lo estás haciendo, aunque no te das cuenta, pero cuando abras los ojos, tal vez, ya sea tarde para retroceder, así que tú sabrás lo que haces, yo ya me he cansado de estar detrás de ti, intentando ayudarte, dándote consejos que te entraban por un oído y te salían por el otro, me he cansado de sentirme utilizada, así que cada una por su camino, supongo que así lo quiso el destino.

Nunca olvidaré lo que viví a tu lado, porque nuestros momentos serán inolvidables, nuestros momentos se convertían en carcajadas y ahora se han convertido en unos simples recuerdos, con lágrimas, porque, cada vez que recuerdo todo lo que hemos vivido, lloro. Cada vez que me acuerdo de todo lo que superamos juntas, de la niña que antes eras, de lo que significabas para mí y de lo que yo significaba para ti, rompo a llorar, porque sé que todo esto ya no volverá y me da pena, pero las cosas siempre tienen que cambiar de lugar, así que ha llegado el momento del desorden, de cambiar las cosas de sitio, de olvidarnos la una de la otra, de romper aquella promesa que un día hicimos, la que decía "siempre, para siempre". Ha llegado la hora de ser compañeras, pero nunca amigas.

Por otra parte, cuando te digo que has cambiado dices que es mentira, pero no te das cuenta de que no soy la única que se ha dado cuenta de tu cambio. Personas que apenas te conocen han notado que ya no eres la misma. Por favor, párate a pensar y date cuenta de que ser así, no te llevará a ninguna parte, porque lo único que estás logrando es perder amistades, aunque a ti eso no te importa, dado que ahora tienes a tu amiga, la que te hizo cambiar, la amiga por la que has decido dejarme de lado, pero no te preocupes, no me importa, no necesito a alguien como tú para ser feliz, ya que tengo amistades mejores que la tuya, tengo amigas mucho mejores que tú y olvida todo eso que te dije un día, olvida el momento en el que te dije que eras la mejor amiga que se puede tener, cuando te dije siempre estaría a tu lado, cuando te dije que eras la única persona que me entendía, olvida todos los "te quiero", olvida esas sonrisas que te regalé cuando no sabía que decirte, porque tenía miedo de hablar. Olvida todo lo que hice por ti, olvida todos los trabajos del instituto que tuve que hacer sola, todos los momentos en los que te necesité y no estuviste ahí, todas las lágrimas que derramé por tu culpa. Olvídalo todo, olvídame a mí, porque yo me olvidaré de ti y así, las dos seremos felices.

Aún me cuesta creerme esta situación y, a veces, me pellizco para intentar descubrir que solamente se trata de una pesadilla, pero me he dado cuenta de que esta es la realidad, la cruda realidad. Te he perdido, porque yo lo he querido, porque sé que es lo mejor para mí. Y me has perdido, porque tú lo has querido.

lunes, 28 de mayo de 2012

Quédate conmigo.

Perdón si no supe decir que lo eras todo para mí, perdón por el dolor. Perdona cada lágrima, yo sé que no merezco más, pero si no te tengo aquí, no sé vivir. Quédate conmigo, no te vayas, perdóname si no supe amarte, amor, no era mío el corazón. Quédate conmigo, si no estás no sale el sol. Ya no hay recuerdos del ayer, sólo las horas en tu piel, amándote. Quédate conmigo, no te vayas, perdóname si no supe amarte, amor, no era mío el corazón. Quédate conmigo, si no estás no sale el sol. Y ahora que te veo marchar sé que no te voy a olvidar. 


viernes, 25 de mayo de 2012

Si se apaga, se volverá a cargar.

La solución de mis problemas es tirarme al suelo, ponerme los cascos, encender la radio, poner mi canción preferida, llorar mientras la escucho y reír mientras la canto. Puedo pasarme la tarde entera escuchando música, no me importa no hacer nada, porque la música es la única que siempre logra encontrar la solución de mis problemas, la música hace que mi cabeza imagine que todo es perfecto, entonces es ahí cuando me siento feliz y cuando pienso que todo anda bien, pero, a veces, la radio se tiene que quedar sin batería y es ahí cuando me quedo sin saber que hacer, es en ese momento cuando vuelvo a la realidad  y me doy cuenta de que todo anda mal, no encuentro ninguna solución para mis problemas e intento cantar mi canción, pero no tengo música y tampoco me queda voz para que se llegue a escuchar mi sonido, entonces me derrumbo, no sé que hacer. No tengo música, pero sigo en el suelo, sigo sola en mi habitación, sin luz, veo todo oscuro, igual que mi vida en ese momento. Escucho el silencio y es él el que me hace daño, es el silencio el que siempre me lo grita todo, el que me hace recordar los malos momentos y el que no me deja dormir, porque también hace que mi mente no se calle. Mi mente se pelea con el silencio, cada vez gritan más alto y yo no puedo aguantar tanto ruido, así que decido cerrar los ojos, apretar fuerte mis manos contra mi cabeza e intentar dormir, pero así tampoco lo consigo, porque mis manos notan unos latidos muy fuertes, unos latidos que no sé de donde salen, pero laten muy rápido. Parecen unos latidos muy nerviosos, unos latidos confusos y llenos de dolor. Sigo sin saber de donde salen esos malditos latidos, pero los sigo escuchando, sintiendo e intentando averiguar su origen y, cuando estaba a punto de rendirme, me dí cuenta de que esos latidos salían de mi corazón.

Parecía que mi corazón estaba pidiendo a gritos un poco de música, pero mi radio seguía sin batería, así que comencé a llorar y me abracé a la almohada que se encontraba asfixiada debajo de mi cabeza. Pasé horas encerrada, sola, a oscuras, sin música, peleándome con el silencio e intentando lograr que mi mente se quedara sin decir nada, pero no lo conseguí, así que pensé que, tal vez, quedarse tumbada en el suelo toda la tarde no tendría sentido, tal vez, debía levantarme sin necesidad de tener música en mis oídos. También pensé que, si no me levantaba, iba a ser imposible cargar la radio y eso significaba no poder volver a escuchar música, así que, débilmente, me levanté, me dirigí al cajón en el que guardo todos las cosas más importantes, lo abrí y al ver lo que había allí comencé a reírme, porque pude resolver todos mis problemas de golpe, me dí cuenta de que haberme quedado tumbada y haber perdido todo aquel tiempo, no había merecido la pena, porque lo único que tenía que hacer era levantarme, abrir aquel cajón y coger el cargador de la radio, para así poder volver a escuchar música.

La vida es como una radio, siempre emite los sonidos más bonitos, nuestras canciones preferidas, siempre nos hace vivir y recordar momentos preciosos, pero llega un momento en el que la batería está apunto de acabarse y la radio se apaga, entonces es ahí cuando llegan los problemas, cuando no sabemos que hacer, pero no debemos quedarnos tumbados en el suelo, no debemos rendirnos y darlo todo por perdido, lo único que tenemos que hacer es levantarnos, abrir el cajón en el que guardamos el cargador de la radio y hacer que esta recupere de nuevo su batería, de este modo podremos volver a ser felices, no desperdiciaremos más tiempo encerrados en nuestra habitación esperando a que los problemas los arrastre el viento como un trozo de papel. Lo veremos todo con claridad y si la radio se vuelve a apagar, nos levantaremos y la volveremos a cargar. Karina.

jueves, 24 de mayo de 2012

miércoles, 23 de mayo de 2012

Buscando una sonrisa, mi sonrisa.

Lo único que pido, es que todo vuelva a la normalidad, por favor. No puedo seguir así, necesito encontrar mi sonrisa, encontrar una solución y, sobretodo, luchar. Aún no entiendo nada, no sé lo que me hizo llegar a pensar en todo esto, no sé por qué estoy llorando, no sé por qué no puedo reír, no sé por qué todo está al revés. Siento miedo y estoy llorando. No puedo soportarlo más, necesito una solución, pero ese es el problema, que no la encuentro.

martes, 22 de mayo de 2012

I feel alone.

Hoy es uno de esos días en los que me siento una auténtica mierda, siento que lo único que hago es cometer errores y vivo con el miedo de volver a equivocarme una y otra vez. Hoy es cuando me ha tocado llorar, cuando he sentido que no le importo a NADIE, cuando he vuelto a caer y, otra vez, estoy sola, sin saber que hacer, sin saber que hago aquí, entre tanta gente. Sé que sobro, solamente soy un estorbo y me he dado cuenta de que aquí no pinto nada, solamente me utilizan y me vuelven a tirar, aquí siempre he sido la mala y me estoy cansando de tener que vivir la misma mierda todos los días, de tener que escuchar cosas que nunca fueron verdad, de que me definan como alguien que no soy, estoy cansada de escuchar mentiras, de tener que callarme, de intentar sonreír, de aparentar que estoy bien, estoy harta de todo y, ahora, lo que más deseo es poder desaparecer, porque sé que sin mí todo sería mucho mejor. Nadie sabe escucharme y nadie me escucha, no le importo a nadie y a mí me importa demasiada gente, saben recordarme mis errores, pero no mis méritos, saben hacerme caer, pero no me ayudan a levantar, han sabido estar conmigo en los buenos momentos, pero en los malos se han ido. ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Molestar? Pues sí, seguro que eso es lo más probable, seguro que yo solamente sé molestar, seguro que no saben como soy, porque no soy nadie, seguro que al verme se alejan de mí, porque soy la rara, la aburrida y la sosa, pero ni siquiera saben como soy, nadie lo sabe, porque nadie se ha acercado a mí para descubrir como soy realmente, nadie ha sido capaz de ver con sus propios ojos la persona que de verdad soy y no la que DICEN que soy. Me hace mucho daño saber que siempre son las mismas personas las que ni siquiera saben mi historia, pero se la inventan, las que no conocen mis derrotas y critican mis victorias, las que conocen mis errores, pero no conocen los motivos por los cuales tuve que equivocarme, siempre son las mismas personas las que hablan mal de mí, pero únicamente cuando estoy de espalda, porque cuando me doy la vuelta todo es normal, cuando me doy la vuelta todo el mundo me quiere, cuando estoy cerca es cuando me dicen que valgo mucho para todos, pero todo son mentiras, porque, desde el momento en el que me alejo, me he dado cuenta de que siempre dicen que soy la mala, la que se mete con todo el mundo, la aburrida que nunca se le ve por las fiestas, la sosa que sabe lo que es estar enamorada, pero no habla con ningún chico. Aún no entiendo por qué se tienen que meter en mi vida, si ni siquiera saben nada de ella, por qué hablan de mí sin conocerme. Saber mi nombre, no implica conocerme, así que dejen de inventarse historias, dejen de juzgarme, de meterse conmigo y de intentar hacerme daño, porque estoy MUY HARTA de aguantar, de sonreír, de sentir miedo y no poder hacer nada. Ya hace mucho tiempo que me he dado cuenta de las cosas, sé quiénes son las personas que de verdad me quieren y, la verdad, es que no son más de cinco. Sé quiénes son las personas que de verdad han estado a mi lado en todos los momentos y no solamente en los buenos, sé las personas que me han hecho sonreír cuando lo único que quería era llorar y, esas personas, son por las que he decidido luchar, porque por ellas si merece la pena intentarlo, ellas son las personas que no me conocen, pero tampoco se inventan mi forma de ser, esas personas son por las que daría la vida, esas personas son mis únicos amigos, los demás son compañeros, o tal vez, enemigos.

Puede que, para muchos o para pocos, yo sea una sosa, pero mis motivos tendré. Y es que prefiero ser sosa, antes de dejar que jueguen con mi corazón de la manera en la que lo están haciendo la mayoría de las chicas de mi edad. Prefiero ser una aburrida por no ir a la fiestas, antes de tener que ir a ellas y darme cuenta de la cruda realidad, de tener que ver a miles de jóvenes que no saben ni lo que hacen, porque están totalmente borrachos y, lo peor, es que así se creen que son mejores que los demás y a mí eso me da mucha pena, así que prefiero quedarme en casa y ordenar mi cuarto y, también, mi cabeza. Puede que no sea nadie, que esté sola, que no le importe a nadie, pero a pesar de todo, no cambiaré, porque la gente que me sabe querer, también sabe aceptar lo que soy.

Paso de todo, a partir de ahora seré quien yo quiera ser, no me dejaré llevar por lo que me digan, aprenderé de mis errores y seguiré adelante, pero siempre con una sonrisa. Haré mi vida, pero la haré YO y nadie más. A veces, me duele ser capaz de darme cuenta de las cosas. A veces, quiero ser la niña que un día fui, la niña que solamente quería jugar, la que pensaba que la amistad existía, la niña que el único dolor que sentía era el de la herida que se había hecho corriendo en el parque. No quiero crecer y tengo miedo de hacerlo, porque el tiempo me hace ver la realidad y, la verdad, es que prefiero no saber nada de ella, ya que cada vez que conozco algo más de ella, siempre sufro y no quiero sufrir, solamente quiero sonreír e intentar ser feliz con lo que soy y no con lo que nunca fui.